Mexicali enfrenta una severa crisis: el sobreconsumo rebasa la realidad

Ante el aumento del uso de drogas intravenosas en Mexicali, BC, donde 20% de los cadáveres analizados por el Semefo dieron positivo a fentanilo, organizaciones sociales optan por atajar las sobredosis mediante salas 

thumb
Ver galería
thumb
Retrato de Jorge, un hombre de 39 años afectado por la adicción a opioides en Mexicali, sentado en una banca frente a una sala segura de consumo; su expresión refleja las secuelas del uso prolongado de heroína adulterada con fentanilo en la frontera norte de México
Ver galería
thumb
Cartel informativo colocado en una pared en Mexicali que exhorta a obtener naloxona, un medicamento que puede revertir sobredosis por opioides; la imagen muestra frascos etiquetados y un mensaje de alerta dirigido a la comunidad sobre cómo actuar ante una emergencia
Ver galería
thumb
Fotografía tomada dentro de una sala de consumo supervisado en Mexicali; muestra un muestrario de jeringas con calibres diferenciados y un contenedor rojo para desechos biológicos, parte del protocolo de reducción de daños para evitar infecciones entre usuarios de drogas inyectadas
Ver galería
thumb
Cabinas individuales dentro de la sala segura de consumo en Mexicali, equipadas para evitar sobredosis
Ver galería

Jorge, de 39 años, se prepara una dosis de “heroína negra” que ha sido adulterada con opioide en la llamada “Sala Segura”, el primer espacio de consumo de drogas supervisado en toda Latinoamérica, ubicado en el corazón de Mexicali, donde la crisis de sobredosis se ha vuelto cotidiana. El Semefo de Baja California ha confirmado una mayor letalidad de sobredosis por opioides, hasta 20% en todos los cadáveres, en Mexicali –incluso mayor que en Tijuana–, situándola como una de las ciudades más golpeadas por esta epidemia en el país.

El consumo de drogas inyectadas en la frontera norte le está cobrando una enorme factura a la capital de Baja California, Mexicali, donde organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles ya se cansaron de enviar advertencias y optaron por mitigar la problemática a su manera, ante la falta de una respuesta institucional eficaz.

Testimonios recabados por este diario apuntan a que la red de contención se divide en dos bandos: aquellos que pueden pagar por un anexo –o centro de atención, dependiendo del personal capacitado– para desintoxicarse de las potentes sustancias psicoactivas, y aquellos que optan por continuar con su dependencia de manera “segura”, buscando evadir el riesgo de infecciones al compartir jeringas o sufrir una sobredosis mortal.

Los que no entran en estos grupos –“los zombies”, como les dicen los locatarios– se encuentran divagando por las calles del desierto con vista al muro fronterizo que construyó el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, expuestos no solo a contraer infecciones de VIH y Hepatitis C por compartir agujas, sino también a neumonías severas, infecciones de piel, septicemias y una muerte silenciosa en la periferia del sistema de salud.

Independientemente de lo que las autoridades quieran aceptar o no, para los "cachanillas" ya es más fácil abandonar la censura y el tabú para encontrar soluciones prácticas, porque, así como la vida en el desierto, solo queda adaptarse. Resistir es sobrevivir, y adaptarse es la única estrategia viable frente a un abandono crónico.

Recaen más rápido y se recuperan más lento

Desde su trinchera, Joel Benavides, representante legal de cuatro unidades de tratamiento para adicciones bajo el nombre de Nueva Vida Mexicali, se dice trabajar con familias para reinsertar usuarios con alta dependencia a la sociedad, aunque reconoce que la lucha se ha vuelto cada vez más cuesta arriba. Al momento de su entrevista para Excélsior, en el mes de abril, asegura que cuenta con 168 internos en proceso de desintoxicación y bajo estricta supervisión médica y psicológica.

