El potencial literario del miedo; Fernanda Trías

La escritora uruguaya cierra un ciclo de 20 años con sus novelas 'La azotea' y 'Mugre rosa'

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CIUDAD DE MÉXICO.

El miedo, la pérdida y la incertidumbre son los temas que regresaron a la escritora uruguaya Fernanda Trías (1976) con un intervalo de 20 años e inspiraron dos novelas protagonizadas por una mujer y un niño, La azotea (2001) y Mugre rosa (2021); pero que fueron resueltas de una manera diferente, aclara, la primera a través de una estructura clásica, y la segunda con una más experimental.

No me di cuenta de cuántas cosas se repetían. En las dos, los personajes principales enfrentan amenazas imaginarias y reales, hay un pájaro y una jaula y se explora el vínculo padre-hija, en la primera, y madre-hijo en la segunda. Puede decirse que se cierra una especie de ciclo”, admite la narradora en entrevista desde Bogotá (Colombia), donde vive actualmente.

La azotea, su primera novela, acaba de ser publicada en México por el sello

Dharma Books; mientras que Mugre rosa, editada por Alfaguara, estará en librerías en abril próximo.

Siempre he trabajado con editoriales independientes, hasta mi novela más reciente. La primera representa mi fe y compromiso con los sellos pequeños, y la segunda mi apertura a buscar más lectores”, afirma quien es considerada una de las plumas más inquietantes de las letras hispanas actuales.

La azotea narra la vida de Clara, quien es prisionera casi voluntaria en un mundo cerrado y atroz, tras tomar la decisión de encerrarse con su padre en el ático de su casa, donde nace su hija.

Mugre rosa se desarrolla en una ciudad portuaria asolada por una peste misteriosa, donde una mujer y un niño obeso que padece un síndrome, el cual no le permite dejar de comer, deben vencer la enfermedad, los vientos envenenados y la catástrofe ambiental.

Hace mucho que deseaba que La azotea llegara a los lectores mexicanos, pero había que esperar la mejor oportunidad y el momento justo; un editor que se apasionara por el libro y que realmente apostara por él. Arriba en el año de la pandemia, lo que ha permitido leerla desde otro ángulo, conectando con experiencias que ahora son de todos y antes no lo eran”, comenta.

La maestra en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York explica que este título habla sobre el terror de la pérdida, llevado a un punto enfermo.

Toda la crueldad nace de un amor trastornado de una hija hacia su padre que, por temor a perderlo, hace las cosas más atroces. Parte de la premisa de cómo por
proteger lo que más amamos somos capaces de destruirlo”.

La también cuentista –El regreso (2012) y No soñarás flores (2016)– detalla que en ambas novelas está presente el miedo.

El miedo es una emoción que en lo personal me obsesiona, porque actuamos constantemente empujados por él, para afuera y para adentro, hacia la reclusión o saltando al abismo.

Todo el tiempo estamos tomando decisiones, casi sin reflexionarlas, por el miedo, que es una emoción arcaica, primitiva; está ahí para ayudarnos a sobrevivir, pero ocurre lo opuesto a lo que sería su función instintiva. Estamos en una sociedad tomada por el miedo. Es una emoción que ha estado presente en mi vida, que he tenido que enfrentar. Considero que tiene mucho potencial literario”, indica.

La autora de las novelas Cuaderno para un solo ojo (2002) y La ciudad invencible (2014) admite que “es curioso cómo estos temas volvieron a mí después de 20 años. En La azotea, el afuera es un lugar hostil, pero podría ser una amenaza imaginaria, abstracta; y en Mugre rosa es una amenaza real, un viento venenoso y una crisis medioambiental que dispara otras estrategias de supervivencia”.

Destaca que en ambos títulos está presente su interés por la forma.

Me sigue interesando construir atmósferas: claustrofóbica, oscura y de encierro en La azotea; y gaseosa, con neblina, pantanosa y gris en Mugre rosa. Mi relación ahora con el lenguaje es más plástica; me gusta que éste no sólo cuente la historia, sino que genere una sensación, una experiencia”.

Fernanda Trías adelanta que actualmente escribe otra novela con una voz parecida a la protagonista de La azotea, sencilla pero profunda. “Se genera una especie de péndulo”, finaliza.

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