2012: El PRD y el DF

Son varios los peligros que enfrenta la hegemonía perredista de casi 14 años en la capital.

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

En la ecuación para decidir cómo participa en los comicios presidenciales del año entrante, el Partido de la Revolución Democrática no puede dejar fuera la necesidad de conservar el que ha sido su principal baluarte desde 1997: el Distrito Federal.

El PRD —aunque también el PAN— ha perdido gradualmente presencia electoral en diferentes zonas de la capital, en contraste con lo que ha venido haciendo el PRI, que ha crecido de manera sostenida, al punto de ser ya la segunda fuerza en siete de las 16 delegaciones.

En menos de un año, el perredismo dejó ir dos de las cinco entidades federativas que gobernaba: Zacatecas y Baja California Sur. Y a menos de que en su contabilidad anote las gubernaturas de Chiapas, Oaxaca, Puebla y Sinaloa —ganadas por amplias coaliciones electorales—, el PRD se ha quedado por lo pronto sólo con Michoacán, Guerrero y el DF.

Son varios los peligros que enfrenta la hegemonía perredista de casi 14 años en la capital.

Si en algún lugar del país se siente con fuerza la división en las filas del partido es precisamente aquí. En el DF se asientan las principales corrientes que disputan el control del PRD a Nueva Izquierda, tribu comúnmente conocida como Los Chuchos. Fue aquí donde se gestó el movimiento para obligar a Jesús Ortega a adelantar siete meses su salida de la presidencia del partido, maniobra que culminó con la conquista, por parte de Izquierda Democrática Nacional, de la secretaría general.

Por si fuera poco, las dos figuras que aspiran a representar a la izquierda en la boleta electoral de 2012 consolidaron sus respectivas carreras políticas en la capital.

Tanto Marcelo Ebrard, como su antecesor en la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, tienen importantes bases de apoyo en la Ciudad de México, y echarán mano de ellas a la hora de apretar en busca de la candidatura presidencial.

Mientras la corriente de Los Chuchos —que por ahora retuvo el principal cargo en el PRD— se inclina por Ebrard, sus enemigos internos apoyan abiertamente a López Obrador.

En ese panorama, sólo una negociación que imposibilitara la presencia de ambos políticos en la boleta impediría que el fuego amigo fuera el signo de la próxima campaña electoral perredista y se fortaleciera el riesgo de perder el DF.

Decía que ese enfrentamiento se exacerba en la capital, donde hay una larga lista de tiradores para ser el próximo jefe de Gobierno por parte de la izquierda, que no sólo comprende al PRD sino también al Partido del Trabajo y a Convergencia.

En ella puede uno encontrar lo mismo a los lopezobradoristas Ricardo Monreal, Martí Batres y Porfirio Muñoz Ledo, que a los ebrardistas Alejandra Barrales, Miguel Ángel Mancera y Mario Delgado, que a Carlos Navarrete, principal ariete de Los Chuchos.

La construcción de una candidatura única para la Jefatura de Gobierno podría resultar tan complicada o más que la de la candidatura presidencial. Imaginar un escenario en que la izquierda tuviera que realizar una elección interna para postular a un solo candidato —como la que disputaron Ebrard y Ortega, en diciembre de 2005— parece imposible sin un gran conflicto de por medio.

También parece una misión imposible mantener el bastión del DF sin encontrar la manera de postular un solo candidato a jefe de Gobierno. No olvidemos que del total de votos que obtuvo la izquierda en la capital en 2009, casi una tercera parte fue a favor del Partido del Trabajo.

Aun así, todo lo anterior depende de lo hagan bien o mal Ebrard, López Obrador, los aspirantes al cargo, el PRD y el resto de la izquierda.

Sin embargo, hay mucho que ya no está en sus manos. El PRI no está precisamente cruzado de brazos. Aspira a ganar el DF, que perdió en el lejano 1997, cuando el perredista Cuauhtémoc Cárdenas apabulló a sus contrincantes Alfredo del Mazo y Carlos Castillo Peraza.

