¿Qué contenían? Estudio revela que termas de Pompeya estaban muy contaminadas para uso humano

Los baños públicos más antiguos de Pompeya presentaban condiciones sanitarias muy deficientes, con aguas escasamente renovadas y contaminadas tanto por restos orgánicos como por metales pesados.

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Terma de Pompeya.Reuters.

Una investigación realizada por la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (JGU), en Alemania, han puesto en entredicho la visión tradicional de las termas romanas como espacios modélicos de higiene y bienestar. 

¿Qué se encontró en el análisis de las termas en Pompeya?

Una investigación reciente demuestra que los baños públicos más antiguos de Pompeya presentaban condiciones sanitarias muy deficientes, con aguas escasamente renovadas y contaminadas tanto por restos orgánicos como por metales pesados

Estos hallazgos revelan que, al menos en sus primeras fases, las termas pompeyanas distaban mucho del ideal de salubridad asociado a la ingeniería romana.

El trabajo ha sido desarrollado por un equipo interdisciplinar del Instituto de Geociencias de la JGU, liderado por la geocientífica Gül Sürmelihindi y el geoarqueólogo Cees Passchier

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Termas en Pompeya.Reuters.

Sus conclusiones, publicadas en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se basan en el análisis detallado de depósitos de carbonato cálcico acumulados durante décadas en pozoscanalesacueductos y piscinas termales de la antigua ciudad.

Aunque Pompeya es comúnmente percibida como un ejemplo paradigmático de urbanismo romano, durante buena parte de su historia estuvo bajo el control de los samnitas, un pueblo itálico con tradiciones propias. 

No fue hasta el año 80 a.C. cuando la ciudad se convirtió oficialmente en colonia romana. Para entonces, sin embargo, ya existían dos importantes complejos de baño: las Termas Estabianas y las Termas Republicanas, estas últimas construidas alrededor del 130 a.C.

En esta etapa temprana, el abastecimiento de agua dependía exclusivamente de pozos profundos, de los que el agua se extraía mediante dispositivos de elevación similares a norias, accionados por esclavos

Según los investigadores, este sistema permitía bombear entre 900 y 5 mil litros de agua por hora, una cantidad insuficiente para garantizar una renovación constante del agua. Como resultado, las piscinas se llenaban solo una o dos veces al día, permaneciendo durante horas en un estado de uso intensivo.

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Termas en Pompeya.Reuters.

El análisis geoquímico de los carbonatos extraídos de las Termas Republicanas reveló niveles elevados de carbono orgánico, una señal inequívoca de contaminación biológica. Esto indica la acumulación de sudor, sebo cutáneo y orina en el agua, consecuencia directa del contacto continuado de los bañistas con las piscinas. 

Lejos de ser entornos higiénicos, estos baños funcionaban como auténticos caldos de cultivo de fluidos corporales.

Metales pesados en el agua con que se bañaban en Pompeya

A esta contaminación orgánica se añadía la presencia de metales pesados como plomo, zinc y cobre, detectados en concentraciones anómalas. Los investigadores atribuyen esta carga metálica al desgaste y la corrosión de tuberías y calderas metálicas utilizadas para conducir y calentar el agua. Cada reparación o sustitución de estos elementos podía liberar nuevas partículas contaminantes al sistema.

La situación comenzó a transformarse con la integración de Pompeya en el Imperio romano. Una de las principales actuaciones en materia de infraestructura fue la construcción de un acueducto que conectaba la ciudad con manantiales situados a más de 35 kilómetros al noreste. Este sistema incrementó el caudal disponible hasta unos 167 mil litros de agua por hora, lo que permitió una renovación mucho más frecuente del agua en las termas.

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Termas en Pompeya.Reuters.

Los depósitos minerales de los complejos posteriores muestran una reducción drástica del contenido orgánico, lo que evidencia una mejora significativa de las condiciones higiénicas

No obstante, los romanos recurrieron ampliamente al uso de tuberías de plomo, un material duradero pero altamente tóxico, cuyos efectos nocivos podían intensificarse durante las labores de mantenimiento.

La erupción del Vesubio en el año 79 d.C. selló bajo ceniza y piedra pómez no solo edificios y objetos, sino también un valioso archivo geoquímico

Gracias a este registro, la ciencia ha podido reconstruir una historia compleja del agua en Pompeya, que combina avances notables en ingeniería hidráulica con realidades sanitarias mucho menos ideales de lo que la tradición histórica ha transmitido durante siglos.

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