In Flynt we trust
Momento coyuntural elige el rey del porno Larry Flynt para anunciar la publicación de su libro One Nation Under Sex que saldrá a la luz a finales de abril en Estados Unidos y es difícil predecir la reacción que despertará en la doble moral de la sociedad estadunidense ...
Momento coyuntural elige el rey del porno Larry Flynt para anunciar la publicación de su libro One Nation Under Sex que saldrá a la luz a finales de abril en Estados Unidos y es difícil predecir la reacción que despertará en la doble moral de la sociedad estadunidense que tiene figuras de su historia a las que sencillamente no se les toca ni con el pétalo de una rosa, aunque no puedo evitar recordar la respuesta de los estadunidenses cuando se destapó el escándalo entre Bill Clinton y Monica Lewinsky ya que más que su infidelidad dentro de la Casa Blanca, lo que le achacaron fue el haberlo negado. El mensaje fue “que se acueste con quien quiera mientras la economía siga estable”.
Según los boletines de prensa, el libro habla de la vida sexual de algunos presidentes de EU y afirma que “Abraham Lincoln compartía cama con hombres y mujeres y que Benjamin Franklin —uno de los padres de la Patria— ayudó a su país seduciendo francesas”.
Tengo que admitir que mi percepción de la figura de Lincoln se ve muy sesgada por la imponente recreación que de él hace Henry Fonda en la película El joven señor Lincoln, dirigida por John Ford en 1939. Registrado por la historia como un hombre de gran pureza, noble corazón, bondadoso, carismático, casi etéreo, tenemos de Lincoln la idea de un buen marido, hijo y padre; extraordinario estadista que contempla Washington desde el gigantesco monumento que lo honra, visita obligada de esa ciudad.
Con un Henry Fonda recitando discursos suave y lentamente muy en la línea de Las viñas de la ira, su siguiente colaboración con Ford, Hollywood nos vende la imagen de un hombre casi perfecto que para redondear su impecable leyenda fue asesinado siendo presidente de Estados Unidos, el clímax perfecto.
Películas como Jefferson en París, de James Ivory, que aborda la polémica en torno a la relación amorosa de Thomas Jefferson con una de sus esclavas negras con la que incluso tuvo un hijo antes de llegar a la Presidencia, presentan una imagen mucho más realista de esos líderes a los que muchas veces se separa de su condición humana, de sus debilidades, carencias, miserias, defectos, lados oscuros, etcétera, como si negarlos los desvaneciera y los hiciera inmaculados cuando lo importante es si hicieron bien o no su trabajo y punto.
Qué decir de la ventaneada que se dio del affair entre John Kennedy y Marylin Monroe que ha dado material para películas, libros, artículos, revistas, novelas, etcétera. Se dice que el poder es el mejor afrodisíaco y debe resultar muy tentador y muy fácil “echarse canas al aire” con hombres y mujeres, ¿quién les va a decir que no? Esos Padres de la Patria tuvieron una vida sexual que, según sostiene Larry Flynt, influyó de alguna forma en el curso de la historia de ese país. Nada nuevo, señor Flynt: el sexo ha sido el motor de la humanidad durante miles de años y los estadunidenses han visto ya tanto sobre el tema vía sus revista Hustler y otras publicaciones que yo creo que ya les importan poco sus revelaciones.
Hoy se estrena en EU la más reciente película de Robert Redford La conspiradora (The Conspirator) que es la historia real de Mary Elizabeth Jenkins, Mary Surrat por el nombre de su esposo, que en 1865 fue acusada de conspirar para asesinar al presidente Abraham Lincoln y encontrada culpable en un juicio lleno de irregularidades, se convirtiera en la primera mujer en morir ejecutada en la horca.
Steven Spieberg ha anunciado también desde hace tiempo su versión sobre el presidente abolicionista en un proyecto que va y viene en los encabezados de las revistas especializadas, pero parece que ahora sí es más viable habiéndose confirmado la participación de Sally Field como Mary Todd Lincoln. Se había hablado de Liam Nesson para interpretar al presidente, pero ahora el elenco se integra con Daniel Day-Lewis. Suena bien aunque lejano ahora que se hable de las aficiones del señor Lincoln.
