Un ejecutado en cada hijo te dio

Con gobiernos divididos federal, estatal y municipal en la lucha contra el narco; sin liderazgo nacional, y bajo la irresponsabilidad criminal de los gobernadores de Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León y Durango PRI, del de Morelos PAN y los de Guerrero y Michoacán PRD, el ...

Con gobiernos divididos —federal, estatal y municipal— en la lucha contra el narco; sin liderazgo nacional, y bajo la irresponsabilidad criminal de los gobernadores de Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León y Durango —PRI—, del de Morelos —PAN— y los de Guerrero y Michoacán —PRD—, el país entró ya en un punto de quiebre ante el baño de sangre casi generalizado. La violencia está, hoy, fuera de control.

El presidente Calderón regaña y se empecina en su estrategia, pero soslaya las marchas ciudadanas del miércoles pasado y el reclamo nacional de cambiar el rumbo a pesar de que, día a día, son más los inocentes civiles quienes caen, indefensos, bajo las balas de la criminalidad.

De nada sirvieron los foros en el Campo Marte, donde el Presidente invitó a presentar propuestas anticrimen. Ninguna de ellas fue asumida. A Eduardo Gallo lo crucificaron cuando planteó legalizar la mariguana. En Los Pinos hay labia para la diatriba, mas no oídos para la reflexión. Los foros solamente sirvieron para escuchar decir a Calderón: “Vamos ganando la batalla”. Sí, cómo no.

En Chihuahua no hay gobernador. El priista César Duarte pasará a la historia, en tiempo récord, como uno de los mandatarios estatales más ineptos. Dejó de gobernar cuando, a unos metros de su oficina, asesinaron a Marisela Escobedo, quien días antes le había pedido ayuda personalmente. “Sí, sí, ya lo veremos”, le respondió Duarte. Horas después enterraban a Marisela.

Duarte no ha podido ni siquiera detener a Sergio Barraza, asesino confeso de Rubí Marisol Frayre, hija de Marisela, y presunto autor intelectual o material de la muerte de Escobedo. Hoy, ante el vacío de autoridad en Chihuahua, los jueces que dejaron en libertad a Barraza ya huyeron, mientras su juicio político se ha suspendido. Qué vergüenza.

Ciudad Juárez se muere lentamente, mientras el presidente municipal, Héctor Murguía —otro priista—, se declara, en los hechos, incapaz de sacar a la ciudad de la lista de las más peligrosas del mundo. Miles han huido por el miedo. Diez mil empresas han cerrado. El terror. Para cubrir sus vergüenzas, Duarte se saca de la chistera la propuesta de integrar a los ninis al Servicio Militar. Muy bien. Nada más que deberá reclutar a cientos de jóvenes que ya pertenecen a los ejércitos de sicarios que tienen aterrada a la población.

Tamaulipas es otro estado fallido. A la tragedia de haber sido gobernado por Eugenio Hernández —prácticamente cedió la plaza a los cárteles de la droga—, ahora la historia negra continúa bajo el mandato de Egidio Torre Cantú, emergente tras el asesinato de su hermano Rodolfo. Y el terror: 59 cuerpos son hallados en ocho narcofosas.

Desde el inicio de su gobierno, Calderón sabía que las cosas iban mal en Tamaulipas, donde las administraciones priistas se han negado, reiteradamente, a apoyar los operativos de militares y de la Marina. Esa irresponsabilidad —ayer de Eugenio, hoy de Egidio— tiene a la entidad fuera de control.

Como en Nuevo León, donde Monterrey y sus alrededores son plazas tomadas por el narco. El mandatario Rodrigo Medina (PRI) quedó rebasado desde los primeros días de su gobierno, y el vacío de autoridad se refleja en el miedo de no salir más allá de las ocho de la noche, ante el temor de ser levantado.

Y Durango no es la excepción. Al desastre dejado por Ismael Hernández, el relevo inoperante de otro priista: Jorge Herrera. En el estado todos saben quién manda: el narco. Allí vive El Chapo. Y también la impunidad.

A Morelos lo perdieron los gobiernos panistas. Al de Sergio Estrada Cajigal, manchado por la complicidad con el narcotráfico, lo siguió la indiferencia criminal de Marco Antonio Adame. La ejecución de Juan Francisco Sicilia es sólo un eslabón más de la cadena de violencia que esclaviza a los morelenses y que ha acabado, inclusive, con su vida nocturna. Duele decirlo: Cuernavaca es plaza tomada por el narco.

Guerrero, otro estado fallido. Del gobierno comodino del perredista Zeferino Torreblanca a la continuación de la pesadilla con Ángel Aguirre (priista pintado de amarillo). Acapulco ya es otro. Un puerto con ejecuciones a cualquier hora y lugar, ante la displicencia del alcalde priista, el derrotado Manuel Añorve.

¿Y Michoacán? Con un gobierno paralelo encabezado por La Familia. Leonel propone, El Chango Méndez dispone. Y hoy podemos reconfirmar lo publicado en este espacio el pasado 15 de febrero: Nazario Moreno González está vivo, a pesar de que el vocero anticrimen del gobierno federal, Alejandro Poiré, lo dio por muerto.

Hoy, los mexicanos están en un ciclo miedo-indefensión que obligaría, en cualquier democracia del mundo, a replantear la estrategia.

Nadie le ha pedido a Calderón que deje de luchar. Sin embargo, queda claro que no se calculó la reacción del crimen organizado y sus ataques a civiles. Eso falló.

Pobre México.

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