Amor y otras adicciones
Con título original Love and Other Drugs y dirigida por Edward Zwick, hoy llega a las carteleras nacionales esta película muy mencionada en la entrega de los Globos de Oro, con un título en español que lleva una carga menos fuerte: De amor y otras adicciones, ...
Con título original Love and Other Drugs y dirigida por Edward Zwick, hoy llega a las carteleras nacionales esta película muy mencionada en la entrega de los Globos de Oro, con un título en español que lleva una carga menos fuerte: De amor y otras adicciones, excluyendo la palabra “drogas” para el público latinoamericano, pero conservándola para España.
Basada en las memorias de Jamie Reidy Hard Sell: The evolution of a Viagra Salesman y con una adaptación para la pantalla de Charles Randolph, Marshall Herskovitz y el propio Edward Zwick, el argumento se mueve entre la ligera comedia romántica casi chick flick que pasa a la comedia romántica adulta y luego se acerca peligrosamente al drama amoroso muy emparentado con Love Story, aunque se salva gracias al trabajo de sus intérpretes, sobre todo Anne Hathaway haciendo pareja con Jake Gyllenhaal, que le imprimen una grata frescura a la narración.
Ubicada a mediados de la década de los 90, la historia gira en torno de Jamie, Gyllenhaal, un joven de familia adinerada, mujeriego, ambicioso, aunque irresponsable, simpático y seductor que ha dejado la universidad y es despedido de una tienda de aparatos electrónicos por su tendencia a enredarse con cuanta mujer pasa por su vida. Jamie consigue trabajo como agente de ventas de los laboratorios Pfizer, en una trama paralela que pone de manifiesto la corrupción de la industria farmacéutica, los agentes de ventas y los médicos en la contaminada y perversa red de producción, distribución y venta de medicamentos y que, en efecto, se antoja que se desarrollara más, ya que la denuncia resulta tibia; pero vamos a la historia de amor.
El objetivo de Jamie es lograr altas ventas y cumplir con las metas de Pfizer en esos años 90: lograr que en el mercado Zoloft —el antidepresivo que produce ese laboratorio— supere las ventas del popular Prozac de la competencia, sin preocuparse por contraindicaciones o efectos secundarios o dependencias, la cosa es vender y ser el campeón. Para ello se acerca a un médico influyente, Hank Azaria, que adolece de una falta considerable de ética profesional.
Maggie es una joven guapa, moderna, independiente, inteligente, que conoce a Jamie en condiciones digamos irregulares, pero de inmediato entre los dos se da un atractivo sexual incontrolable e inician una relación en la que ninguno quiere compromisos ni preguntas personales ni promesas ni reproches, sólo sexo. Han sido también muy polémicos los desnudos de ambos actores y las escenas de sexo bien dirigidas por Zwick, que aprovecha la química y la comodidad que hay entre ellos —ya fueron pareja en Secreto en la montaña— y la buena recreación de Hathaway de una joven que algo oculta en esta relación que pronto se les va de las manos al presentarse un invitado inesperado: el amor.
Zwick tiene una interesante filmografía como productor y ha dirigido Diamante de sangre, Leyendas de Pasión, Valor bajo fuego, El último samurái, Glory. Sus cambios de tono en De amor y otras adicciones sí pueden resultar desconcertantes, pues no ayudan a comprender cómo es que el director y sus coguionistas quieren contarnos esta historia, pero la construcción de la relación entre la pareja protagonista está bien armada y la forma en que evolucionan tanto en lo individual como juntos mientras comparten una gozosa sexualidad es muy convincente. La puesta en escena es buena y los actores secundarios cumplen. La película es divertida y siempre entretiene, tiene buen ritmo aunque, en efecto, los giros bruscos en el tono y la temática son notorios.
Las malas prácticas de los laboratorios farmacéuticos y el tema del Parkinson son dos asuntos serios que forman parte de la columna vertebral del guión y, aunque no llegan a trivializarse, tampoco son tratados a profundidad. Las dos tramas caminan al parejo de la historia de amor, pero el único momento en que Zwick le da un peso dramático al tema del Parkinson es en la escena de la reunión de enfermos que es devastadora, pero de alguna manera define hacia a dónde va a caminar el desenlace.
Es de esas películas que nos hacen pasar un rato agradable y divertido. Salvo por esas indefiniciones en el tono y la narrativa, me parece recomendable.
Le doy un 8/10.