Estamos recogiendo dos personas diarias. Yo, este mes que pasó (marzo), recogí a 35 usuarios. La tercera parte de esos usuarios estuvieron involucrados en un consumo crónico de opioides”, dice el fundador de las unidades privadas, quien asegura que con la llegada del letal fentanilo, un opioide sintético 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más que la heroína, “el daño es tres veces más”. El fentanilo no solo compromete órganos vitales en semanas, sino que también deteriora funciones cognitivas básicas, dificultando el proceso de rehabilitación.

thumb
Jorge, de 39 años, se prepara una dosis de “heroína negra” que ha sido adulterada con opioide en la llamada “Sala Segura”, el primer espacio de consumo de drogas supervisado en toda Latinoamérica, ubicado en el corazón de Mexicali, donde la crisis de sobredosis se ha vuelto cotidiana. El Semefo de Baja California ha confirmado una mayor letalidad de sobredosis por opioides, hasta 20% en todos los cadáveres, en Mexicali –incluso mayor que en Tijuana–, situándola como una de las ciudades más golpeadas por esta epidemia en el país. El consumo de drogas inyectadas en la frontera norte le está cobrando una enorme factura a la capital de Baja California, Mexicali, donde organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles ya se cansaron de enviar advertencias y optaron por mitigar la problemática a su manera, ante la falta de una respuesta institucional eficaz. Testimonios recabados por este diario apuntan a que la red de contención se divide en dos bandos: aquellos que pueden pagar por un anexo –o centro de atención, dependiendo del personal capacitado– para desintoxicarse de las potentes sustancias psicoactivas, y aquellos que optan por continuar con su dependencia de manera “segura”, buscando evadir el riesgo de infecciones al compartir jeringas o sufrir una sobredosis mortal. Los que no entran en estos grupos –“los zombies”, como les dicen los locatarios– se encuentran divagando por las calles del desierto con vista al muro fronterizo que construyó el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, expuestos no solo a contraer infecciones de VIH y Hepatitis C por compartir agujas, sino también a neumonías severas, infecciones de piel, septicemias y una muerte silenciosa en la periferia del sistema de salud. Independientemente de lo que las autoridades quieran aceptar o no, para los "cachanillas" ya es más fácil abandonar la censura y el tabú para encontrar soluciones prácticas, porque, así como la vida en el desierto, solo queda adaptarse. Resistir es sobrevivir, y adaptarse es la única estrategia viable frente a un abandono crónico. Recaen más rápido y se recuperan más lento Desde su trinchera, Joel Benavides, representante legal de cuatro unidades de tratamiento para adicciones bajo el nombre de Nueva Vida Mexicali, se dice trabajar con familias para reinsertar usuarios con alta dependencia a la sociedad, aunque reconoce que la lucha se ha vuelto cada vez más cuesta arriba. Al momento de su entrevista para Excélsior, en el mes de abril, asegura que cuenta con 168 internos en proceso de desintoxicación y bajo estricta supervisión médica y psicológica. Estamos recogiendo dos personas diarias. Yo, este mes que pasó (marzo), recogí a 35 usuarios. La tercera parte de esos usuarios estuvieron involucrados en un consumo crónico de opioides”, dice el fundador de las unidades privadas, quien asegura que con la llegada del letal fentanilo, un opioide sintético 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más que la heroína, “el daño es tres veces más”. El fentanilo no solo compromete órganos vitales en semanas, sino que también deteriora funciones cognitivas básicas, dificultando el proceso de rehabilitación. Joel Benavides es el representante legal de cuatro unidades de tratamiento para adicciones en Mexicali que llevan por nombre Nueva Vida y busca, además, impulsar una materia de prevención de drogas en escuelas primarias y secundarias de la región, convencido de que la batalla contra las adicciones debe empezar antes del primer contacto con las sustancias. Joel Benavides es el representante legal de cuatro unidades de tratamiento para adicciones en Mexicali que llevan por nombre Nueva Vida y busca impartir en las escuelas una materia sobre prevención de drogas.  