Microsoft lo tuvo todo y lo perdió: así se transformaron los navegadores web

Hoy que OpenAI se suma a la revolución de los navegadores al anunciar uno propio con IA generativa integrada, vale la pena hacer un repaso de parte de nuestra propia historia

thumb
Imagen promocional del navegador Mosaic, considerado el primer navegador web gráfico de uso masivo, desarrollado en 1993 por el National Center for Supercomputing Applications (NCSA). Incluye el nombre “Mosaic” y menciona compatibilidad con X Window System, Microsoft Windows y Macintosh.
Ver galería
thumb
Imagen detallada del navegador WorldWideWeb (posteriormente llamado Nexus), ejecutándose en una computadora NeXT. El navegador fue creado en 1990 por Tim Berners-Lee en el CERN y permitía visualizar y editar contenido web. En la pantalla se lee la descripción del proyecto como un ejercicio de disponibilidad global de información.
Ver galería
thumb
Representación del logotipo clásico de Netscape Navigator en el centro de un timón náutico, junto a un CD de instalación de la versión Personal Edition para Windows. Imagen con fondo estrellado, evocando el espíritu explorador del navegador durante los años 90, cuando fue líder del acceso a la web.
Ver galería

La forma en que accedemos a Internet está a punto de vivir una nueva transformación. Esta semana, OpenAI anunció que está desarrollando su propio navegador web, impulsado por inteligencia artificial generativa, con capacidades que prometen una interacción más conversacional y personalizada con la información en línea.

La noticia llega en un momento clave, cuando el uso de IA en búsquedas (como ChatGPT, Perplexity o Gemini) comienza a rivalizar con los motores tradicionales. Pero antes de que OpenAI se una a la batalla por la web, vale la pena repasar cuántos navegadores existen, cuáles dominan el panorama actual y cómo ha evolucionado este mercado en los últimos 35 años.

Los inicios

Durante un tiempo, navegar por internet era casi sinónimo de hacerlo con Internet Explorer. El ícono azul con la “e” girando en la pantalla fue la puerta de entrada al ciberespacio para millones de personas. Venía preinstalado, era gratuito y parecía invencible. Microsoft no solo dominaba los sistemas operativos, también controlaba la forma en que el mundo accedía a la red. Hasta que, como ocurre con muchos imperios tecnológicos, el exceso de confianza se convirtió en su mayor debilidad.

Netscape había abierto la web al mundo, pero fue Microsoft quien la convirtió en territorio propio. Durante la segunda mitad de los noventa, la compañía de Bill Gates integró su navegador en Windows con tanta agresividad que terminó enfrentando un juicio por prácticas monopólicas. Ganó la guerra contra Netscape, pero sembró el terreno para nuevos rivales. Firefox llegó como rebelión del código abierto, y luego Google Chrome —con su velocidad, ligereza y diseño minimalista— lo cambió todo.

Hoy, el mundo de los navegadores vive otra revolución: la inteligencia artificial. Desde proyectos visuales como Arc hasta asistentes con IA integrada como Brave AI, los navegadores ya no solo muestran páginas: las interpretan, las resumen y las adaptan a las necesidades del usuario. Y en este escenario emergente, OpenAI —la firma detrás de ChatGPT— acaba de anunciar que trabaja en su propio navegador, uno que promete entender el contenido web tanto como mostrarlo.

Esta es la historia completa de cómo pasamos de hacer clic en enlaces azules a conversar con una máquina que interpreta la web por nosotros. Desde los días del CERN y las computadoras NeXT hasta la era de la navegación conversacional, los navegadores han sido mucho más que herramientas: han sido reflejo del poder, la cultura digital y los cambios tecnológicos más profundos de nuestra época.

La revolución de los navegadores

1990 | El origen – WorldWideWeb/Nexus

En 1990, el físico británico Tim Berners-Lee, investigador del CERN en Suiza, desarrolló el primer navegador web funcional de la historia: el WorldWideWeb, que más adelante sería renombrado Nexus para evitar confusión con el propio sistema WWW. Su objetivo era crear una plataforma de intercambio de información entre científicos a través de documentos enlazados por hipertexto, lo cual cambió radicalmente la forma de compartir conocimiento.

Este navegador no era solo un visor de páginas: también era un editor, lo que permitía a los usuarios crear y modificar documentos web directamente desde la interfaz. Fue programado en Objective-C y solo funcionaba en las computadoras NeXT, un sistema avanzado desarrollado por la empresa de Steve Jobs después de dejar Apple.

Aunque primitivo para los estándares actuales, el WorldWideWeb ya tenía funciones clave como enlaces, soporte para diferentes protocolos (HTTP, FTP) y una visualización básica de documentos estructurados con etiquetas. Su creación marcó el punto de partida de la navegación por Internet tal como la conocemos.

