Los dueños silenciosos del mundo: por qué los gatos merecen un día solo para ellos
Explora la historia, curiosidades científicas y mitos que convierten a los gatos en los compañeros más fascinantes del reino animal
Los gatos no necesitan ladrar, saltar en círculos, ir por la pelota, ni seguir instrucciones para ganarse el corazón de millones. Les basta con un par de ojos expresivos, un maullido estratégico y esa elegante indiferencia que raya en lo divino. Hoy, 8 de agosto, se celebra el Día Internacional del Gato, y en Excélsior decidimos rendir tributo a estas criaturas que, sin decir palabra, se han convertido en reyes indiscutibles del hogar.
El Día Internacional del Gato fue instaurado en 2002 por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW), no solo como homenaje a su carácter enigmático, sino también como un llamado a la adopción responsable, la esterilización y el respeto a su naturaleza independiente. La fecha no es casualidad: agosto coincide con la temporada alta de reproducción felina en el hemisferio norte.
Pero si algo nos enamora de los gatos es esa dualidad entre lo misterioso y lo cotidiano. Son capaces de acompañarnos en el sofá como si fueran parte del mobiliario, y al mismo tiempo, mirarnos con la intensidad de quien conoce secretos ancestrales.
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Y hablando de misterios, ¿sabías que un gato puede emitir más de 20 sonidos distintos? El repertorio vocal va desde maullidos suaves hasta gruñidos guturales, pasando por trinos que parecen sacados de un laboratorio alienígena. Y eso es solo el inicio.
Hay quien dice que el ronroneo de un gato es terapéutico. No es solo una idea romántica: estudios han demostrado que el sonido grave y constante que producen al estar relajados puede reducir los niveles de estrés en humanos. Una máquina natural de relajación que además te acompaña sin pedir nada a cambio… o bueno, tal vez solo un poco de atún.
Pero no nos dejemos engañar por su calma: estos animales son verdaderos atletas del reino animal. Un gato doméstico puede saltar hasta seis veces su altura, lo que equivale a que un humano saltara sin impulso hasta el segundo piso de un edificio.
Como si no fuera suficiente, su nariz —ese pequeño triángulo húmedo que tantas veces ignoramos— es única. No hay dos gatos con el mismo patrón nasal. Es su versión de la huella digital, otro detalle fascinante que reafirma su individualidad.
Y claro, no podemos olvidar su presencia en los hogares. Se estima que hay más de 600 millones de gatos domésticos en el mundo. Solo en México, uno de cada tres hogares tiene al menos un gato, aunque el 70% de los gatos mexicanos viven sin cuidados formales.
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La cifra nos obliga a reflexionar: ¿cómo honramos realmente a estos compañeros silenciosos?
Pero hay más razones para celebrar a los gatos: su poder simbólico atraviesa la historia, la cultura popular y hasta lo místico. Desde Bastet, la diosa egipcia que protegía los hogares con mirada de felina, hasta el eterno Salem con su sarcasmo encantador, los gatos han sido figuras enigmáticas, veneradas, temidas y amadas por igual.
Y es que hablar de gatos también es hablar de cifras, supersticiones y legado. Dependiendo de la cultura, se les atribuyen siete o nueve vidas, y cruzarse con un gato negro puede traer buena o mala suerte según el país. Más allá del mito, hay datos contundentes: los gatos han convivido con nosotros por más de 9,500 años, tienen 18 garras (sí, 18) y en el mundo hay más de 100 millones de gatos salvajes aún sin domesticar.
En este ecosistema felino, también ha surgido una figura entrañable y poderosa: la “Karen de los gatos”. Lejos del meme con connotaciones negativas, en el mundo gatuno se ha resignificado para aludir —con humor y afecto— a quienes hacen todo por el bienestar de sus mininos.
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Son quienes rescatan, esterilizan, adoptan y hasta cargan con el título de “la loca de los gatos” con orgullo y ternura. Porque sí, amar a los gatos también es un acto de militancia afectiva.
Pero aún hay más rarezas que los convierten en nuestros compañeros más impredecibles. ¿Vegetarianos? Imposible. Los gatos son carnívoros obligados, una condición biológica que les impide vivir sin proteína animal. Y sus conductas, a veces desconcertantes, son parte de su encanto: te observan en silencio desde las sombras, corren a las tres de la mañana como si los persiguiera un fantasma, empujan cosas porque sí… y se sientan en tu laptop justo cuando más prisa tienes. Porque pueden.
Esa mezcla de elegancia salvaje y manías domésticas también tiene su lado exclusivo. Existen razas de gatos que no solo son adorables, sino francamente prohibitivas. El Khao Manee, con su mirada bicolor y aura casi mítica, puede costar más de 11 mil dólares. Le siguen el persa, el esfinge y otras joyas felinas que, como los vinos raros, no están al alcance de cualquiera.
Al final, no importa si tu gato es rescatado, de raza, callejero o adoptado en un impulso durante una tarde de lluvia. Lo cierto es que ningún felino tiene dueño. Y como bien dice esa frase popular que resume todo lo anterior con precisión quirúrgica:
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Si amas a los gatos, considera adoptar o esterilizar. ¡Haz la diferencia hoy!
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