Los priístas han pasado años tratando de recuperarse de aquel golpe. Todavía no lo logran del todo. De aquel 25% que obtuvo Del Mazo, la votación del PRI descendió hasta un escandaloso 12% en 2003, porcentaje que se repitió en 2006. Pero con todo y la desastrosa campaña electoral presidencial de Roberto Madrazo, los priistas ya estaban en camino de la recuperación en varias partes de la ciudad y no han parado desde entonces.

En 2009, su votación global en el DF rebasó el 16 por ciento.

En algunas delegaciones, la mejoría ha sido mayor. En las elecciones de hace dos años, el PRI se convirtió en segunda fuerza en Benito Juárez, Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Tláhuac, Iztacalco y Xochilmilco, además de Milpa Alta, donde ya lo era. En esa misma elección, logró ser segunda fuerza en 15 de los 40 distritos locales de la capital.

En la delegación Gustavo A. Madero, el PRI subió su votación en 22 mil votos entre 2003 y 2009, y pasó de 11.72% de los sufragios a 17.59%, aunque ahí siga en tercer lugar. En Benito Juárez pasó de 11.64% a 16.5% en el mismo lapso. Y en Cuauhtémoc, de 12.29% a 20.37%.

Lo interesante es que la recuperación del PRI en la capital no parece tener que ver con la vieja estructura corporativa del partido, que fue adoptada en buena medida por el PRD. El voto tricolor parece estar subiendo sobre todo gracias a las expectativas fallidas de los ciudadanos que habían confiado en el PRD y el PAN.

En 2003, el PAN cosechó 760 mil votos en la elección federal celebrada en el DF, casi 145 mil más de los que obtuvo en 2009. En tanto, la votación del PRD se redujo, en el mismo lapso, de 1.2 millones a 754 mil. La del PRI, en cambio, subió de 346 mil a 486 mil.

Todo esto ha ocurrido sin que el PRI haya tenido, hasta ahora, una estrategia coherente y unificada de recuperación. Desde hace varios años el PRI defeño ha tenido dos grandes bloques, los encabezados por el actual diputado federal Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, heredero del imperio pepenador de su padre, y la senadora María de los Ángeles Moreno, una veterana política que ha sido legisladora en varias ocasiones, así como líder nacional del PRI y secretaria de Estado. 

Sin embargo, estos liderazgos parecen quedarle chicos al partido, que desde hace un largo tiempo ha tenido que ser dirigido en el DF por un delegado nombrado por el Comité Ejecutivo Nacional.

Ante los resultados de las encuestas, que indican que en 2012 podría darse una disputa cerrada entre el PRI y el PRD en la capital, el dirigente nacional del tricolor, Humberto Moreira, ha puesto en marcha un plan para disputarle la hegemonía a la izquierda en el Distrito Federal, justo en momentos en que la ola roja priista amenaza con arrasar a los opositores en el vecino Estado de México.

Una “tercera vía” que trascienda los conflictos de las dos principales corrientes priistas en la ciudad, así como la búsqueda de un candidato a jefe de Gobierno competitivo están entre las prioridades de Moreira, quien ha decidido hacer algo más que ver cómo crecen las animosidades en el PRD.

En ese partido, mientras tanto, el virtual rechazo a la alianza con el PAN en el Estado de México parece estar configurando un panorama en el que Ebrard admitiría tarde o temprano la delantera de López Obrador en la contienda presidencial a cambio de incidir en la designación del candidato a sucederlo. El enésimo destape del jefe de Gobierno no da la impresión de ser otra cosa que el encarecimiento de la negociación.

Si Los Chuchos entran en dicha ecuación, podríamos estar hablando de un acuerdo tripartito que ayudaría mucho a conseguir la permanencia del PRD en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento por otros seis años: AMLO en la boleta presidencial, Navarrete para jefe de Gobierno y Ebrard con pase automático al Senado y una aspiración para 2018.

No precisamente un todos contentos, pero sí el único pacto posible para evitar que el partido zozobre definitivamente.

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