Antes tardabas en ver regresar al usuario entre un mes y un año (...) ahora con tres meses, dos meses llegan igual”, agrega el titular de la organización que también promueve talleres educativos. Los consumos se han vuelto más severos, y los tiempos de recaída se han acortado dramáticamente. Durante un recorrido a uno de estos centros en Mexicali, este diario notó que la mayoría de los internos eran jóvenes de entre 18 y 30 años. Muchos de ellos pasan su proceso de desintoxicación durmiendo en literas de tres niveles, en habitaciones comunitarias austeras, donde algunos todavía actúan dispersos o en trance pese a haber llegado al sitio días antes. La neurotoxicidad del fentanilo adulterado genera secuelas visibles en sus expresiones y su motricidad. Nos estamos dando cuenta que están llegando más dañados de lo que el Gobierno dice que vienen”, dice Daniel Escamilla, director operativo del centro de Nueva Vida. “Hemos tenido personas que llegan muy denigradas, hasta el grado de la muerte (...) Se encienden todos los focos rojos con esto del fentanilo: hasta 2 miligramos pueden acabar con tu vida”, añade el responsable operativo, quien relata escenas dramáticas de sobredosis revertidas apenas a tiempo. Daniel Escamilla afirma que solo una profunda vocación sostiene el trabajo en un ambiente tan exigente. “Amo mi trabajo porque es la voluntad de Dios”, dice, mientras muestra los registros de ingresos diarios. Semefo confirma la dimensión de la epidemia Daniel Escamilla, director operativo de un centro de atención para adicciones en Mexicali, dice amar su trabajo porque es la voluntad de Dios.  En enero, el director del Servicio Médico Forense (Semefo) de Baja California confirmó lo que asociaciones civiles, médicos de campo y organizaciones de reducción de daños ya advertían desde años atrás: el fentanilo está presente en prácticamente todas las drogas callejeras que circulan en la frontera norte. Un estudio realizado a lo largo de dos años, analizando un total de 5,034 muestras de cadáveres de Mexicali y Tijuana, encontró que 49.5% y 58% respectivamente habían dado positivo a alguna droga de abuso. De manera alarmante, el 20% de los cadáveres analizados en Mexicali dieron positivo específicamente a fentanilo, casi el doble del 11% registrado en Tijuana. Un dato que retrata no solo el alcance de la crisis en la ciudad del sol, sino también su profundidad silenciosa. Te está diciendo que la ciudad está infestada”, advierte Benavides sobre los resultados, mientras recalca que los números oficiales apenas arañan la superficie de una crisis mucho más amplia. La evidencia que no quisieron ver Tenemos creo que más de cinco años mostrando la evidencia de que hay un consumo de fentanilo. Analizamos las sustancias, tenemos pruebas para detectar el fentanilo”, explica Lourdes Angulo, directora de la fundación Integración Social Verter, que encabeza el proyecto La Sala en Mexicali, la primera sala de consumo supervisado en toda Latinoamérica. En su archivo hay miles de resultados positivos que nunca fueron atendidos por las autoridades de salud pública. Sala Segura anti sobredosis Desde el centro de esta ciudad, el consumo de drogas, incluido el de opioides, es visto y atendido sin prejuicios por la asociación civil Verter en un pequeño local que cuenta con tres cabinas de consumo. Cada cabina está equipada con todo lo necesario: jeringas nuevas, agua estéril, torundas con alcohol, ligas de presión, filtros y naloxona inyectable para revertir sobredosis inminentes. Se trata de la primera sala segura de consumo supervisado en América Latina, abierta hace siete años, que ha inspirado proyectos similares en Bogotá y Medellín, así como iniciativas emergentes en Tijuana y Ciudad Juárez. La experiencia de Mexicali es hoy tema de referencia en foros internacionales sobre reducción de daños. Sail Slim es cofundador de La Sala, un proyecto para combatir las muertes por sobredosis. Es el único en su tipo en México y el primero en toda Latinoamérica.  