De andar en bici a ir en Ferrari… así es la vida de una persona ciega con un perro guía
Los perros guía ayudan a que las personas con discapacidad visual tengan una movilidad independiente que les permita hacer actividades cotidianas

Luego de un accidente automovilístico que lo dejó con discapacidad visual, Gerardo se rehabilitó para recuperar su movilidad independiente y poder solicitar la ayuda de un perro guía.
El trámite inicial lo hizo en Estados Unidos, pero como quería retomar su vida en la Ciudad de México le recomendaron que su compañero estuviera entrenado para los obstáculos de la capital: ruido, falta de cultura vial e infraestructura poco inclusiva.
Así llegó Lancelot a su vida, un perro guía Labrador Golden Retriever, hace casi cinco años. Ambos cumplieron con el entrenamiento correspondiente y formaron un binomio que mantiene un fuerte vínculo de trabajo, confianza y acompañamiento.
“La transición de bastón a perro guía es como si te dan una bicicleta primero y luego te quieren dar un Ferrari. Lancelot ha sido mi movilidad independiente y autónoma. No me veo a futuro sin un perro guía, me ayuda mucho a socializar con la gente, a caminar sin tener ningún accidente”, comenta.
Lancelot guía los pasos de su compañero hacia una vida independiente y lo apoya a nivel emocional con los dolores físicos que quedaron en Gerardo tras el accidente. También lo ayuda a socializar, pues genera simpatía y empatía entre las personas del entorno donde se desarrolla.

La labor de un perro guía
El perro guía de Gerardo es graduado de la Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos IAP. No venden ni comercializan a los animales, solo trabajan en su crianza, entrenamiento, entrega, monitoreo y posterior jubilación.
El perro llega a ser obediente, tranquilo, equilibrado física y emocionalmente, saludable, social y enfocado en su labor de ayuda. Básicamente es ir siempre en línea recta, que se detenga en algún obstáculo para que el usuario sepa cómo debe reaccionar ante ello. Aunada a la obediencia de comandos básicos y a que aprenda a estar calmado.
“Es algo primordial del perro que no solo marque el obstáculo, sino que tenga la paciencia de decir ‘ok, vamos por partes’ en lo que (la persona) detecta el obstáculo”, menciona Josué Rivera, entrenador junior.
Generalmente las razas escogidas para este fin son Labrador y Golden Retriever, aunque en otros países se manejan Pastores Alemanes debido a que ya se tiene una mayor experiencia, ejemplifica el entrenador.
La institución nació del trabajo de Silvia Lozada Badillo, quien recibió la ayuda de su primer perro guía hace cuarenta años en Estados Unidos. Tras experimentar la cultura de inclusión para personas con discapacidad visual en aquel país se dio cuenta de que en México no existía.
Lozada Badillo comenzó a trabajar en un proyecto que no solo fomentara la inclusión, sino que también dotara a las personas de perros guía como una forma de apoyar su movilidad independiente. Así, en noviembre de 1997 se inauguraron las instalaciones de la escuela, la primera en México y América Latina.
“Fue diseñar un programa de entrenamiento de perros guía, conseguir un terreno donde construir las instalaciones, obtener el apoyo de un patrocinador, que fue el Nacional Monte de Piedad, para que se construyera cada pared, cada piso de esta institución”, comenta.
Hasta la fecha se han graduado 132 binomios y apoyado la rehabilitación de más de 200 personas y sus familias. En mayo próximo se graduarán tres perros guía más, mientras que están en la espera de cachorros que son candidatos a entrenamiento.
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¿Cómo se preparan los perros guía?
El trabajo de entrenamiento es de dos años e inicia con la selección de los perros que se reproducirán para dar vida a cachorros. Estos candidatos también tienen una preparación como perros guía; se cuida la gestación, el parto, estimulación temprana y socialización.
El proceso requiere la ayuda de una familia que voluntariamente recibe de forma temporal a los cachorros, sobre todo para que se adapten a la convivencia con humanos.
Luego de un año regresan a la escuela para comenzar la capacitación formal. Ahí aprenden a caminar por las calles, a evitar obstáculos y a entrar a lugares públicos.
Una vez concluida viene la formación de los binomios, es decir, la unión del perro guía entrenado con la persona que ya tiene la rehabilitación de autonomía. Al final se gradúan y se van a casa.
“La persona ciega vive con su perro guía ocho años en los que va a lograr metas, va a lograr conservar su empleo, va a formar una familia y a tener una vida plena acompañada de su perro guía”, comenta Lozada Badillo.
La escuela se encarga del seguimiento para vigilar que el binomio viva en excelentes condiciones hasta los 10 años, momento en que llega la jubilación para el perro y se vuelve candidato a adopción con una familia hasta el resto de su vida.
Según datos de la escuela, aproximadamente se invierten 500,000 pesos en cada perro guía, desde la crianza hasta la jubilación; sin embargo, como institución de asistencia, se absorben los costos iniciales.