Interfaz original del navegador WorldWideWeb, creado por Tim Berners-Lee en 1990

Tim Berners-Lee defendió siempre que la Web debía ser abierta, libre y descentralizada, lo que permitió que otras instituciones y desarrolladores comenzaran a crear sus propios navegadores y servidores. Esa filosofía es uno de los pilares del crecimiento explosivo que tendría la red a lo largo de los años 90.

Si bien Nexus nunca se masificó debido a su limitación técnica y de plataforma, sentó las bases conceptuales y funcionales sobre las que evolucionarían todos los navegadores posteriores. Su legado es inmenso, aunque muchas veces ignorado fuera de círculos académicos y técnicos.

1993 | Mosaic

En enero de 1993, el National Center for Supercomputing Applications (NCSA) de la Universidad de Illinois lanzó Mosaic, considerado el primer navegador gráfico de uso masivo. Fue una creación conjunta de Marc Andreessen y Eric Bina, quienes querían hacer accesible y visualmente atractiva la navegación por la web, algo que aún era un terreno poco amigable para el usuario promedio.

La gran revolución de Mosaic fue permitir que texto e imágenes aparecieran en la misma ventana del navegador, eliminando la necesidad de abrir ventanas externas para ver contenido gráfico. Su interfaz gráfica y la posibilidad de hacer clic en los enlaces sin escribir comandos transformaron la experiencia web en algo intuitivo y visual.

Mosaic fue multiplataforma desde el inicio: estuvo disponible para Unix, Windows y Mac OS, lo cual facilitó su adopción global. En su momento, llegó a representar más del 90% del tráfico web, siendo esencial en la expansión inicial de Internet fuera de entornos académicos y científicos.

Pese a su enorme impacto, Mosaic fue efímero. En menos de dos años, muchos de sus desarrolladores, liderados por Andreessen, dejaron el NCSA para fundar una empresa que cambiaría la historia: Netscape Communications. Aunque Mosaic quedó atrás, fue el motor que encendió la explosión de la web.

Hoy, Mosaic se estudia como una herramienta pionera que definió no solo el estándar técnico sino el cultural de cómo debía lucir y funcionar una ventana al ciberespacio. Su diseño fue la plantilla sobre la que se inspirarían la mayoría de los navegadores de la década siguiente.

1994 | Netscape Navigator

A finales de 1994, Marc Andreessen y el exfundador de Silicon Graphics, Jim Clark, crearon Netscape Communications Corporation y lanzaron su producto estrella: Netscape Navigator. Fue el primer navegador comercial verdaderamente masivo y el primero en ser tratado como un producto independiente con un modelo de negocio asociado.

Netscape introdujo muchas innovaciones, como el protocolo SSL (Secure Sockets Layer) para comunicaciones seguras, soporte avanzado para HTML y la creación del lenguaje JavaScript, que permitía sitios web más interactivos. Estas aportaciones definieron gran parte de la arquitectura web moderna.

Desde su lanzamiento, Navigator tuvo una enorme aceptación. Era rápido, estable, multiplataforma y gratuito para uso personal. En cuestión de meses se convirtió en el navegador más popular del mundo, con una cuota de mercado que llegó a superar el 80%.

La empresa tuvo una de las salidas a bolsa más exitosas de la época, lo que impulsó el auge del llamado "boom punto com". Netscape era vista no solo como una empresa de software, sino como la cara visible de la nueva economía digital.

Disco original de instalación de Netscape Navigator, uno de los primeros navegadores comerciales

Sin embargo, su éxito también atrajo a gigantes como Microsoft, que pronto iniciaría una guerra tecnológica y legal para desplazar a Navigator del mercado. Aunque Netscape resistió durante algunos años, la combinación de presión de mercado y errores estratégicos llevarían a su declive.

La era de los gigantes y el resurgimiento del código abierto

1995 | Internet Explorer (IE)

En agosto de 1995, Microsoft lanzó Internet Explorer 1.0 como parte del paquete complementario "Plus!" para Windows 95. El navegador estaba basado en una licencia del código de Spyglass Mosaic, pero Microsoft lo modificó para integrarlo profundamente en su sistema operativo, marcando el inicio de una era de dominio que duraría más de una década.

Con versiones cada vez más avanzadas (IE 3.0 en 1996, IE 4.0 en 1997, IE 5.0 en 1999), Microsoft empezó a superar técnicamente a Netscape en algunas áreas, como soporte para CSS, ActiveX y marcos dinámicos. Además, IE fue gratuito desde el principio, una estrategia que rompió el modelo de licencias de Netscape y aceleró su caída.

Pero más que avances técnicos, su principal arma fue su integración obligatoria en Windows, que colocaba el icono de Internet Explorer directamente en el escritorio de cientos de millones de computadoras en todo el mundo. Esto generó una situación de monopolio de facto y convirtió a IE en el navegador por defecto de toda una generación.

