Brasil, el lado femenino del poder

La actual presidenta Dilma Rousseff tiene que disputar el trono con Marina Silva, ecologista y de confesión evangélica

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RÍO DE JANEIRO.— La política brasileña, y en concreto la campaña presidencial, vive ahora una situación que es por lo menos extraña.

De hecho, si no suena tan raro que dos exmiembros del entonces gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010) ahora busquen la nueva Presidencia brasileña el próximo 5 de octubre desde partidos rivales, es mucho menos habitual que lo hagan con ideas opuestas y que ambas sean mujeres.

Dilma Rousseff es hoy una de las mujeres más influyentes del mundo, junto con Michelle Obama y Angela Merkel. Pero desde hace pocas semanas tiene que disputar el trono con Marina Silva, política ecologista y de confesión evangélica que logró 20 millones de votos en las pasadas elecciones.

El accidente aéreo en el que murió Eduardo Campos —entonces candidato del Partido Socialista Brasileño (PSB) a la presidencia— y 10 personas más el pasado 13 de agosto hizo reestructurar el liderazgo electoral del partido, que designó sucesora a la exministra de Medio Ambiente, a pesar de que la viuda de Campos también era una aspirante.

Este cambio de representante medio forzado e improvisado ha alterado el panorama político brasileño. El último sondeo realizado por el Instituto de investigación Datafolha apunta que desde que Silva está al mando del PSB, podría empatar en el número de votos con la actual mandataria en la primera vuelta y la derrotaría en un eventual balotaje por 10 puntos.

El tercer candidato a la Presidencia, Aecio Neves del Partido de la Social Democracia Brasileña, está cada vez más lejos de la intención de voto de los electores, cuando hace un mes superaba a Eduardo Campos en los sondeos de la primera vuelta. Tanto es así, que la prensa brasileña y los debates políticos organizados en las principales televisiones del país ya dan por hecho que estas elecciones se han convertido en un juego entre ambas mujeres.

Sin embargo, la principal preocupada es la presidenta de la República que, según la visión de algunos especialistas, el votante de Marina se deja llevar más por un sentimiento emocional que racional, pues fue ella misma quien protagonizó el deseo de dar un giro en la entonces política en las protestas que se iniciaron durante la Copa Confederaciones de 2013. Su gran discurso se centra en diferenciarse del bloque PT y PSDB —los dos partidos que llegaron a la segunda vuelta en las elecciones pasadas— y el de captar los votos de los indecisos y de los electores de las grandes ciudades.

Rafael Cortez, economista de la consultora económica Tendencias, comentaba a la Agencia Brasil que “Marina moviliza al electorado que no se siente representado por los partidos tradicionales y que expresa hartazgo con la clase política”. Aunque añadió que la postulante opositora a Rousseff necesita mostrar una agenda propositiva y más estructurada para enfrentar a su rival que continúa competitiva.

Decepción homófoba

Silva ha sido muy cuestionada por algunos colectivos y candidatos debido a las “enormes contradicciones” de su programa

—como apuntó Neves en un debate—. Un día después de presentarlo, la exministra hizo algunas correcciones, incluso el retiro de su apoyo legislativo a la aprobación de una propuesta de ley para la legalización del matrimonio entre parejas homosexuales, cuando Campos decidió avalarlo y hablaba de “no poner obstáculos” a la adopción.

Hasta el propio coordinador de asuntos homosexuales de la campaña de Silva, Luciano Freitas,  que además es un reconocido dirigente de los movimientos gay del país, admitió que “fuimos sorprendidos” con el cambio y consecuentemente dimitió.

Por su propio pie, pero también desde las filas evangélicas, Marina fue presionada para que se desdijera y rebajara el nivel de apoyo a las históricas reivindicaciones del colectivo homosexual. A través de las redes sociales y antes de modificar el asunto, el Pastor Evaraldo, candidato a la presidencia del Partido Socialista Cristiano (PSC) le comentó a través de su cuenta de Twitter que “el programa de gobierno es una defensa vergonzosa de la agenda gay”.

Este giro moderado no sólo ha desencantado algunos colectivos, sino que ha servido de palanca a Rousseff para rebatirle las contradicciones que suscita la ecologista como candidata.

Recesión, tema central en la campaña electoral

Si las incoherencias de los últimos días son el punto débil de Silva, la recesión económica que sufre el país es el talón de Aquiles de Rousseff, un tema explotado por los demás candidatos.

Brasil entró la semana pasada en “recesión técnica” después que el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística divulgara el resultado del PIB del segundo trimestre, que reculó 0.6%. Si eso se diera también en el tercero sería considerada una “recesión clásica” y éste es el pánico de los políticos y una de las principales preocupaciones de la herencia de Dilma.

“La estabilidad económica fue una conquista de la sociedad brasileña descuidada por la Presidenta, y no hay responsabilidad fiscal como debería. Si vuelve la inflación no habrá cómo tratar los temas de educación, salud, movilidad urbana y seguridad pública”, sostuvo Silva en uno de los debates televisivos.

Las duras críticas a que se enfrenta la actual mandataria por el lento crecimiento del PIB y alta inflación del país, no le han impedido recordar que “hemos sacado a 36 millones de personas de la pobreza y hemos metido a otros 42 en la clase media”, que

a su vez ha prometido cambiar el equipo económico si es reelegida.

Sin que el panorama económico sea el más favorable y a un mes para las presidenciales, que conoce que estas elecciones serán las más caras de la historia de Brasil: su costo llegará a unos 31,500 millones de dólares, una cantidad suficiente para financiar la Bolsa Familia, el programa social del país durante seis años, según reveló este lunes la revista electrónica “Congreso en Foco”.

Influencia religiosa

El posicionamiento de una cristiana evangélica a la cabeza de las presidenciales de Brasil, como lo es Marina Silva, ilustra el dramático aumento que tendrá en religión y agravará una influencia ya importante en la elaboración de leyes de Brasil por parte de grupos religiosos en el Congreso.

The Christian Science Monitor publicó en su sitio web que a las 24 horas de lanzar su campaña, Silva retiró su apoyo a los proyectos de ley que reconocían el matrimonio homosexual y el apoyo a la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

El portal agrega que en los últimos 30 años, la popularidad de las iglesias evangélicas se ha disparado en Brasil, un país tradicionalmente católico.

Si bien Brasil sigue siendo el hogar de más católicos que cualquier otra nación en el mundo, la proporción de la población que se identifica como evangélica pasó de cinco por ciento en 1970 a 22 por ciento en 2010 —alrededor de 42.3 millones de personas—. Para 2030, se pronostica que el número de evangélicos sea 50 por ciento de la población de Brasil.

Los grupos de presión y los políticos evangélicos han trabajado sin descanso para consolidar y expandir su control sobre la política y los medios de comunicación, con resultados sorprendentes, explica el sitio web. Políticos cristianos evangélicos aumentaron 50 por ciento más sus escaños en el Congreso en 2010, tienen 63 de 513 escaños en la Cámara baja.

El número de candidatos evangélicos apoyándose en las elecciones regionales y nacionales de octubre ha aumentado en 45 por ciento desde 2010, a 328 candidatos.

Silva era una ferviente católica hasta finales de 1990, cuando se convirtió al evangelismo.

El evangelicalismo surgió en Brasil en la década de 1980, en momentos en que la Iglesia católica y la economía del país estaban en crisis.

—De la redacción

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