Vergüenza

En medio de esta desesperanza, la encuesta nacional de discriminación, está quitando vendas de los ojos

Este país no tiene voluntad para solucionar sus múltiples problemas. Por una parte, los partidos políticos, enajenados en la próxima contienda, en cuantito termina una elección, empiezan a apostar a la siguiente. Por otra, el gobierno está enfrascado en una lucha que ya nadie vislumbra victoriosa. La sociedad,  se encuentra sumida en lo que siempre ha hecho: quejarse, movilizarse y seguir en la queja, intentando incidir. El PRI, con la vergüenza terrible de los cientos de migrantes muertos en San Fernando. ¿En verdad, saben gobernar?

En medio de esta desesperanza, la encuesta nacional de discriminación está quitando vendas de los ojos. Hay respuestas sorprendentes, como que 11% de los mexicanos estarían dispuestos a vivir con una persona con preferencias sexuales diferentes a lo establecido, “en parte”.

Los intérpretes de las palabras afirman que significa “siempre y cuando esa persona homosexual o lesbiana sea de mi familia”. A saber, pero en realidad, las familias en general, a esas personas las hacen sufrir sin sentido, buscando curas, castigos, torturas, para que cambie su forma de estar en el mundo.

Tanto qué hacer y tan poca voluntad. Pero en cuanto la comunidad internacional pone un tratado enfrente, a firmarlo con bombo y platillos. Aunque no pongamos un peso para cumplir el mandato. Aunque no lo demos a conocer. Aunque sigamos en la simulación.

El esfuerzo enorme de las mujeres por participar en la toma de decisiones. El gran talento desarrollado en una biografía sustancialmente distinta a la de los hombres. La experiencia cotidiana de generar vida, esperanza, risas. Eso no vale a la hora de tomar decisiones políticas, económicas, sociales. Que lleguen los mismos que desde hace años nos tienen con la cantaleta de que, ahora sí, la gran reforma, política, laboral, energética, de comunicaciones. Y no pasa nada. Saben cómo hacer mucho ruido, bloquear al de enfrente, sacarle la vuelta para seguir en el gatopardismo.

Y, mientras, las voces de las mujeres son silenciadas. Eso no le importa a nadie, dicen. Le importa, para su conocimiento, a muchas más de las que piensan. Y cada día crece el número de quienes piensan que ellas, no por buenas, bonitas y honradas, tienen algo diferente que decir. Por su vida, por sus circunstancias, por su autonomía puesta en entredicho.

Marcela Lagarde lo afirma: No luchamos contra la violencia, trabajamos para la paz. Sí, cada día, en casi todas las casas, hay mujeres trabajando para la paz. Ese saber tejer redes de solidaridad con mujeres y hombres, ese saber detectar las posibilidades de acuerdo para caminar juntos es práctica cotidiana de ellas, no de ellos. Ese es un saber que urge tener en los puestos de toma de decisiones.

Esas palabras de las abuelas, la mía entre muchas, de que sólo triunfan las que ponen pasión y tesón a sus ideales, es una de las consignas que practicamos hace ya más de 100 años. Y sí hay desesperación porque no logramos lo que queremos, pero avanzamos, sin duda.

Y ese tesón, esa pasión por la vida buena, es lo que nos llena de energía para continuar. No cejaremos en nuestro empeño: Más mujeres decidiendo por México, es parte del inicio de solución a muchos de nuestros problemas.

        *Licenciada en pedagogía

         y especialista en estudios de género

            claschca@hotmail.com

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