El color en continua mutación

La galería RGR exhibe 12 de las últimas piezas del artista franco-venezolano, Carlos Cruz-Diez, protagonista del arte óptico y cinético

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Fotos: Cortesía Galería RGR

CIUDAD DE MÉXICO.

Color autónomo que fun­ciona como una realidad emocional y alternativa. Así se describe la expe­riencia del arte óptico y cinético del franco-vene­zolano Carlos Cruz-Diez (1923-2019), uno de los protagonistas más signi­ficativos de esta corriente que reivindica “la toma de conciencia de la inestabi­lidad de lo real”.

Teórico del color, la in­vestigación de este artis­ta, que vivió y trabajó en París desde 1960 hasta su muerte, se fundamenta en cuatro condiciones cro­máticas: sustractiva, adi­tiva, inducida y refleja, se lee en su página web.

Su discurso plástico gravita alrededor del fe­nómeno cromático con­cebido como una realidad autónoma que evoluciona en el espacio y en el tiem­po, sin ayuda de la forma ni del soporte, en un pre­sente continuo. Sus in­vestigaciones lo revelan como uno de los pen­sadores del color del siglo XX”, se agrega.

El trabajo más reciente de Cruz-Diez se puede ob­servar en la exposición Color y línea en movimiento, que per­manecerá abierta al pú­blico hasta el próximo 9 de julio en la Galería RGR (General Antonio León 48, San Miguel Chapultepec).

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CARLOS CRUZ-DIEZ, ARTISTA VISUAL

La muestra, la segunda individual que presenta este recinto en la Ciudad de México, reúne múlti­ples obras creadas por el artista visual en su estudio de la Ciudad de Panamá, entre 2010 y 2018, infor­ma la galería.  

La muestra está com­puesta por 12 piezas per­tenecientes a diferentes líneas de investigación, en las que Cruz-Diez explo­ró el comportamiento del color como un fenómeno autónomo”, se detalla.

Destacan que, en los pro­cesos del artista, la relación entre espectador y objeto – muy importante en el arte cinético– se volvió “intrín­secamente ligada al entendi­miento y disfrute de su arte”.

Galería RGR explica, en un comunicado, que las lla­madas Fisicromías fueron la culminación de los ex­perimentos con color que comenzaron al principio de su carrera; la primera fue creada en 1959 y continuaron durante más de seis décadas.

El uso inicial de Cruz- Diez de cartones multico­lores y, posteriormente, de acrílicos o PVC colocados sobre planos pintados, for­mando configuraciones geométricas, evolucionó con el tiempo, adaptándo­se a nuevas tecnologías y materiales, que represen­tan la maduración de sus investigaciones sobre el color”, se indica.

Cuentan que, mien­tras trabajaba en un Co­lor Aditivo –la proximidad de dos líneas verticales–, Cruz-Diez superpuso una hoja de plástico con un patrón de líneas similar. “Esta inesperada inter­ferencia generó un color nuevo completamen­te independiente, resul­tando en la denominada Cromointerferencia”.

Señalan que el pro­ceso reductivo del crea­dor abrió la posibilidad a composiciones infinitas, las cuales extrajo cons­tantemente durante su larga carrera.

No nos quedamos quietos ante una obra de Carlos. Para experimen­tarla, debemos caminar de un lado a otro. El mo­vimiento lineal activa las transformaciones de co­lores y formas hacién­donos partícipes de su creación”, apuntan.

El color es un hecho autóno­mo que existe sin necesi­dad de la forma”, decía.

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