Por fin terminé “el proceso de Cristo”

Hace seis años publiqué, por primera vez en Excélsior, un artículo sobre el proceso penal más famoso de la historia: el de Jesús de Nazareth. Lo hice suponiendo que en esos días feriados de Semana Santa no había muchos temas que abordar y que los lectores tampoco ...

Hace seis años publiqué, por primera vez en Excélsior, un artículo sobre el proceso penal más famoso de la historia: el de Jesús de Nazareth. Lo hice suponiendo que en esos días feriados de Semana Santa no había muchos temas que abordar y que los lectores tampoco estaban en la mejor disposición de sumergirse en una reflexión profunda sobre política o sobre filosofía.

A partir de entonces me apliqué al estudio del proceso de Cristo. Quisiera subrayar que tan sólo desde sus aspectos jurídicos y no en cuanto a su contenido religioso. Ya de suyo, me parece que el aspecto legal es por demás importante en tratándose de lo que ha representado para la humanidad. Este proceso es, por mucho, el proceso penal más importante y más famoso de la historia.

Por eso considero que es imprescindible su conocimiento para cualquier abogado del planeta. Para aquellos que no creen en la religión de Jesús podrá no ser importante y no pasará de ser considerado como una creación literaria o fantasiosa. Pero, aun para ellos, no puede pasar por alto su fama. Por eso, digo, ningún abogado puede, por pudor cultural, ignorar el nombre de Poncio Pilato, la participación de Caifás o la traición de Judas Iscariote.

Es por eso que, durante esos años, me comprometí con una investigación más de fondo, para su publicación. Estuve a cargo de un pequeño equipo de personas que, casi todas ellas de colaboración gratuita, se dedicaron a la profundización de este notable suceso, hoy editado por Porrúa.

Es esta una investigación que tiene que ver no solamente con los hechos acontecidos durante las 12 o 15 horas que transcurrieron desde la aprehensión en Gethsemaní, la noche de aquel jueves, hasta la crucifixión en el Gólgota, al mediodía siguiente, sino, también, con el entorno de lo político, lo jurídico y lo social que acontecía en aquellos días. El estudio de las instituciones, así como de las costumbres romanas y judías de hace dos mil años llevó a mis colaboradores hasta la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en Washington, a los archivos históricos en Roma y la investigación de campo en Jerusalem.

Aquí aprovecho para destacar un agradecimiento muy especial. Cuando se acercaba la terminación de la escritura de este libro, me pareció de la mayor importancia, literaria y personal, el contar con la participación prologal de un alto ministro de la Iglesia católica. No me quedaba duda de su nombre. Tendría que ser Norberto Rivera. Desde hace muchos años lo he apreciado como amigo, lo he admirado como hombre de fe y lo he respetado como importante pastor espiritual. Su prólogo es una verdadera epístola.

En los tiempos actuales, algunas comunidades se han sentido aludidas y hasta agraviadas con la evocación del martirio de Jesús de Nazareth. Por ello es oportuno aclarar que este trabajo de ninguna manera pretende exaltar animadversión alguna en contra de cualquier grupo humano.

Estoy convencido de que debemos esforzarnos por todo lo que signifique reconciliación, pero no por ello podemos pretender cándidamente que el drama de La Pasión se borre de la mente y de la creencia de mil 500 millones de seres humanos que, cada año en las fechas conmemorativas, se conduelen del sacrificio y de la muerte transitoria de su dios. Más aún, que en esos terribles sucesos, que en su conjunto se denominan La Pasión, está basada la piedra angular de su religión. 

Son millones las personas que están convencidas de que ese martirio logró para ellos el perdón, la redención, la salvación, la verdad y la vida eterna. Pedirles o siquiera insinuarles que lo olviden, que lo desestimen o que lo minimicen es invitarlos a creer que su salvación fue una farsa y que su redentor fue un charlot. Por eso, en el terreno de lo político no seamos ingenuos. Por lo menos en los próximos cinco o diez mil años los cristianos no le quitarán ni una sola coma al drama de La Pasión.

        *Político y abogado. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

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