En el año 2000, Internet Explorer tenía una cuota de mercado superior al 90%. Para entonces, era sinónimo de Internet, pero también comenzaba a arrastrar problemas: lentitud, fallos de seguridad y una notoria falta de apego a los estándares web, lo cual generaba frustración entre desarrolladores.

La agresiva estrategia de Microsoft fue finalmente cuestionada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que en 1998 presentó una demanda por prácticas monopólicas. Aunque IE ganó la guerra de los navegadores de los 90, la batalla legal iniciada ese año marcaría el inicio de su lento pero irreversible declive.

1998 | Mozilla y el juicio antimonopolio

El mismo año que arrancó el juicio contra Microsoft, Netscape hizo un movimiento radical: liberó el código fuente de su navegador y fundó el Proyecto Mozilla, con el objetivo de crear un navegador libre y comunitario. El nombre fue un guiño a la "bestia que se comería a Internet Explorer", aunque pasaría tiempo antes de ver frutos.

El juicio antimonopolio concluyó en 2000 con un fallo que declaró culpable a Microsoft por abuso de posición dominante. Aunque no se desmembró la empresa, sí se obligó a separar ciertos componentes de Windows y a permitir que los fabricantes ofrecieran navegadores alternativos, lo que abrió nuevamente el mercado.

Durante los años siguientes, Mozilla fue desarrollando nuevas versiones, primero bajo el nombre Mozilla Application Suite, una suite completa de navegador, correo electrónico y chat. Sin embargo, esta suite era pesada y poco atractiva para el usuario promedio, lo que limitó su adopción.

A partir de 2002, los desarrolladores del proyecto decidieron concentrarse en una aplicación independiente más ligera y funcional: de ahí nació Phoenix, luego renombrado como Firebird y finalmente como Firefox. El objetivo era claro: competir de tú a tú con IE en velocidad, seguridad y respeto a estándares.

Mozilla fue más que un navegador: fue un símbolo de resistencia ante el monopolio y el control corporativo. Su existencia inspiró una nueva generación de software libre y de activismo digital, en una época donde la web comenzaba a volverse más abierta, pero también más vigilada.

2004 | Firefox

En noviembre de 2004, Mozilla lanzó oficialmente Firefox 1.0, y el impacto fue inmediato. Rápido, personalizable, con navegación por pestañas, extensiones y un enfoque fuerte en la privacidad, Firefox conquistó rápidamente a millones de usuarios cansados de las deficiencias de Internet Explorer.

Una de sus fortalezas clave fue su comunidad: miles de desarrolladores independientes crearon extensiones, temas y traducciones, lo que hizo de Firefox una herramienta versátil y adaptable. Además, se convirtió en el navegador favorito de los desarrolladores web, ya que respetaba los estándares de la W3C y ofrecía herramientas avanzadas de inspección.

En menos de un año, Firefox alcanzó una cuota de mercado de más del 10%, algo que parecía imposible ante el dominio de IE. Durante su pico entre 2009 y 2011, llegó a rozar el 30% del mercado global, especialmente en Europa, donde gobiernos y universidades lo promovieron activamente.

Firefox también fue pionero en campañas de concienciación sobre la privacidad, la neutralidad de la red y el código abierto. Su logo del zorro abrazando el mundo se convirtió en un emblema de libertad digital frente a la creciente vigilancia corporativa en línea.

Sin embargo, con el surgimiento de Google Chrome en 2008, muchos usuarios comenzaron a migrar por razones de velocidad y compatibilidad. Aunque Firefox sigue activo y es fundamental para la salud del ecosistema web, ha pasado de ser líder a defensor de una minoría valiosa: los usuarios que apuestan por la independencia tecnológica.

2003–2008 | Safari y Chrome

En 2003, Apple presentó Safari como su navegador predeterminado para el sistema operativo Mac OS X, sustituyendo a Internet Explorer para Mac. Basado en el motor de renderizado WebKit (derivado de KHTML), Safari fue diseñado para ser ligero, rápido y perfectamente integrado al entorno Mac.

Safari ganó popularidad sobre todo tras el lanzamiento del iPhone en 2007, ya que fue el único navegador disponible en el dispositivo. Esto garantizó millones de usuarios nuevos y consolidó su papel como un actor importante, aunque limitado al ecosistema Apple.

En 2008, Google lanzó Chrome, su propio navegador basado también en WebKit, pero con su propio motor de ejecución JavaScript llamado V8. Su propuesta era revolucionaria: interfaz limpia, velocidad ultrarrápida, procesos independientes por pestaña (sandboxing) y actualizaciones silenciosas.

Chrome se posicionó como la opción más eficiente y moderna. Su adopción fue meteórica: superó a Firefox en pocos años y eventualmente a Internet Explorer. Para 2018, era ya el navegador más usado del mundo, con más del 60% del mercado global, especialmente en plataformas Windows y Android.

