Atrapado sin salida
La magia del cine puede hacernos despertar encadenados a los tubos oxidados de un baño abandonado Saw I, no las siguientes, sentirnos encerrados en una caja de madera EnterradoSepultado, convivir durante meses únicamente con los ratones de un desván Rabia, vivir la ...
La magia del cine puede hacernos despertar encadenados a los tubos oxidados de un baño abandonado (Saw I, no las siguientes), sentirnos encerrados en una caja de madera (Enterrado-Sepultado), convivir durante meses únicamente con los ratones de un desván (Rabia), vivir la agonía de estar encarcelado durante años (Sueños de fuga), ser víctimas de un francotirador sicópata sin poder despegarnos de una cabina telefónica (Phone Boot).
Las películas cuyas historias se ubican en espacios cerrados y claustrofóbicos o que giran en torno a la soledad de un personaje del que nadie sabe lo que está viviendo más que nosotros, cuando están bien hechas, son todo un tobogán en el que las emociones suben y bajan durante un tiempo aproximado de dos horas y uno, como espectador, se ve cautivo por la riqueza de la intensa experiencia audiovisual.
Entre las diez películas nominadas al Oscar, que se entrega este domingo en Los Ángeles, destaca 127 horas, con título homónimo en inglés, dirigida por Danny Boyle que, en 2008, causara sensación con su espléndida película Quisiera ser millonario (Slumdog millionaire), que si no fuera por la crudeza que impera en la narración, entraría de lleno en la mejor tradición de la folklórica cinematografía de Bollywood.
127 horas lo tiene todo: emoción, suspenso, ritmo ágil y constante, acción, buena interpretación de James Franco que está nominado, gran fotografía y excelente edición con el toque personal de Danny Boyle por cierto no incluido en la candidatura como mejor director.
La historia es verídica y comprende un mensaje ejemplar de supervivencia y amor a la vida.
Al igual que en Enterrado, que cuenta la historia de un hombre que despierta en una caja de madera del tamaño de un ataúd y que a la vez está enterrada bajo tierra, toda la trama de la película transcurre en torno a una persona y un lugar del que nosotros, como espectadores, nos hacemos cómplices.
Se trata de la historia del montañista norteamericano Aron Ralston, que en 2003 quedó atrapado por una roca que prensó su mano derecha y que pasó cinco días en una grieta sin que nadie supiera su paradero.
La historia es impresionante, pero no se preocupe, no le voy a decir lo que sucedió ahí.
Es todo un reto sacar adelante una película en la que sólo hay un personaje y algunos críticos hablan de cierta lentitud en el manejo de la narración, pero en mi opinión la historia está contada como tiene que hacerse y no le sobra ni le falta nada.
El personaje interpretado en forma por demás convincente por James Franco fue construido en base al libro que escribió el propio Aron Ralston, Entre una roca y Hard Place, en el que relata su terrible experiencia y además en los videos que estuvo tomando de sí mismo mientras gritaba, cantaba, dormitaba, soñaba, orinaba, recordaba y lloraba en la más desgarradora soledad y completamente aislado.
Desde el principio vemos que lo caracteriza cierta arrogancia y la seguridad de no necesitar el apoyo de nadie que lo lleva a prescindir de avisar dónde va a estar, cosa que lamenta con angustia, pues ni siquiera se organizan brigadas de rescate.
La única compañera de Ralston en esas 127 horas es la amenaza de su propia muerte.
La recreación de sus estados de ánimo está muy bien lograda por medio de la actuación, pero también por el juego frenético con los primeros planos, los planos abiertos, los subjetivos, el viaje al detalle del interior de su cantimplora casi vacía o por las arterias, huesos, venas y nervios del brazo atrapado por la roca.
Con una sangre fría que por momentos pone la carne de gallina, Ralston le habla a su cámara despidiéndose de sus padres y de la vida misma aceptando la muerte, aunque nunca deja que lo abandone el coraje.
Ese es el gran mérito de la historia y de la propia película, su ánimo contagioso y el enorme realismo para recrear la crisis de un hombre que se enfrenta desesperado con sus fantasmas y recuerdos mientras lucha por vivir.
Danny Boyle, gran ausente en las nominaciones que se premian este domingo, la vuelve a hacer.
9/10.
