Tradiciones

La devoción popular encontró su cauce a mediadosde la década de 1830.Comenzarona darse las representaciones de la Pasión de Cristo en distintos pueblos del Valle de México. La gente gustabade participar y observar los dramasy las comedias que se escenificaban.

Recuerdo con alegría, cuando niño, que mi padre (liberal consumado), de nombre José Crisanto, a toda la familia nos llevaba a su pueblo natal, San Miguel Chapa de Mota, Estado de México, y pasábamos un hermoso fin de semana acompañados de toda la parentela liderada por mi abuela Paz.

Celebración religiosa, tertulia, feria, carreras de caballos (parejeras), pelea de gallos, pirotecnia, todo consistía un gran espectáculo, tradición que rápido acabó al dejar la infancia.

En 1988 participé en el Gobierno del DF como responsable del capitalino en la zona oriente, en consecuencia, asistía a las tradicionales festividades de Semana Santa a los ocho Barrios de Iztapalapa, donde se escenifica la “Pasión de Cristo” desde hace 167 años. Posteriormente, fui en 1991 legislador local por Iztapalapa e Iztacalco y tuve la oportunidad de ayudar a la comunidad en el fortalecimiento de sus festividades populares, al margen de mis tareas legislativas. Tradiciones que provienen de los usos y costumbres de nuestros ancestros, de valores y principios que se heredan y que diversos segmentos de la sociedad del país, con arte y devoción, impulsan al través del tiempo y de nuestra historia.

Con el establecimiento de la primero República Federal (1824) el calendario de las fiestas cívicas se redujo a dos. El 16 de septiembre, aniversario del levantamiento de Hidalgo, y el 4 de octubre, aniversario de la promulgación de la Constitución Federal. Las fiestas religiosas nacionales serían el jueves y el viernes santos, Corpus Christi y el 12 de diciembre en honor a la Virgen de Guadalupe.

La devoción popular encontró su cauce a mediados de la década de 1830.  Comenzaron a darse las representaciones de la Pasión de Cristo en distintos pueblos del valle de México. La gente gustaba de participar y observar los dramas y las comedias que se escenificaban. Los fieles, acudían a los pueblos más cercanos a la Ciudad de México: Tacubaya, Coyoacán, San Ángel o Tacuba.

Los no muy fieles o no devotos acudían a otra clase de pasión, no la del Salvador, sino la del juego y la diversión que se permitía abiertamente en San Agustín de las Cuevas, Tlalpan. Paradisiaco lugar donde los días santos se vivían entre la penitencia del que perdía en la ruleta y el que expiaba sus pecados, apostando a los “albures” y bebiendo pulque.

En seis años consecutivos que asistí a “La Pasión de Cristo” en Iztapalapa aprendí que esta escenificación se prepara con mucha antelación. Si, los actores hacen solicitud, varios años antes de las escenificaciones futuras.

Por supuesto, el papel más solicitado —adivinó usted— es el de Jesucristo, los siguientes 20 años ya tiene hombre, rostro y nombre, el protagónico papel del Salvador.

Así, judíos, fariseos, centuriones, vírgenes, apóstoles, Judas, Pilato y Cristos convierten al Cerro de la Estrella en la Jerusalén de los primeros años de la era cristiana.

Tradición pura, ¿o no?

        *Político y abogado

            jcsanchezmagallan@hotmail.com

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