Nociva, la falta de comunicación
Lo peor que puede ostentar es la falta de sinceridad o la mentira, que acaban convirtiéndose en incomunicación y engaño.
La comunicación ha sido principalmente estudiada por la sicología, la semiótica, la ingeniería, la lingüística, la retórica y la crítica literaria, pero en este artículo voy a basarme principalmente en la sociología porque a los sociólogos recientemente los estuve leyendo después de tenerlos olvidados por bastante tiempo. Vuelvo a ellos.
¿Y por qué la comunicación o la falta de ella? Porque la comunicación ha ido considerada como lo que incuestionablemente tiene un poder central en la vida política y social de los países y de las personas.
Para comunicarnos unos con otros a veces no son necesarias las palabras; basta una mirada o un gesto de rechazo, una sonrisa o una media vuelta, una carcajada aprobativa o burlona, un signo de asentimiento o de no lo sé ni me importa. Esto como parte de la vida diaria, entre amigos y enemigos, entre miembros de partidos políticos y sus rivales, entre países que sostienen las mismas ideologías y los que se han declarado la guerra.
Entre lo peor que le puede suceder a la comunicación está la demagogia, la mentira en un discurso, la exhibición, ya que de políticos hablamos, que dan por hecho lo que prometen y sabemos que no va a cumplirse. Lo peor que puede ostentar la comunicación es la falta de sinceridad o la mentira, que acaban convirtiéndose en incomunicación y engaño tanto entre personas como entre partidos políticos y entre países.
Se ha dicho que todo comportamiento de un ser viviente que influye sobre otro representa una forma de comunicación. Y esto para bien o para mal, también entre países, para las guerras o para la paz. También puede considerarse como sistema de comunicación que no requiere de sonidos ni de palabras el uso de la ropa, como el uniforme de un militar, la ropa de trabajo de un obrero o el cuello y corbata de los que tienen o quieren aparentar tener puestos más altos. Entre las mujeres, las que solamente se afanan por exhibir su cuerpo o las que además de verse bien saben lo que es el arte y la cultura. Sobre este tema la crítica, más divertida que preocupante, de Molière en 1672, cuando el estreno en el Palacio Real de París, tiempos de Luis XIV, de su comedia Les femmes savantes (Las mujeres sabias).
Todo se vale para la comunicación, menos el silencio. De tal manera es error afirmar que hay comunicación solamente cuando dos personas comparten las mismas ideas o defienden los mismos objetivos. Aunque piensen o actúen de maneras diferentes la comunicación, ya sea de manera verbal o artística, a todos llega aunque a algunos agrade y la aprueben y otros no. Lo nefasto y contra lo que hay que luchar a nivel personal y a nivel político es la censura.
Cuando personas o grupos políticos discuten entre ellos acerca de programas de gobierno totalmente opuestos comprendiendo cada uno perfectamente lo que dice el otro, pero manteniendo sus propias ideas, hay comunicación entre ellos, aunque se trate de lo que llamamos un “diálogo de sordos”.
El dibujo, la literatura, además de la prensa, la radio, la televisión y el cine también pueden difundir mensajes que son una manera de comunicación. Además en todas las culturas hay sistemas gestuales entre las personas, signos relativamente sencillos dirigidos a comunicar opiniones de aceptación o protesta, acertados o no. Y hay la comunicación de tipo prescriptivo, por ejemplo las señales de tránsito en las calles. Lo peor para la comunicación es el silencio.
En suma, la comunicación como factor esencial de integración de los sistemas sociales de los países, del Estado y de las colectividades que trabajan para una política estable. La falta de comunicación puede causar un colapso en todo sistema social.
