Lástima, Malgalito
Yo no digo que no se valga ser anticomunista. Se vale, me cae que se vale. Es perfectamente legítimo. Pero permítame acotar que es un poco ridículo serlo cuando ya no hay comunistas.
Sabido es del gusto de los chinos por las eles. De modo que al señor Liu Xaobo, flamante premio de la paz (respetar las minúsculas, por favor, Rodolfo), el término "pelele" se aplica como anillo al dedo. Aquí podría yo hacer un símil escatológico y mucho más adecuado, pero obediente al buen gusto que me caracteriza, me abstengo.
Un pelele es, según la insigne y nunca bien ponderada academia de la lengua española (seguimos en minúsculas, ¿sí, Rodolfo?), "una figura humana de paja o trapos que se suele poner en los balcones o que mantea el pueblo en las carnestolendas". Lo que la rae entiende por español nunca cesará de sorprenderme. Pero, vaya, la definición me conviene. Y sobre todo conviene al buen Liu Xaobo. Hay otras acepciones, pero, créame, esta es la más benigna. Y las más precisa, sin duda.
Nuestro Liu, en efecto, ha sido colocado de ventanas y balcones y manteado por los medios a decir basta. Este año fue designado Premio Nobel de la Paz por el parlamento noruego (minúsculas, Dolfus) que es el encargado de estos menesteres.
Quién sabe por qué Alfred Nobel no dejó que fuera el parlamento sueco (ídem), que era el de su país y al que pertenecen las instituciones que otorgan el resto de los premios que él instituyó. No debía tenerle mucha confianza. Al noruego probablemente lo conocía menos. E ignoraba a todas luces que un diputado noruego es más noble que uno mexicano, digamos, solo en la medida que un bacalao es más noble que un huachinango.
Yo no sé qué tienen en la cabeza los señores del Nobel. Es decir sí lo sé, pero hay cosas de las que no es oportuno hablar en ciertos momentos, y quién quita y usted, matutino lector, repasa estas líneas mientras desayuna. ¿De qué se trata? Al instituir su fundación el inventor de la dinamita dejó bien claro que se trataba de premiar a aquellos hombres cuya obra contribuyera al clima de paz mundial.
Y sin embargo, los actuales mequetrefes que otorgan el premio piensan en todo menos en la paz. Yo no sé los otros, es decir los que deciden química, física, medicina y economía. Es difícil juzgar ahí, si no se pertenece a los muy exclusivos círculos de especialistas. Pero los de literatura y de la paz se han convertido en una verdadera payasada, en una ignominia.
La cosa no es de ayer, pero los de este año constituyen un maridaje perfecto, que rima con abyecto: Mario Vargas Llosa y Liu Xaobo. Ahí no hay ni literatura ni paz. Hay sencillamente anticomunismo. No es cuestión de entendimiento sino de confrontación. Se trata sencillamente de demoler los regímenes de Cuba y de China, respectivamente, en lo que en esta última pudiera restar de socialismo. Es un poco como el caso de Yugoslavia, país que hicieron literalmente pedazos, aunque lo único que quedaba ahí fuera, como la Coca-Cola zero, el socialismo zero, el mero aroma de la autogestión de otrora, el vago perfume de los tiempos idos. Yo no digo que no se valga ser anticomunista. Se vale, me cae que se vale. Es perfectamente legítimo. Pero permítame acotar que es un poco ridículo serlo cuando ya no hay comunistas. O que los hay apenas. Ahí están atrincherados en Cuba y en Corea Popular. Ínsula y península. Y en el socialismo descafeinado de China y Vietnam.
Pero además de ridículo, es cobarde y pusilánime. ¿Por qué Vargas Llosa y Liu, y Guillermo Fariñas, no dicen claramente que son anticomunistas? ¿Por qué no lo dicen los miembros de la academia sueca y los bacalaos del parlamento noruego? El fariseísmo paga.
Por cierto el pobre Fariñas se quedó este año con las manos vacías. Tanta huelga de hambre, tantos hospitales y transfusiones, total para nada. Son chingaderas, de plano. Pero tranquilo, Memo. Llegará tu hora. La contrarrevolución cubana todavía no está en su punto. Pero ya mero. Paciencia.
Cuba preocupa al Pentágono, al Hexágono y al Dodecaedro. Y a la Casa Blanca. Es una islita y su socialismo se tambalea, pero al contrario de las otras islitas, no está aislada. Y su influencia sobre el subcontinente latinoamericano es grande. Muy grande. Preocupa. Y China representa mil 400 millones de personas. Más precisamente mil 400 millones de chinos. La cuarta parte de la humanidad. Y su influencia directa se ejerce sobre tres mil millones. La mitad. Por diluido que sea su socialismo, ya multiplicado por mil 400 o por tres mil, pos como que ya quita el sueño.
En todo caso, el antiguo prestigio de los Premios Nobel se ha desbarrancado y, desde hace decenios, dilapidado. Hay nóbeles de literatura que de plano: Cuatro rusos, los cuatro anticomunistas (disidentes, hay que decir): 1933, Ivan Bunin; 1958, Boris Pasternak; 1965, Mihail Sholokhov; 1970, Aleksandr Solzhenitsyn. Dos españoles, los dos franquistas: 1956, Juan Ramón Jiménez; 1977, Vicente Aleixandre. Un inglés (no sé si novelista o poeta. Creo que más bien, cuentista): 1953, Winston Churchill (¡!).
Los de la paz, no se quedan atrás (otro ripio): 1906, Theodore Roosevelt (presidente de EU); 1919, Thomas W. Wilson (presidente de EU); 1971, Willy Brandt; 1973, Henry Kissinger; 1975, Andrei Sájarov (anticomunista, perdón, disidente ruso); 1976, Betty Williams y Mairead Corrigan (agitadoras contra el IRA, detenidas meses después por clavarse la lana del premio); 1978, Mohamed Anwar al-Sadat (presidente de Egipto) y Menachem Begin (primer ministro de Israel); 1983, Lech Walesa (figura pública del movimiento anticomunista polaco); 1990, Mijail Gorbachov (presidente y desmantelador de la URSS); 2002, Jimmy Carter (ex presidente de EU); 2009, Barack Obama (presidente de EU).
¿Así o más fácil? Cinismo a granel. Faltan muchos que necesitarían dos tres líneas para explicar quiénes son, pero ya no caben. Bien por ellos. La libraron. Me sumerjo en internet en busca de textos del gran intelectual perseguido Liu Xaobo, y no los encuentro. He de ser especialmente torpe en estos menesteres. No tengo más remedio que considerar que es un pelele. Ni modo. Lástima, Malgalito.
*Matemático
