Uso de velo, tradición musulmana que se volvió identidad

En algunos países en los que el Hijab dejó de ser imposición, muchas mujeres lo siguen portando por decisión propia y eligen entre los diferentes tipos que existen, de acuerdo con la situación y el lugar

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CIUDAD DE MÉXICO, 20 de octubre.- Una sala amplia forrada con alfombra verde es el punto de reunión para una veintena de mujeres de distintas edades y nacionalidades que esperan escuchar el sermón del imán. Todas, sin excepción, cubren su cabeza con lienzos que van de los colores discretos a los vistosos y diseños sencillos a los muy elaborados y elegantes.

Entre estas mujeres se encuentra Elahe Mirzaei, una joven de origen iraní, que porta un manto azul sobre su cabeza y da varias vueltas a su cuello mientras revela algunos cabellos negros: “el velo forma parte de mi religión, que dice que las mujeres están mejor si cubren su cabeza, aunque portarlo es una cuestión personal no una imposición; si un día no lo quieres usar puedes no hacerlo”.

Pocas prendas femeninas tienen una carga de significados tan amplia como el velo islámico. Portar esta tela que cubre el cabello, rostro y en algunos casos el cuerpo de muchas musulmanas es un manifiesto religioso y político o simplemente una expresión cultural.

Pero en la actualidad el velo islámico también se relaciona constantemente con la opresión femenina, sobre todo en países de occidente en donde se desconocen aspectos relacionados con su uso.

Es por eso que Elahe defiende su costumbre de usar el velo: “el tamaño, color, forma y qué tanto tapas lo decides tú; lo que hace el Islam es sugerir que te cubras para protegerte de la vista de los demás”. Agrega que la forma de llevar el velo depende de la región y el concepto personal de estética de cada una de las musulmanas que lo portan.

A diferencia de las mujeres que se reúnen en el Centro Educativo de la Comunidad Musulmana cada viernes a las 2 de la tarde, Elahe no está aquí para atender a la voz que sale de una bocina al fondo de la sala y anuncia los mandatos del Islam. La chica iraní, que vive en México desde hace dos años, busca adquirir carne halal, es decir, carne sacrificada bajo los estrictos ritos del islamismo.

Aunque asegura que lleva la prenda por decisión propia, algo es seguro: cuando vivía en la República Islámica de Irán, usar el velo no era opción, puesto que en el país regido por leyes islámicas está establecido que todas las mujeres deben cubrir su cabeza.

Otros países en los que las mujeres, incluso las turistas, deben cubrirse con velos en lugares públicos son Arabia Saudita y Yemen, aunque en la mayoría de los países musulmanes el uso del velo se presenta como una opción.

Para Fatima, compatriota de Elahe, aquella imposición de su país natal ha quedado atrás y parece satisfecha al desentonar con las demás mujeres que ocupan la sala, puesto que no cubre su larga cabellera rizada y no presenta señales de sentirse apenada por ello. No es musulmana y no tiene miedo a decirlo en voz alta, aunque en su país de origen decirlo tan abiertamente no es una buena idea.

“(En Irán) puedes vivir bajo tus propias reglas, pero nunca hablas de si eres o no musulmán en la calle con gente desconocida. Siempre que entras a la tierra de Irán debes llevar el velo en la calle, seas o no musulmana, incluso si eres turista”, afirma Fatima en entrevista con este diario.

La joven considera que existen millones de mujeres que odian el Hijab, palabra que engloba el concepto islámico de cubrirse: “la voz de estas mujeres no se escucha en sus países de origen, pero cuando pueden hablar lo hacen para medios del extranjero. Tal vez por eso se ha expandido la idea de que las mujeres iraníes o las musulmanas viven en una prisión”.

Sin embargo, Fatima reconoce que también existen muchas musulmanas que, como Elahe, les gusta llevar el velo, el cuál no sólo tiene por objetivo tapar sino expresar una “forma de belleza” y la cultura de cada uno de los países en los que es común usarlo en obediencia a los mandatos del Corán.