El modelo de salas de consumo supervisado está diseñado para personas que ya tienen un consumo problemático de sustancias. No aceptamos personas que están consumiendo por primera vez”, comenta Said Slim, uno de los fundadores de La Sala y activista reconocido en el ámbito de la salud comunitaria. Slim explica que el principio rector es sencillo pero poderoso: “Ninguna vida vale menos por el hecho de usar drogas”. Entre los usuarios de La Sala está Jorge, de 39 años, quien accedió a ser entrevistado mientras se preparaba para inyectarse su dosis diaria de heroína negra, la droga más popular en Mexicali, ahora casi inevitablemente adulterada con fentanilo. Jorge cuenta que nunca buscó el opioide: “Se lo metieron” en la heroína. Utilizando una técnica donde extrae sangre de su vena, la mezcla con la sustancia y la regresa a su sistema, la potente dosis le hace efecto en cuestión de segundos. Jorge describe el efecto como “sentirse a toda madre”, aunque reconoce que la dependencia ya lo supera: no puede ni caminar si no se inyecta hasta tres veces al día. Te lo digo, si yo hubiera sabido que me iba a causar esta dependencia desde la primera vez que me lo ofrecieron, no le pongo”, confiesa, mientras acomoda su ropa con lentitud. El gasto diario para sostener su adicción oscila entre 100 y 150 pesos. Para muchos como él, pagar 50 pesos por una dosis de fentanilo es más accesible que internarse en un centro de tratamiento o anexo. La lógica de supervivencia cotidiana pesa más que cualquier plan de rehabilitación a largo plazo. Dos dólares que salvan vidas La naloxona, medicamento capaz de revertir una sobredosis, y las tiras reactivas para detectar fentanilo en sustancias psicoactivas cuestan no más de dos dólares. El cofundador de La Sala muestra cómo funcionan: un proceso rápido y sencillo que podría estar disponible en cada centro de salud si existiera voluntad política. O sea, 2 dólares cuesta salvar la vida de una persona. Confirmamos que la heroína tiene fentanilo. Es donde se encuentra”, dice Slim, mientras señala los resultados positivos. Slim admite que con tres cabinas apenas pueden atender a entre seis y diez personas por turno, insuficiente frente a la magnitud de la necesidad en Mexicali. “El cuerpo lo pide”: la batalla de cada día Rubén, originario de Jalisco y repatriado de Estados Unidos, encontró el fentanilo no en la Unión Americana, sino en Mexicali, donde su historia de consumo escaló rápidamente. Describe la abstinencia como un infierno físico: “El cuerpo lo pide, empiezan dolores de hueso, empieza a correr la nariz, como si fuera gripe”. Rubén es originario de Jalisco, pero vivió gran parte de su vida en Estados Unidos. Fue repatriado hace muchos años a Mexicali, donde conoció el fentanilo.  Rubén es uno de tantos usuarios atrapados en el ciclo de consumo y abandono en una ciudad donde el acceso al sistema público de salud es casi nulo para los usuarios de drogas. Acorralados entre la jeringa y el muro Esta es la realidad de una ciudad atrapada entre el muro fronterizo y la crisis de los opioides. En Mexicali quedó atrás el mito: el fentanilo es una presencia diaria que mata en silencio a jóvenes, adultos y migrantes, mientras las políticas públicas siguen rezagadas ante la urgencia. La muerte por sobredosis ya no es una excepción: es parte cotidiana de la vida en esta esquina olvidada del país. ¿Qué acciones crees que deberían tomar las autoridades ante esta crisis? ¿Conocías la existencia de salas de consumo supervisado en México? ¿Te interesa saber más sobre cómo se combate el consumo de opioides en otras ciudades? «pdg»

