A 40 años del 19S: de la tragedia a la prevención; parteaguas nacional
La catástrofe demostró la vulnerabilidad del Valle de México, y provocó la creación de la Protección Civil moderna, el Cenapred y el fortalecimiento Sismológico

De los escombros del sismo de 1985 surgieron nuevas instituciones y una cultura de prevención. La tragedia mostró la vulnerabilidad del Valle de México, pero también despertó la capacidad de organización y la urgencia de entender mejor los terremotos.
De aquella tragedia nacieron la Protección Civil moderna, el fortalecimiento del Servicio Sismológico Nacional y la creación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).
TE RECOMENDAMOS: Testimonios del 19S, Michoacán: Dormir en la calle por temor a réplicas
Aunque ya habían ocurrido otros sismos importantes —el de 1957, que derrumbó el Ángel de la Independencia, y el de 1979, que colapsó tres edificios de la Ibero— ninguno tuvo la magnitud social y política que el de 1985.
El sismo del 19 de septiembre de 1985 es realmente un parteaguas. La gente se volcó a la calle a rescatar y ayudar, pero sin organización. Eso obligó a crear un sistema nacional de protección civil que hoy es más maduro y reconocido”, recordó Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y exjefe del Servicio Sismológico Nacional.
CDMX, UNA DE LAS URBES MÁS INSTRUMENTADAS DEL MUNDO EN CUESTIÓN DE SISMOS
Actualmente, cuatro décadas después, la Ciudad de México es una de las urbes más instrumentadas del mundo, con cerca de 200 equipos de monitoreo sísmico, comparable con Tokio o Los Ángeles.
Mientras en 1985 localizar el epicentro tardó horas, hoy el Servicio Sismológico Nacional puede emitir reportes en cuestión de minutos, gracias a sensores digitales y comunicación satelital confiable.
En 1993 el Servicio Sismológico registraba unos 300 sismos al año; el año pasado fueron 33 mil. No es que tiemble más, sino que ahora tenemos la capacidad de detectar muchos más eventos pequeños en todo el país”, explicó.
La tragedia de hace 40 años, que dejó miles de muertos y una ciudad colapsada, fue un punto de quiebre. Antes de esa fecha la instrumentación era reducida: no se entendía bien el comportamiento de los suelos de la Ciudad de México y apenas se obtuvo un registro del evento, en Pinotepa, Oaxaca, porque las comunicaciones colapsaron.

Ante la lenta y caótica respuesta oficial, la sociedad civil fue la primera en actuar: brigadas espontáneas, vecinos y estudiantes que se lanzaron a remover escombros y rescatar sobrevivientes. Esa presión social obligó al Estado a reorganizarse y dio origen en 1986 al Sistema Nacional de Protección Civil. El modelo que adoptó México tomó como referencia la experiencia de España, donde esta figura se había consolidado tras la Guerra Civil como una organización creada por y para los civiles en situaciones de emergencia.
Dos años después, con apoyo de expertos japoneses que estudiaron el suelo blando de la capital, se creó el Cenapred, concebido como el puente entre la ciencia y la política de prevención.
Sobre ese legado, Valdés recordó que la Protección Civil no sólo atiende fenómenos naturales: “Hoy también debe dar respuesta a desastres generados por el ser humano, como lo que acabamos de ver con el incendio de la pipa en Iztapalapa”, señaló.
De esa etapa también surgió el Sistema de Alerta Sísmica Mexicana, pionero en América Latina y fundamental para reducir riesgos en la capital.
La UNAM también transformó su papel. El Sismológico Nacional fue fundado en 1910 por Porfirio Díaz, al mismo tiempo que el Servicio Meteorológico Nacional, como parte de las conmemoraciones del Centenario de la Independencia.
Aunque su crecimiento se frenó por el inicio de la Revolución, la institución se mantuvo activa y, con el paso del tiempo, se convirtió en la encargada de registrar, procesar y notificar la ocurrencia de los sismos en el país.
Opera bajo el resguardo de la Universidad desde 1929, y, tras el 85, modernizó su instrumentación y fortaleció la investigación.
Mientras que en 1985 sólo se obtuvo un registro del sismo, hoy se dispone de una red que permite generar reportes en tiempo real. La ingeniería sísmica cambió de raíz: se actualizaron los reglamentos de construcción, se instalaron mesas vibradoras para probar estructuras y se formaron nuevas generaciones de ingenieros y sismólogos.
Del viejo sismógrafo que funcionaba en Tacubaya desde 1910 hasta el modelado de terremotos en supercomputadoras, la UNAM ha acompañado la historia sísmica del país.
Desde entonces, México aprendió tanto en la gestión de riesgos como en la parte científica.
Ahora, existen reglamentos de construcción más estrictos y nuevas generaciones de ingenieros y sismólogos formados en la Universidad Nacional continúan la labor de investigación.
Ese impulso no se detuvo. De acuerdo con la UNAM, actualmente se desarrollan proyectos de frontera como el modelado de terremotos en supercomputadoras con el clúster Rosenblueth II, la ampliación de la red sísmica hacia el norte del país, estudios de microsismicidad en la capital para mapear a detalle el subsuelo y la elaboración de guías ciudadanas para mejorar la prevención.
Ahora tenemos que pensar no sólo en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara y al menos 20 ciudades con más de un millón de habitantes necesitan redes de monitoreo y estudios de sus edificios para saber cómo resistirán un sismo”, advirtió Valdés.
CONSULTA AQUÍ LAS NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA
*mcam
EL EDITOR RECOMIENDA



