¿Qué es el teatro?
Los límites del teatro se han puesto en crisis. Aquellos cánones que funcionaron durante siglos para definirlo fueron claros y estrictos en sucesivas culturas. Recuerdo mis tiempos de estudiante de licenciatura, cuando atendí las clases de Luisa Josefina Hernández sobre ...
Los límites del teatro se han puesto en crisis. Aquellos cánones que funcionaron durante siglos para definirlo fueron claros y estrictos en sucesivas culturas. Recuerdo mis tiempos de estudiante de licenciatura, cuando atendí las clases de Luisa Josefina Hernández sobre teoría de los géneros: la tragedia, comedia, farsa, tragicomedia, melodrama y pieza fueron un territorio definido en buena parte de la historia de la dramaturgia. Al salir con ese paradigma a explorar lo que sucedía en los escenarios, fui descubriendo que coexistían en una sola obra las más variadas posibilidades. Día con día vi ampliarse el campo en que resultaba fuera de lugar la teoría de los géneros para aproximarme a lo que ocurría en escena, pero entender el teatro como la representación de ficciones por parte de uno o más actores, frente a un público, en un espacio y tiempo determinados, parecía incuestionable.
Hace una década, al preguntarle en una entrevista a Robert Wilson sobre lo que definía el teatro, me respondió que para que éste tuviera lugar no era necesaria la viva presencia del actor, percepción que entonces y hoy levanta controversia entre dramaturgos, directores e investigadores y pone a temblar sobre todo a los actores. El pasado mes de enero asistí a algunos de los espectáculos programados en el Under the Radar Festival que tiene lugar en Nueva York, los que presentaron en común el radical cuestionamiento de las fronteras del teatro. En una coproducción de la Volksbüne, Nottingham Playhouse y el Arts Council de Gran Bretaña, tuvo lugar la obra estrenada en 2007 en Alemania, Gob Squads Kitchen (You ve Never Had It so Good), un juego de improvisaciones con cámara de video en vivo, en torno del filme de Andy Warhol, Kitchen. Conforme los espectadores fuimos entrando a la sala, los actores nos llevaron a un paseo por el escenario, en el que vimos la cocina y otras habitaciones, las que se mantuvieron separadas, ocultas a la gradería por una pantalla blanca a manera de telón. Una vez en nuestras butacas esas habitaciones y los actores aparecerían ante nuestros ojos reproducidos en la pantalla mediante la grabación en vivo. Los actores fueron improvisando lo que pudo haber sido el filme Kitchen, e insertando aquí y allá reflexiones sobre aquellos tiempos en que Warhol revolucionó la sexualidad, las artes plásticas, el cine y la cultura, cuando “todo estaba por ocurrir”. En un momento dado una actriz salió a elegir entre el público quien hiciera su papel. Vimos al miembro de la audiencia seleccionado pasar del otro lado de la pantalla a representar a una mujer, que a su vez representaba a otra, a decir lo que supongo le dictaban a través de un apuntador. El grupo anglo-alemán Gob Squads experimentó así con un teatro mediado por la cámara, con actores en vivo que sólo ocasionalmente pudieron verse en directo, en un juego de identidades que por momentos convirtió a miembros del público en actores, y que en un sistema de signos complejo, intenso, divertido, nos llevó a cuestionarnos sobre la imposibilidad de certezas en la recuperación del pasado.
Más lejos en su desafío se aventuraron los realizadores de Bonanza, documental de la compañía teatral Berlín de Bélgica, descrito en el programa de mano como “evento único de teatro-cine”, y que exhibe la vida de un pueblo minero en Colorado, Estados Unidos, en el que de seis mil habitantes que hubo hace un siglo, sólo quedan siete distribuidos en cinco familias. En el escenario se pudo ver una maqueta a escala de las calles, árboles, farolas, autos y las cinco casas habitadas en ese lugar. Debajo de esa maqueta estaban las cinco pantallas, que correspondieron, cada una de ellas, a cada casa. La historia se fue contando a través de entrevistas, en una edición que jugó con distintas formas de sincronía entre pantalla y pantalla y el encendido y apagado de las farolas en la maqueta. En escena no apareció en ningún momento la presencia viva del actor, lo que argumentan los creadores de este espectáculo y sus fans, no impide que la experiencia sea teatro. En el arte contemporáneo los pintores abandonan el lienzo, ocupan el espacio tridimensional y reclaman su derecho a lo efímero. ¿Puede en verdad existir un teatro sin la presencia viva del actor? ¿Qué es?,
¿qué puede ser el teatro?
