Agustín Monsreal, creador de incendios en prosa
El narrador, recién galardonado con el Premio Nacional de Artes y Literatura, habla del cuento, la IA y la imaginación inagotable

La prosa de Agustín Monsreal (Mérida, 1941) busca reinventar la realidad y transmutarla en pequeños incendios o apocalipsis que descarnen la condición humana.
Es un narrador y poeta de tiempo completo que mientras toma café revive la reciente caída que tuvo en el baño de su nieto o su falta de visión en un ojo.
Y, mientras lo hace, advierte que lo esencial en su escritura es el humor y no la carcajada, para luego recordar el consejo que le dio Augusto Monterroso: “Hay que procurar que entre el estilete (en forma de prosa) y que salga apenas con una gotita de sangre, aunque por dentro provoque una hemorragia interna”.
Así lo relata a Excélsior el autor de La banda de los enanos calvos, La mujer de tu prójimo y Minificciones: antología personal, luego de alzarse con el Premio Nacional de Artes y Literatura, en el Campo de Lingüística y Literatura, que aún no tiene fecha de entrega.
Eso que usted llama el incendio es mi propósito —dice Monsreal—, ubicar qué aspecto de la condición humana puede llamar la atención y conectar con el lector”.
¿Cómo recibe este premio?, se le pregunta a Monsreal, quien en los años 80 escribió la columna Tachas, en las páginas de Excélsior, en honor a Efrén Hernández.
Uno recibe el premio, pero somos una cofradía de gente que está trabajando en lo mismo. Entonces, cada quien trae su propia expresión y su propia voz. Yo creo que eso es lo que se va forjando con el tiempo, con la trayectoria, uno afina la voz de tanto usarla cada día”.
¿México tiene una larga tradición de cuentistas y cuenteros? “Aquí haré una diferencia medio alburera y diría que el cuentista hace actos de amor escritos y el cuentero hace actos de amor orales. Los cuenteros son los que ya cuentan el cuento hecho, y el cuentista es el que lo hace”.
¿Quiénes integran esa cofradía de cuentistas? “La cofradía cuentística fue de lo primero que empecé a coquetear con la lectura, con el famoso Julio Torri, quien abrió brecha sin saber a dónde iba a parar todo lo que estaba haciendo: crear un género literario (la microficción).
Y en México podemos destacar la cuentística mexicana con las ‘R’: Torri, José Revueltas, Monterroso, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Inés Arredondo, Elena Garro...”.
¿Considera que la imaginación es inagotable? “Por supuesto. La realidad es inagotable. Nos da para inventar lo que queramos. Más bien, uno deja de escribir por pereza, cansancio o distracción. Quizá porque llegó la mujer de mi prójimo —dice entre risas—, y pues ni modo de ponerme a escribir y desperdiciar el momento... o las piernas de mi vecina del 601 en el elevador… Siempre hay elementos para seguir construyendo artificios literarios. Eso es inagotable”.
¿Cuál es su rutina o su ritual de trabajo? “Todo es aleatorio y depende del momento, la circunstancia y del acontecimiento. No tengo una rutina. Escribo todos los días cualquier cosa y la disciplina la tengo después.
Por ejemplo, manejo libretas y papelitos para anotar ideas, y luego paso todo en libretas especiales que tengo para cuento o poemas y tengo libreta para cada una, con su respectiva pluma fuente de distinto color. Ése es el posible ritual, porque me gusta escribir con pluma fuente, cargar las plumas y mancharme los dedos de tinta es parte del encanto y lo disfruto verdaderamente. Ya después traslado (los relatos) a la computadora, donde siempre hay que ajustar cosas”.
¿Le causa conflicto leer ficción en computadora? “Durante un tiempo sí me lo causó, hasta que descubrí las bondades de la tecnología, como cambiar y cortar un párrafo, borrar o medir los espacios, cosas superficiales”.
¿Qué es lo que más aborrece del mundo? “Por salud mental procuro no aborrecer ni odiar. Odio la palabra odio, aunque ni siquiera la puedo odiar.
Hay cosas que me molestan, como la IA, por ejemplo, que no pareciera algo para crecer como seres humanos. Al menos, hasta ahora, es una cuestión que va limitando e impidiendo que se use nuestra propia inteligencia”, asevera.
¿Publicará algún libro próximamente? “Tengo como 12 libros inéditos. Ocurre que en los últimos años he estado trabajando mucho y, bueno, también ya me queda poco tiempo, así que tengo que procurar sacarme del buche lo que traigo todavía. Voy a procurar este año publicar, al menos, tres libros”, concluye.
MICROFICCIÓN CAUDALOSA Y MONUMENTAL
Agustín Monsreal también destaca la relevancia de la revista El Cuento, de Edmundo Valadés, que llegó a toda América de habla hispana y que abrió numerosos concursos para cuento breve, brevísimo y hasta llegar a la minificción.
Fue Valadés quien acuñó el término de minificción, que es el que yo prefiero, porque aglutina tanto el aforismo como el haikú, la viñeta, la estampa, la leyenda, en fin, acumula todo y así se vuelve caudalosa y monumental la minificción”, asegura el autor.
Ahora la minficción se ha puesto de moda, acepta Monsreal. “En los últimos 15 o 20 años ha nacido mucho minificcionista. La pandemia permitió o les hizo creer a muchos que era muy fácil escribir, porque es breve y suma la ocurrencia, el chiste. Y surgió mucho minificcionista.
Hay muchos actualmente, pero yo tengo para mí que los buenos son los que se han probado antes en el cuento, porque han adquirido la malicia, la pequeña sabiduría y la astucia literaria para captar los elementos del cuento trasladados microscópicamente a la minificción”, afirma.
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