Google convirtió su motor en un proyecto abierto llamado Chromium, que sería adoptado por navegadores como Opera, Brave y Edge. Sin embargo, esta hegemonía también ha despertado críticas: al igual que Microsoft en los 90, Google hoy concentra una influencia inmensa sobre los estándares web.

2015 | Microsoft Edge

Con la mala reputación que arrastraba Internet Explorer, Microsoft decidió dar un paso audaz. En 2015, presentó Microsoft Edge, un navegador completamente nuevo desarrollado desde cero para Windows 10, con la promesa de ser más moderno, seguro y rápido que su antecesor.

La primera versión de Edge usaba un motor de renderizado propio llamado EdgeHTML, pero su escasa compatibilidad con sitios web, falta de extensiones y problemas de rendimiento hicieron que muchos usuarios lo descartaran rápidamente. La cuota de uso fue decepcionante, especialmente frente a Chrome.

En un giro inesperado, Microsoft anunció en 2018 que reconstruiría Edge basado en Chromium, el mismo motor de Chrome. La nueva versión, lanzada oficialmente en 2020, ofrecía compatibilidad total con extensiones de Chrome, mejoras en velocidad y una interfaz más pulida.

Desde entonces, Edge ha mejorado su posición. Se ha ganado elogios por funciones como el modo lector, integración con herramientas de productividad de Microsoft y consumo energético optimizado en laptops. También ha ganado presencia en dispositivos empresariales por su vínculo con Windows 11.

Aun así, Edge enfrenta un problema de percepción: muchos usuarios lo ven como una herramienta impuesta, no elegida. A pesar de su calidad técnica, aún lucha por desprenderse del estigma de su pasado como el heredero de Internet Explorer.

2022–2025: Navegación inteligente e interacción conversacional

A partir de 2022, la evolución de los navegadores dio un giro radical con la incorporación de la inteligencia artificial como eje central en la experiencia de navegación. Hasta entonces, los navegadores habían sido ventanas pasivas hacia la web; ahora, comenzaban a integrarse herramientas activas que analizaban, organizaban e incluso interpretaban la información en tiempo real. Esto abrió la puerta a nuevos actores que no solo prometían velocidad, sino comprensión contextual.

Uno de los primeros en romper el molde fue Arc, lanzado por The Browser Company. Basado en Chromium, Arc apostó por una experiencia de navegación completamente rediseñada: sin pestañas tradicionales, con herramientas integradas para organizar contenido, crear espacios de trabajo y visualizar la web de manera más dinámica. Su interfaz tipo “comando”, diseño minimalista y foco en productividad lo convirtieron en un favorito entre diseñadores, desarrolladores y usuarios avanzados.

También emergieron navegadores como Brave AI, que integraron modelos de lenguaje para ofrecer respuestas directas sin necesidad de buscar enlaces, y Neeva AI, centrado en la privacidad y búsquedas sin publicidad. Aunque Neeva fue finalmente adquirido por Snowflake en 2023 y cerrado como producto de consumo, marcó un precedente claro: la navegación ya no era solo visual, sino conversacional y predictiva.

En ese mismo contexto, OpenAI anunció en 2025 que trabaja en el desarrollo de un navegador web propio, construido en torno a su modelo GPT-4o. A diferencia de otros proyectos, el navegador de OpenAI no se limitará a mostrar páginas: entenderá el contenido, podrá resumirlo, comparar fuentes, automatizar tareas, completar formularios y responder preguntas en lenguaje natural. Se prevé que funcione como un copiloto web para periodistas, investigadores, estudiantes y usuarios cotidianos.

Este nuevo ecosistema marca el nacimiento de una nueva era: la de los navegadores inteligentes, donde la IA no solo acelera procesos, sino que media entre el usuario y la información. Lejos de competir solo por velocidad, los navegadores del futuro compiten por ser útiles, proactivos y éticos. Y en ese campo, OpenAI, Google, Apple, Brave, Mozilla y nuevos jugadores ya libran una batalla por definir cómo —y con qué filtros— accederemos al conocimiento digital en los próximos años.

Desde una herramienta rudimentaria en blanco y negro hasta asistentes virtuales impulsados por IA, los navegadores han sido una pieza clave en la historia digital de la humanidad. Ahora, con la entrada de OpenAI, una nueva batalla por el futuro de la web está por comenzar.

¿Qué opinas del futuro de la navegación con inteligencia artificial? Comparte tu visión en los comentarios.

¿Recuerdas tu primer navegador? Cuéntanos cuál usaste y cómo cambió tu experiencia en la web.

Si pudieras diseñar tu propio navegador con IA, ¿qué funciones tendría? Escríbelo abajo.

 

«pdg»