¿Cómo solicitar la labor de un perro guía?
Para solicitar el apoyo de un perro guía a través de la escuela se debe completar una rehabilitación que permite a las personas con discapacidad o debilidad visual acceder a tratamiento psicológico y ayuda en el uso del bastón blanco.
La capacitación también les enseña a utilizar aparatos electrónicos y a retomar las actividades de la vida diaria (lavar, planchar, reconocer objetos, sortear obstáculos). Una vez que logran desplazarse por sí solos pueden ser candidatos a perros guía.
Los requisitos que se solicitan a los interesados pueden ser consultados en la página web de la escuela e incluyen:
- Tener entre 18 y 55 años de edad.
- Comprobar que la persona estudia o trabaja. En caso de que no sea así, presentar referencias personales de que el solicitante tiene la necesidad de desplazarse a diario.
- Contar con ingresos mínimos para cubrir las necesidades básicas del perro.
- Tener la capacidad de desplazarse por sí mismo con el uso del bastón blanco.
- Tener buen estado general de salud.
- Haber participado en su rehabilitación completa en actividades de la vida diaria.
- Disponibilidad para permanecer 28 días en la escuela para tomar la capacitación en el manejo del perro guía.
- Consenso entre las personas con las que vive la persona solicitante para aceptar la llegada del perro a casa.
- El solicitante debe escribir una carta dirigida a Silvia Lozada Badillo exponiendo los motivos por los que solicita un perro guía, la cual puede enviarse por correo electrónico, correspondencia o entregarse en las instalaciones de la escuela.
- Presentar los formatos correspondientes al formato de estudio socioeconómico e historial médico.
- A la persona interesada se le dará una cita para que acuda a la escuela a una entrevista, entrega de los formatos y evaluación de su orientación y movilidad.
- Posteriormente se le informará si calificó como aspirante a obtener un perro guía. En caso de no ser aceptado se le explicarán los motivos de la decisión.
- El solicitante deberá cubrir cuotas de recuperación cercana a 25,000 pesos desglosados entre el hospedaje, alimentación, el equipo necesario para el perro y por la capacitación.
El panorama en México
El 4.9% de la población en el país vive con algún tipo de discapacidad, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020. Lo anterior abarca a cerca de 6.1 millones de personas, de las cuales el 48% presenta debilidad visual o pérdida total de la vista en uno o ambos ojos.
Datos de la Secretaría de Salud revelan que casi el 50% de casos de debilidad visual en México se generan principalmente por cataratas, accidentes y enfermedades. Además, el 30% de la población tiene algún tipo de problema visual, como miopía y astigmatismo.
No hay una estadística clara sobre la presencia de perros guía o de la conformación de binomios de trabajo en el país.
Solo existe una legislación que hace referencia al trabajo de los perros guía. El artículo 58 de la Ley Federal de Protección al Consumidor indica que no se pueden negar, condicionar servicios o cobrar cuotas adicionales a personas con perros guía.
Lo anterior incluye que el prestador cuente con infraestructura y aditamentos necesarios para que la persona con discapacidad o debilidad visual utilice los espacios adecuadamente.
Resulta escueta y llevarla a la práctica es una tarea complicada, pues muchas veces las personas, funcionarios o trabajadores no están capacitados para recibir a los binomios en espacios públicos, lo que lleva a actos de discriminación.
Tampoco redondea la participación de perros guía dentro de los espacios públicos, ni de animales de asistencia en general. Apenas en 2018 se habló de la iniciativa para la Ley de los Derechos de las Personas Usuarias de Perros Guía o Animales de Servicio, misma que solo fue aprobada por la Cámara de Diputados.
Desde la Escuela de Entrenamiento para Perros Guía se trabaja también en el fomento de la cultura de inclusión tanto para las personas con debilidad visual como del trabajo de los perros. Esto a pesar de las complicaciones económicas que atraviesan tras el retiro de un patrocinador y de la contingencia por Covid-19.
“Hacemos trabajos paralelos informativos y de capacitación para que en escuelas o empresas puedan aprender a interactuar con personas con discapacidad visual. Digamos que de un 100% nuestro país está en un 10% de la cultura de inclusión hacia usuarios de perros de asistencia”, puntualiza.
aej
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