¿Y la moral?

Para aquellos que ya están reincorporándose a la dura realidad comentamos hoy la película Sin límites Limitless, 2010, Estados Unidos dirigida por Neil Burger que llegó a las pantallas nacionales el pasado viernes. Burger tiene otros tres títulos como director y de lo ...

Para aquellos que ya están reincorporándose a la dura realidad comentamos hoy la película Sin límites (Limitless, 2010, Estados Unidos) dirigida por Neil Burger que llegó a las pantallas nacionales el pasado viernes. Burger tiene otros tres títulos como director y de lo que ha llegado a México destaca El Ilusionista, de 2006, que es una muy lograda ficción  ubicada en los años finales del Imperio Austro-Húngaro y que cuenta la historia de un mago (Edward Norton) que utiliza su talento para recuperar a la mujer que ha amado toda su vida y que es la prometida del príncipe Leopoldo.

La cuarta película de Burger es Sin límites  basada en la novela Dark Fields de Alan Glynn y para quien haya leído el libro podrá venir al caso la polémica de si es mejor la película o la obra original de la que no me ocuparé. La película es protagonizada por Bradley Cooper que es de esos actores emergentes guapos, un chico all american que usted puede ubicar si vio ¿Qué pasó anoche?, comedia al estilo club de Tobi de éxito impresionante en taquilla dado su escaso presupuesto y que está por estrenar —qué raro— secuela. Creo que es en Sin límites donde Cooper puede demostrar algo de talento considerando que comparte escenas con Robert De Niro que continúa en automático en su línea de proyectos intrascendentes, probablemente con un cheque interesante de por medio, pero muy por debajo del nivel a que nos tiene acostumbrados.

Ante todo, esta cinta es puro entretenimiento con buenos efectos y algunos giros imprevistos, aunque nada parece cuajar de una manera sólida. Maneja bien los efectos especiales, sobre todo en la secuencia de créditos, y durante la película  hay buenos momentos de derroche de tecnología junto con la banda sonora. Desliza como quien no quiere la cosa algunos temas dudosos relacionados hasta con la moral y los valores.

Cooper interpreta a Eddie, un hombre que al inicio de la película está parado en el borde de la azotea de un rascacielos y que cuenta en ese momento cómo su vida cambió drásticamente al dejar de ser un escritor mediocre en grave crisis para convertirse en un hombre de negocios  poderoso, con visión y respetado en el mundo de las finanzas.  Todo sucedió, según cuenta Eddie, por unas pastillas que un ex cuñado le ofreció, conocidas como NKZ 48 y aprobadas supuestamente por la FDA.

La fórmula hace que no sólo su inteligencia sino todos sus sentidos y en general su sistema nervioso se pongan a tope, con lo que se convierte en un genio financiero que además puede disfrutar al máximo de cualquier experiencia sensorial. Ese desbordamiento de sus capacidades está representado en secuencias de desdoblamiento y de espejos que ya se han visto en otras cintas. Pero claro, hay efectos colaterales y muy serios.

El mensaje implícito en Sin límites es el que llama mi atención y no voy a contarle nada que revele claves importantes de la historia. El miércoles hablamos aquí de Dinero sucio, el documental en cartelera que hace una explicación de las causas y responsables de la crisis económica de 2008.

Con sus proporciones guardadas y enormes diferencias podría decir que hay una relación entre ambas cintas. Por un lado el documental nos habla de los amos en el poder: políticos y banqueros, la mayoría gente sin escrúpulos, que como lo muestra el documental de Charles Ferguson, son capaces de cualquier cosa para lograr sus fines que no son más que más poder, más dinero y lo que éste conlleva, decisiones a nivel de altas esferas de gobierno, aviones, rascacielos, yates, drogas,  mujeres, nuevas operaciones fraudulentas y de vuelta a continuar con la espiral de un círculo vicioso sin fin.

En Sin límites la misteriosa pastilla que cae en las manos de Eddie facilita las condiciones para cometer toda clase de abusos y arbitrariedades, distantes por completo de cualquier principio de ética o de moral, los mismo atropellos que registra el documental Dinero sucio en sujetos que no han consumido ninguna droga aceleradora de la percepción o del desempeño, y que, lamentablemente, se han salido y se siguen saliendo con la suya. La línea entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto se hace casi invisible “yo no sabía que eso no se debía hacer”.

Al paso que va la tecnología en la industria farmacéutica ¿qué será de este mundo cuando una fórmula así se descubra y se comercialice lo cual puede no estar muy lejos? 7/10

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