Qué le pasa al cuerpo cuando pospones la alarma del celular

Posponer la alarma del celular puede afectar la presión arterial y el ritmo cardíaco, advierten especialistas en salud cardiovascular.

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Posponer la alarma del celular puede provocar interrupciones en los ciclos del sueño y generar respuestas de estrés desde el inicio del día.(Foto: Canva)

El sonido del despertador interrumpe el silencio de la madrugada y marca el inicio del día para millones de personas. En ese instante, una acción se repite casi de manera automática: presionar el botón de “posponer”. Lo que parece un gesto inofensivo se ha convertido en una rutina cotidiana que, según especialistas en sueño y salud cardiovascular, podría tener implicaciones más profundas de lo que se cree. 

Retrasar el momento de levantarse no solo fragmenta el descanso, también puede activar respuestas fisiológicas asociadas al estrés desde los primeros minutos del día.

En contextos urbanos y laborales de alta exigencia, el uso reiterado del “snooze” se ha normalizado como una forma de extender el descanso. Sin embargo, médicos advierten que este hábito podría interferir con los procesos naturales del organismo, alterando la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los ritmos biológicos que regulan el funcionamiento del corazón.

Diversos estudios recientes han puesto atención en los efectos del sueño interrumpido, una condición distinta a dormir pocas horas, pero igualmente relevante para la salud a largo plazo. El problema, señalan los expertos, no radica únicamente en cuánto se duerme, sino en cómo se duerme y cómo se despierta el cuerpo.

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Especialistas advierten que el uso repetido del botón “snooze” eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca.(Foto: Canva)

Qué ocurre en el cuerpo cuando suena la alarma

Cada vez que suena una alarma, el cerebro recibe una señal abrupta que interrumpe el ciclo de sueño en el que se encuentre la persona. Este estímulo activa de inmediato el sistema nervioso simpático, responsable de las respuestas de alerta, elevando la presión arterial y acelerando el ritmo cardíaco.

Cuando el despertador se pospone, el organismo intenta volver al sueño, pero solo por unos minutos. Ese intento de reinicio es nuevamente interrumpido por el sonido de la alarma, lo que genera una secuencia de microdespertares que fragmentan el descanso. Este patrón puede repetirse varias veces en un corto periodo.

El radiólogo y profesor universitario José Manuel Felices ha advertido que cada repetición de la alarma puede provocar picos de tensión arterial. Según explica, el cuerpo reacciona como si enfrentara un estímulo de estrés repetido, aun cuando la persona permanece acostada.

Esta respuesta fisiológica no distingue si el estímulo es real o percibido como urgente. Para el organismo, cada alarma representa una señal de activación que rompe el estado de reposo necesario para una transición saludable entre el sueño y la vigilia.

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Dormir con alarmas repetidas se asocia con alteraciones hormonales que impactan la salud cardiovascular.(Foto: Canva)

Fragmentación del sueño y ciclos incompletos

Dormir no es un proceso uniforme. A lo largo de la noche, el cuerpo atraviesa distintas fases, entre ellas el sueño profundo y la fase REM, ambas esenciales para la recuperación física, la consolidación de la memoria y la regulación emocional. Interrumpir estos ciclos impide que se completen de forma adecuada.

Cuando una persona se despierta repetidamente por el uso del “snooze”, el organismo no logra consolidar el descanso profundo. Aunque el tiempo total en la cama parezca suficiente, la calidad del sueño se ve comprometida, dando lugar a una sensación de cansancio persistente al despertar.

Especialistas en neurología del sueño señalan que estos microdespertares pueden alterar la arquitectura del descanso, afectando procesos metabólicos y hormonales clave. Uno de los principales involucrados es el cortisol, hormona asociada a la respuesta al estrés.

Mantener niveles elevados de cortisol desde las primeras horas del día impacta directamente la presión arterial y favorece un estado de activación constante, poco compatible con una buena salud cardiovascular.

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El despertar fragmentado impide completar fases profundas del sueño esenciales para la recuperación del organismo.(Foto: Canva)

Riesgos cardiovasculares asociados al mal descanso

La relación entre sueño y salud cardiovascular ha sido ampliamente documentada. Cardiólogos advierten que la desregulación de los ritmos circadianos, provocada por un descanso fragmentado, se asocia con hipertensión arterial, alteraciones en la frecuencia cardíaca y mayor riesgo de arritmias.

Además, la falta de sueño reparador se ha vinculado con resistencia a la insulina, alteraciones en el metabolismo de los lípidos y aumento del riesgo de enfermedades coronarias. Estos efectos no suelen manifestarse de forma inmediata, sino como un desgaste progresivo del sistema cardiovascular.

Dormir mal no equivale únicamente a sentirse cansado. La somnolencia diurna, la dificultad para concentrarse y la irritabilidad son señales tempranas de un desequilibrio que puede tener consecuencias a largo plazo si se mantiene en el tiempo.

Desde esta perspectiva, el hábito de posponer la alarma se suma a otros factores que contribuyen a una mala higiene del sueño, como horarios irregulares, consumo de cafeína nocturna o exposición prolongada a pantallas antes de dormir.

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Médicos recomiendan programar una sola alarma y mantener horarios regulares para proteger el corazón.(Foto: Canva)

El papel del celular como despertador

El uso del teléfono celular como despertador introduce un elemento adicional al problema. Tener el dispositivo cerca de la cama favorece la exposición a la luz azul, tanto antes de dormir como al despertar, lo que interfiere con la producción de melatonina, hormona clave para regular el ciclo sueño-vigilia.

Además, la cercanía del celular incrementa la probabilidad de revisar notificaciones, mensajes o redes sociales en cuanto suena la alarma. Esta conducta refuerza un estado de alerta inmediata que eleva el nivel de estrés desde el inicio del día.

Especialistas en salud digital advierten que este estímulo temprano puede condicionar la respuesta emocional de la jornada, aumentando la sensación de prisa y ansiedad. En términos fisiológicos, se traduce en una activación temprana del sistema cardiovascular.

Por ello, algunos expertos recomiendan utilizar despertadores tradicionales o colocar el teléfono lejos de la cama, de modo que sea necesario levantarse para apagarlo, evitando la tentación de posponer la alarma.

Recomendaciones para un despertar más saludable

Frente a este panorama, los especialistas no plantean soluciones extremas, sino ajustes graduales en los hábitos diarios. Programar una sola alarma y evitar el uso repetido del botón de “snooze” es una de las principales recomendaciones para mejorar la calidad del despertar.

Dormir entre siete y ocho horas continuas, mantener horarios regulares y procurar un ambiente adecuado para el descanso son medidas que favorecen una transición más natural entre el sueño y la vigilia. La regularidad, señalan los médicos, es un factor clave para la salud del corazón.

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