Sacerdote milagroso en Argentina

El cura José Gabriel Brochero será canonizado el domingo en el Vaticano por haber devuelto la vida a dos niños en estado, prácticamente, vegetativo

Por: AFP

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VILLA CURA.

Nicolás Flores era “un niño de trapo” después de un accidente que le dejó graves lesiones cerebrales. Pero a sus 16 años habla y camina, un “milagro” que su familia atribuye al cura Brochero, quien será canonizado por el papa Francisco este domingo en Roma.

“Siento como hormiguitas en la panza cuando toda la gente me va a ver”, dijo el adolescente, quien estará presente en el Vaticano, y dejó atónita a la medicina por haber recuperado el habla y el movimiento, dos facultades que dependen de la parte del cerebro que perdió, el hemisferio izquierdo.

Sus padres, Sandra Violino y Osvaldo Flores, durante toda su vida, fueron devotos de José Gabriel Brochero, “el cura gaucho”. En su santuario se casaron y bautizaron a su único hijo.

De poncho, mate en mano y montado sobre su mula “Malacara”, la réplica de la imagen más emblemática del Cura Brochero llegará a Roma junto a cientos de peregrinos de la provincia argentina de Córdoba. La canonización contará además con la presencia de dos niños argentinos con casos y pronósticos científicos similares.

“Nico es un milagro de Brochero, trabajado y permanente”, desde que sufrió el accidente a sus 11 meses de edad en el año 2000, dijo su madre.

Un viaje familiar terminó en un trágico accidente que cobró la vida del abuelo materno del niño y con su madre y abuela heridas de gravedad.

Ni los bomberos ni los médicos se explican cómo Nicolás sobrevivió al golpe en su cabeza. El niño, que quedó con hemiplejia en su lado derecho, sufrió tres paros cardiacos, uno de ellos de 15 minutos antes de confirmarse un traumatismo cerebral irreversible.

“El pronóstico médico fue que tendría una vida vegetativa”, contó Violino, abogada, junto a Osvaldo, funcionario judicial.

La madre recordó que “al principio era un niño de trapo, no respondía a ningún estímulo, ni siquiera lloraba”.

Su padre, ileso en el accidente, encomendó la vida de su hijo al “cura gaucho”.

Asuntos cerebrales

Aunque los casi 7 mil habitantes de la Villa Cura Brochero, llamada así en honor al sacerdote, dicen haber visto y escuchado los milagros de miles de fieles, fueron los casos de Nicolás Flores y de Camila Brusotti, los que validó el Vaticano para beatificarlo en 2013 y canonizarlo ahora.

“Dos casos con dolencias en el cerebro”, subrayó el monseñor Santiago Olivera, obispo de la diócesis de Cruz del Eje en Córdoba.

La relación que establecen los fieles de Brochero con estos milagros tiene su origen con el hecho de que cuando se exhumaron sus restos en 1976, su masa encefálica estaba intacta, 59 años después de su muerte.

La niña Camila, de la provincia de San Juan, sufrió a los nueve años (en 2013) una golpiza brutal en su casa que la dejó en coma y con daños cerebrales irreversibles, según los médicos. Mientras su madre y padrastro se responsabilizaban mutuamente del maltrato ante la policía, su abuela pidió por su vida a Brochero.

Sin una explicación científica, Camila se recuperó, dejó atrás la respiración mecánica y ahora lleva una vida normal.