A ritmo de samba…
Las películas animadas de los últimos años han confirmado que, más allá de efectos especiales, grandes voces y 3D, lo que más debe cuidarse en una cinta es la historia. Así lo hemos visto en las producciones Disney Pixar, Dreamworks y otras empresas productoras del ...
Las películas animadas de los últimos años han confirmado que, más allá de efectos especiales, grandes voces y 3D, lo que más debe cuidarse en una cinta es la historia.
Así lo hemos visto en las producciones Disney Pixar, Dreamworks y otras empresas productoras del cine de animación incluyendo las mexicanas que dan un peso especial al argumento y buscan interesar a los niños, sí, pero sobre todo, a los adolescentes y adultos.
Los espectadores demandamos cada vez más complejidad en las historias y hasta reflexiones filosóficas y espirituales que envuelvan a los personajes en situaciones con las que nos podamos identificar. A todos nos conmovió ese recuerdo de la infancia y las gratas memorias que evocó Toy Story 3, la película animada más taquillera de la historia. Las salas de cine en horarios nocturnos estaban a tope de jóvenes y adultos.
La empresa Blue Sky Studios y el director y guionista brasileño Carlos Saldanha vuelven con un largometraje de animación en 3D después del éxito de La Era de Hielo 1, 2 y 3. El escenario ahora no tiene que ver con los fríos escenarios de éstas sino que se ubica en Río de Janeiro, con una banda sonora muy atractiva en la que se mezclan los ritmos cariocas como la samba y el Bossa Nova con el pop y hip hop gracias al talento del maestro Sergio Mendes.
Muy en la línea de las aventuras entre amigos de La Era de Hielo, Toy Story, Buscando a Nemo y otras que han comprobado que la fórmula funciona, la historia es divertida y con moraleja incluida; está escrita por Dom Rhymer, quien se ha especializado en la televisión y también en guiones de muy olvidables comedias como Mi abuela es un peligro 1, 2 y 3 y otras para el consumo local en Estados Unidos.
Todo empieza cuando Blu, el último guacamayo azul macho, es cazado por ladrones de aves exóticas siendo un bebé en su natal selva brasileña. Tras varios tumbos va a dar a un pequeño pueblo de Minnesota, donde es rescatado por Linda, una pequeña que lo adopta y años más tarde abre una librería acompañada siempre de Blu, que se adapta por completo a la vida del cautiverio y a los prolongados inviernos de Minnesota, sin aprender nunca a volar.
Un día llega a la tienda un ornitólogo brasileño, la perfecta contraparte masculina de Linda, que le suplica que viaje con él a Río para que Blu se encuentre con Perla, el último ejemplar de guacamayo azul hembra y así se pueda continuar la especie.
Después de dudarlo mucho, Linda y Blu emprenden con él su viaje a Río, en donde se verán separados de nuevo por la presencia de los traficantes de aves y tendrán que superar muchos obstáculos para reunirse.
Río plantea una visión muy hollywoodense de la ciudad brasileña con sus colores, montañas, playas, calles, grandes edificios, ritmos, Carnaval, Corcovado y favelas que desfilan en una poco aprovechada 3D que, aunque tiene momentos buenos, pudo haber sido mucho más explotada. Aquí todo es políticamente correcto y Río de Janeiro es un sitio totalmente amable, dejando a un lado los conflictos de las favelas que presentan como alegres y cordiales vecindarios en los que la gente sólo piensa en bailar —claro, es una película para niños y no Ciudad de Dios—.
El guión tiene sus virtudes como es el juego de equilibrio de fuerzas entre los personajes masculinos y femeninos, las cuales en momentos muy afortunados de la narración toman las riendas de la acción.
Hay que destacar que en la versión en inglés los dos guacamayos tienen las voces de Jesse Eisenberg y Anne Hathaway y que, a diferencia de otras producciones que se valen de actores reconocidos para las interpretaciones en español, en la versión para nuestro país se lucieron grandes talentos del doblaje, de ésos que no tienen crédito ni cobran grandes sumas ni desfilan por las alfombras rojas cuando se atraviesan “estrellas” de nuestra televisión.
El guión, además, está adaptado muy “a la mexicana”, con buenos chistes y situaciones divertidas en lenguaje coloquial. Para algunos va a sonar a que se les pasó un poco la mano en esta intención de acercarse a nuestra cultura, pero funciona para hacer de Río todo un canto a la amistad y la libertad muy bien contado de principio a fin.
Algo queda claro: las aves no son mascotas que puedan vivir en cautiverio.
9/10.