De imposición a costumbre

A través de los países de Oriente Medio, hasta África Subsahariana y Asia Central, el uso del velo se constituyó siglos atrás por los mandatos del Corán, al mismo tiempo que se adaptó a las costumbres y culturas de cada país. Otros tipos de velo son el Al-Amir, el Khimar y el Shayla.

De acuerdo con los seguidores del Islam, el Corán ordena a las creyentes que se “cubran desde arriba con sus vestidos. Esto es lo más adecuado para que se les reconozca y no sean molestadas”. El fundamento de este mandato es que las mujeres sean modestas y mantengan fuera de la vista de los hombres el cuerpo femenino para que éste no se convierta en un objeto de deseo.

En una época en donde el valor de la mujer se define en muchas ocasiones por su aspecto físico, el velo provoca que la mujer sea valorada por sus capacidades intelectuales y emocionales, según Noha El Haddad, una joven española de 25 años que nació en el seno de una familia musulmana.

“Con el velo lo que conseguimos es que nuestro aspecto físico deje de ser importante y cuando conoces a una musulmana no vas a juzgarla por si tiene un pelo muy bonito o si tiene curvas de escándalo sino cómo piensa, vas a tener que hablar con ella para conocerla”, afirma Noha en entrevista telefónica con Excélsior.

Confiesa que tomar la decisión de portar el velo resultó difícil en un país en donde la mayoría de las jóvenes de su edad tienen una escala de valores totalmente distinta a la del Islam.

Noha contradice el estereotipo de la musulmana reprimida y sin instrucción académica puesto que a sus 25 años está por terminar la licenciatura en Medicina, conduce y tiene ambiciones profesionales: “mi familia siempre ha sido musulmana, yo he nacido en España he estudiado hasta la universidad, me estoy preparando para hacer mi especialidad y en ningún momento el velo me ha frenado de hacer lo que hago”.

Mil palabras para describirlo y otras mil formas de llevarlo

Existen miles de palabras para nombrar el Hijab así como formas de portarlo. Cada una de éstas responde a la cultura en la que se porta el atuendo y la percepción de las personas sobre cómo es correcto obedecer los mandatos del Corán.

El Niqab, por ejemplo, cubre todo el cuerpo de la mujer, su cabeza y rostro dejando sólo al descubierto los ojos de quien lo usa, es más popular en las naciones que rodean el Golfo Pérsico, aunque también en algunos países de Oriente Medio.

Con más tela existe la polémica Burka, la cual tapa por completo la anatomía de la mujer, y una rejilla en los ojos es el único contacto con el exterior. Esta prenda es común entre las mujeres de Pakistán y Afganistán, en este último, bajo el régimen de talibán que se impuso de 1996 a 2001 el uso de la Burka era obligatorio.

Otro velo es el Chador, que cubre el cuerpo entero y rodea su rostro para que sea lo único visible.

Un asunto político en las cabezas femeninas

En constantes ocasiones el velo se ha situado en medio del debate político internacional por tratarse de un instrumento que ha definido el rumbo político de las naciones que imponen su uso así como para aquellas que lo prohíben.

En Francia, por ejemplo, en 2010 se prohibió el uso de velos que cubren el rostro de las mujeres en lugares públicos. Esta ley ha provocado reacciones negativas puesto que, aseguran, aplasta los derechos humanos de las mujeres que desean seguir los mandatos de su religión.

España, Alemania e Italia han cuestionado episodios en que prohíben a mujeres y niñas usar velos en escuelas, hoteles u otros lugares públicos, aunque no existen leyes que especifiquen la exclusión.

Turquía fue más severa con la veda, cuando Kemal Ataturk, fundador de la República de Turquía que se estableció como laica, prohibió el uso del velo con el objetivo de eliminar cualquier expresión de islamismo en la nación. Casi 90 años después el gobierno de Recep Tayyip Erdogan invalidó esa prohibición y mujeres que tengan empleos públicos pueden llevarlo en la cabeza.

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