Pasividad social (II)
Las prácticas monopólicas son las que más dañan al consumidor.

David Páramo
Padre del análisis superior
Una de las caras más siniestras de la pasividad social es la de los consumidores. A pesar del gran esfuerzo que implica para todas las familias generar recursos, es lamentable la manera en la cual protegen sus recursos cuando se convierten en consumidores.
Una de las grandes muestras de la incompetencia de la economía es que los consumidores tengan que conformarse con lo que ofrecen proveedores de bienes y servicios; aceptar las “políticas de la empresa” que muchas veces están por encima de la ley, así como no tener mecanismos adecuados para establecer sus quejas o hacer valer sus derechos.
Entre las prácticas más viciadas están los contratos de adhesión, puesto que el consumidor tiene dos opciones: Acepta las condiciones o no recibe el servicio, lo cual es muy grave en sectores como la telefonía o la televisión por cable, en la cual hay poderes monopólicos.
Disfrazados del financiamiento de teléfonos, se obliga a las personas a pagos forzosos sin conocer cuál sería el precio del bien si lo adquiriera unitariamente.
Lo mismo pasa con una política instrumentada por tiendas departamentales más extendidas de violar la Ley de Protección al Consumidor obligando a los mismos a recibir devoluciones en monederos electrónicos sólo redimibles en esos mismos establecimientos y, peor aún, limitados en cuanto al tiempo.
La pasividad social o abierto desinterés de las personas que, como señalábamos ayer en esta columna, les lleva a pensar que temas que tienen que ver con su patrimonio y bienestar no les corresponden, puesto que son problemas de las grandes empresas y/o de los políticos.
El poder de uno se pierde entre el desinterés y la falta de mecanismos adecuados para hacer valer las reclamaciones. Si bien existe la Procuraduría Federal del Consumidor, la realidad es que requiere ajustar su enfoque para ser mucho más proactiva y determinada en la lucha en contra de prácticas monopólicas que, sin lugar a dudas, son lo que más dañan el patrimonio de los consumidores.
Entre los cinco ejes fundamentales de operación de la Secretaría de Economía, bajo el mando de Bruno Ferrari, está el fortalecimiento de la defensa del consumidor. Por un lado está convencido en fortalecer a la Profeco mediante un ajuste en su orientación y usar de una mejor manera los instrumentos que tiene a su alcance.
Por otra parte, Ferrari está trabajando con el Congreso de la Unión para tener una nueva Ley de Competencia. Él sí está trabajando, no como Eduardo Pérez Motta, que sólo usa la iniciativa como pretexto para esconder su soberbia e ineficiencia.
Este hombre ahora ha hecho mancuerna con Mony Sacha de Swaan para esconderse atrás de los legisladores, sacándose la responsabilidad con el lamentable discurso de decir que no pueden hacer su trabajo porque la ley es insuficiente y exigir a los legisladores que cambien las leyes de competencia y comunicaciones. El mal nacional de tirar la responsabilidad a otros. Si estos hombres no pueden o no quieren con lo que hoy tienen a la mano, pues que renuncien.
Da esperanza saber que Ferrari tiene claro que es necesario no sólo cambiar la ley de competencia sino obligar a esa comisión a que sea un instrumento adecuado para promover la competencia, una sana obsesión del secretario de Economía.
Nadie la comprende
En medio de la más grande crisis para Acapulco, el principal destino turístico de México, Gloria Guevara decidió darle la espalda a esa entidad anunciando que el Tianguis Turístico ya no se realizará ahí.
No sólo ofendió a los guerrerenses el fondo sino la forma. A muchos de los involucrados con el turismo también les hizo enojar, aun cuando fue por otras razones. La realidad es que esta mujer está generando mucho malestar.
Que no mienta
Juan Carlos Cortés, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, ha perdido la razón. Este hombre trae una cruzada personal en la cual han desaparecido los argumentos y han comenzado a campear las mentiras. Parecería que este líder de la iniciativa privada juega con una agenda personal que nada tiene que ver con el sector agropecuario sino con algunos de quienes están atrás de él.
Dudan SCJN
Tomás Milmo y los abogados de Axtel tienen miedo de la relación de por lo menos tres ministros de la SCJN con empresas de Carlos Slim. Desde hace ya muchos años, sin que nadie les haya puesto la debida atención, esta empresa ha presentado diversos recursos jurídicos por las tarifas de interconexión que les cobra Telmex-Telcel, los ministros tienen que comenzar a dar su fallo y, según parece, no quieren ir al fondo del asunto. Éste es un tema para el consejo de la judicatura.
Mapa bancario
Para los que dicen que no hay competencia en el sector bancario, sólo bastaría ver cómo se integra el mapa bancario hoy y cómo era hace un año. Las cinco principales instituciones de crédito en el país son Bancomer, Banamex, Banorte, Inbursa y, prácticamente empatados, Santander y HSBC.
Hace un año, el banco que dirige Alejandro Valenzuela estaba en el quinto lugar y el que lleva Antonio Slim era superado por los que comandan Marcos Martínez y Luis Peña. ¿Hay algún otro sector de la economía donde los cambios sean más dramáticos en las posiciones de los competidores?
CMA no vuela
Es una terrible mezcla la que se ha generado con un Gerardo Badín, quien parece que ya se enamoró de ser conciliador de CMA, con los líderes de ASSA y ASPA, puesto que siguen mintiendo con eso de que la línea aérea va a regresar a volar.