Joel Benavides es el representante legal de cuatro unidades de tratamiento para adicciones en Mexicali que llevan por nombre Nueva Vida y busca, además, impulsar una materia de prevención de drogas en escuelas primarias y secundarias de la región, convencido de que la batalla contra las adicciones debe empezar antes del primer contacto con las sustancias.

thumb

Joel Benavides es el representante legal de cuatro unidades de tratamiento para adicciones en Mexicali que llevan por nombre Nueva Vida y busca impartir en las escuelas una materia sobre prevención de drogas. 

Antes tardabas en ver regresar al usuario entre un mes y un año (...) ahora con tres meses, dos meses llegan igual”, agrega el titular de la organización que también promueve talleres educativos. Los consumos se han vuelto más severos, y los tiempos de recaída se han acortado dramáticamente.

Durante un recorrido a uno de estos centros en Mexicali, este diario notó que la mayoría de los internos eran jóvenes de entre 18 y 30 años. Muchos de ellos pasan su proceso de desintoxicación durmiendo en literas de tres niveles, en habitaciones comunitarias austeras, donde algunos todavía actúan dispersos o en trance pese a haber llegado al sitio días antes. La neurotoxicidad del fentanilo adulterado genera secuelas visibles en sus expresiones y su motricidad.

thumb
Infografía sobre el poder letal del fentanilo, un opioide sintético 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más que la heroína. Solo 2 miligramos pueden causar la muerte, lo que explica el alto riesgo de sobredosis en usuarios de drogas en Mexicali, Baja California.

Nos estamos dando cuenta que están llegando más dañados de lo que el Gobierno dice que vienen”, dice Daniel Escamilla, director operativo del centro de Nueva Vida. “Hemos tenido personas que llegan muy denigradas, hasta el grado de la muerte (...) Se encienden todos los focos rojos con esto del fentanilo: hasta 2 miligramos pueden acabar con tu vida”, añade el responsable operativo, quien relata escenas dramáticas de sobredosis revertidas apenas a tiempo.

thumb
Infografía de Investigaciones Excélsior sobre la presencia de fentanilo en cadáveres analizados por Semefo en Baja California: en Mexicali el 20% dio positivo a fentanilo, en contraste con el 11% en Tijuana. Un dato que revela la magnitud de la crisis de opioides en la región.

Daniel Escamilla afirma que solo una profunda vocación sostiene el trabajo en un ambiente tan exigente. “Amo mi trabajo porque es la voluntad de Dios”, dice, mientras muestra los registros de ingresos diarios.

Semefo confirma la dimensión de la epidemia

thumb

Daniel Escamilla, director operativo de un centro de atención para adicciones en Mexicali, dice amar su trabajo porque es la voluntad de Dios. 

En enero, el director del Servicio Médico Forense (Semefo) de Baja California confirmó lo que asociaciones civiles, médicos de campo y organizaciones de reducción de daños ya advertían desde años atrás: el fentanilo está presente en prácticamente todas las drogas callejeras que circulan en la frontera norte.

Un estudio realizado a lo largo de dos años, analizando un total de 5,034 muestras de cadáveres de Mexicali y Tijuana, encontró que 49.5% y 58% respectivamente habían dado positivo a alguna droga de abuso. De manera alarmante, el 20% de los cadáveres analizados en Mexicali dieron positivo específicamente a fentanilo, casi el doble del 11% registrado en Tijuana. Un dato que retrata no solo el alcance de la crisis en la ciudad del sol, sino también su profundidad silenciosa.

Te está diciendo que la ciudad está infestada”, advierte Benavides sobre los resultados, mientras recalca que los números oficiales apenas arañan la superficie de una crisis mucho más amplia.

La evidencia que no quisieron ver

Tenemos creo que más de cinco años mostrando la evidencia de que hay un consumo de fentanilo. Analizamos las sustancias, tenemos pruebas para detectar el fentanilo”, explica Lourdes Angulo, directora de la fundación Integración Social Verter, que encabeza el proyecto La Sala en Mexicali, la primera sala de consumo supervisado en toda Latinoamérica. En su archivo hay miles de resultados positivos que nunca fueron atendidos por las autoridades de salud pública.

 

 

Sala Segura anti sobredosis

Desde el centro de esta ciudad, el consumo de drogas, incluido el de opioides, es visto y atendido sin prejuicios por la asociación civil Verter en un pequeño local que cuenta con tres cabinas de consumo. Cada cabina está equipada con todo lo necesario: jeringas nuevas, agua estéril, torundas con alcohol, ligas de presión, filtros y naloxona inyectable para revertir sobredosis inminentes.

Se trata de la primera sala segura de consumo supervisado en América Latina, abierta hace siete años, que ha inspirado proyectos similares en Bogotá y Medellín, así como iniciativas emergentes en Tijuana y Ciudad Juárez. La experiencia de Mexicali es hoy tema de referencia en foros internacionales sobre reducción de daños.

thumb

Sail Slim es cofundador de La Sala, un proyecto para combatir las muertes por sobredosis. Es el único en su tipo en México y el primero en toda Latinoamérica. 

thumb

El modelo de salas de consumo supervisado está diseñado para personas que ya tienen un consumo problemático de sustancias. No aceptamos personas que están consumiendo por primera vez”, comenta Said Slim, uno de los fundadores de La Sala y activista reconocido en el ámbito de la salud comunitaria.

