MexiCanUs: Cien kilómetros nos abofetearon con cinco ponchadas

Llegar a Soledad nunca fue tan complicado. Filas de huracanadas nos enfrentaron los últimos veinte kilómetros. Los primeros cien nos abofetearon con cinco ponchadas

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Domingo 2 de julio

Sobre la carretera 1, cubriendo más de un  cuarto de milla, se deslavó una montaña. Aunque eso fue motivo de cambios y de estrés imprevisto, hubo una resolución limpia. Hoy rodamos largo, de Paso Robles a Soledad.

Llegar a Soledad nunca fue tan complicado. Filas de huracanadas nos enfrentaron los últimos veinte kilómetros. Los primeros cien nos abofetearon con cinco ponchadas. De cualquier manera logramos estar en Soledad.

Después del caos aéreo y habiendo llegado al discreto hotel donde pasaríamos la noche, lanzamos la ropa apestosa (casi toda) a una bolsa para llevarla a lavar. La máquina pedía dos dólares y veinticinco centavos para arrancar; cumplimos con su demanda.

Muy campantes íbamos de vuelta al cuarto cuando nos dimos cuenta de que no habíamos puesto jabón en la lavadora… Dejamos que los tantos minutos, de enjuagar más que lavar, pasaran y regresamos por lo nuestro. Nada olía mal: misión cumplida.

Mañana rodamos hasta Santa Cruz, el pueblo de los surfers. Ahí tendremos que arreglárnoslas para llegar a San Francisco a tiempo, evitando la euforia independentista del “Fourth of July”.

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