Slim explica que el principio rector es sencillo pero poderoso: “Ninguna vida vale menos por el hecho de usar drogas”.

Entre los usuarios de La Sala está Jorge, de 39 años, quien accedió a ser entrevistado mientras se preparaba para inyectarse su dosis diaria de heroína negra, la droga más popular en Mexicali, ahora casi inevitablemente adulterada con fentanilo. Jorge cuenta que nunca buscó el opioide: “Se lo metieron” en la heroína.

Utilizando una técnica donde extrae sangre de su vena, la mezcla con la sustancia y la regresa a su sistema, la potente dosis le hace efecto en cuestión de segundos. Jorge describe el efecto como “sentirse a toda madre”, aunque reconoce que la dependencia ya lo supera: no puede ni caminar si no se inyecta hasta tres veces al día.

Te lo digo, si yo hubiera sabido que me iba a causar esta dependencia desde la primera vez que me lo ofrecieron, no le pongo”, confiesa, mientras acomoda su ropa con lentitud.

thumb

El gasto diario para sostener su adicción oscila entre 100 y 150 pesos. Para muchos como él, pagar 50 pesos por una dosis de fentanilo es más accesible que internarse en un centro de tratamiento o anexo. La lógica de supervivencia cotidiana pesa más que cualquier plan de rehabilitación a largo plazo.

thumb
Infografía que compara los costos del consumo de fentanilo con el tratamiento en anexos o centros de salud: una dosis cuesta apenas 50 pesos, mientras que el internamiento es costoso y el sistema público de salud resulta inaccesible para los usuarios. Datos del especial de Investigaciones Excélsior.

Dos dólares que salvan vidas

La naloxona, medicamento capaz de revertir una sobredosis, y las tiras reactivas para detectar fentanilo en sustancias psicoactivas cuestan no más de dos dólares. El cofundador de La Sala muestra cómo funcionan: un proceso rápido y sencillo que podría estar disponible en cada centro de salud si existiera voluntad política.

O sea, 2 dólares cuesta salvar la vida de una persona. Confirmamos que la heroína tiene fentanilo. Es donde se encuentra”, dice Slim, mientras señala los resultados positivos.

Slim admite que con tres cabinas apenas pueden atender a entre seis y diez personas por turno, insuficiente frente a la magnitud de la necesidad en Mexicali.

“El cuerpo lo pide”: la batalla de cada día

Rubén, originario de Jalisco y repatriado de Estados Unidos, encontró el fentanilo no en la Unión Americana, sino en Mexicali, donde su historia de consumo escaló rápidamente. Describe la abstinencia como un infierno físico: “El cuerpo lo pide, empiezan dolores de hueso, empieza a correr la nariz, como si fuera gripe”.

thumb
Hombre sentado en una banca en Mexicali con signos visibles de consumo crónico de drogas inyectadas; sus brazos muestran marcas y tatuajes, reflejo del impacto físico del uso continuo de opioides como el fentanilo en la zona fronteriza

Rubén es originario de Jalisco, pero vivió gran parte de su vida en Estados Unidos. Fue repatriado hace muchos años a Mexicali, donde conoció el fentanilo. 

Rubén es uno de tantos usuarios atrapados en el ciclo de consumo y abandono en una ciudad donde el acceso al sistema público de salud es casi nulo para los usuarios de drogas.

Acorralados entre la jeringa y el muro

Esta es la realidad de una ciudad atrapada entre el muro fronterizo y la crisis de los opioides. En Mexicali quedó atrás el mito: el fentanilo es una presencia diaria que mata en silencio a jóvenes, adultos y migrantes, mientras las políticas públicas siguen rezagadas ante la urgencia.

La muerte por sobredosis ya no es una excepción: es parte cotidiana de la vida en esta esquina olvidada del país.

¿Qué acciones crees que deberían tomar las autoridades ante esta crisis?

¿Conocías la existencia de salas de consumo supervisado en México?

¿Te interesa saber más sobre cómo se combate el consumo de opioides en otras ciudades?

     

«pdg»