Santa Fe pasó de tiradero a joya urbana
La falta de respeto a los programas de desarrollo ahora llevan desorden a una zona que debe ofrecer lujo
CIUDAD DE MÉXICO, 20 de mayo.- La zona de Santa Fe, ubicada al poniente de la Ciudad de México, ha vivido una transformación notable a lo largo de las últimas décadas. Lo que antes era un vertedero y minas de arena, conocido por la contaminación y la precariedad, se ha convertido en un importante centro corporativo y residencial, símbolo del desarrollo urbano y económico de la capital.
Esta evolución ha estado marcada por grandes inversiones, cambios en el uso de suelo y desplazamiento de comunidades originarias, como el pueblo de Santa Fe y la comunidad de La Viñita. La transformación ha generado debates sobre planeación urbana, impacto ambiental y desarrollo social, destacando tanto los logros como las críticas hacia la política de urbanización en la ciudad.
Sobre minas de arena y viejos tiraderos de basura, en el pueblo de pepenadores La Viñita, se levantó lo que muchos llaman “la pequeña Manhattan de la Ciudad de México”.
Una zona pensada para ser autosuficiente, cosmopolita, exclusiva y que aglutinara el poder financiero, a través de un esquema aplicado en ciudades de Estados Unidos y Europa.
Pero, con el tiempo, se convirtió en un ejemplo de crecimiento que algunos especialistas en urbanismo catalogan como desmedido y sin planeación.
El desarrollo inmobiliario City Santa Fe, conocido simplemente como Santa Fe, comparte nombre con el pueblo que se conformó en parte de las ruinas del hospital creado por Vasco de Quiroga en 1537, en la actual delegación Álvaro Obregón, que en la época de la colonia fue paso obligado para viajar a Toluca.
Desde el porfiriato se perfilaba para ser un lugar de élite, pues fue una zona de recreo para las familias adineradas de Tacubaya.
Antes de la Revolución Cubana, en esta zona hubo un campo en el que Ernesto Che Guevara y Fidel Castro practicaron tiro al blanco, se llamó “Los Gamitos”, en Pueblo Nuevo.
En los 80, esta zona del poniente fue considerada peligrosa por la banda Los Panchitos, con presencia en Tacubaya, Observatorio y Daniel Garza.
Pusieron en jaque a la población con la pinta de bardas, asaltos, golpizas y tomaron tanta fuerza que las autoridades se acercaron a ellos para integrarlos a actividades deportivas, sociales y laborales hasta disolver la banda.
Se hicieron tan famosos, por conflictivos, que la frase: “no hagas panchos” fue inspirada en ellos.
María de Jesús Díaz es historiadora de la Universidad Iberoamericana, la primera institución educativa que se construyó “en el nuevo Santa Fe”, como ella le llama.
La académica es nativa del pueblo desplazado por los corporativos y torres lujosas con viviendas valuadas en dólares.
“Cuando dicen Santa Fe lo ubican es la zona nueva y no tienen conocimiento de que es un lugar que tiene sus orígenes en el siglo XVI, con una población que permaneció con sus costumbres hasta mediados del siglo XX. Ahí sembraban maíz y cebada, se explotaban las laderas de las barrancas, se trabajaba con un material muy apreciado como el tepetate.
“Fue a raíz del crecimiento de la Ciudad de México que se generó esa explosión industrial, es a partir de los años 40 cuando Santa Fe empieza a crecer al sur con las colonias Pueblo Nuevo, y al oriente con La Mexicana”, explicó.
La historiadora califica a la zona corporativa como una consecuencia del crecimiento del Distrito Federal.
Recordó la aparición de la colonia La Mexicana, fundada por el dueño de “Fundición La Mexicana”, quien para asegurarse de que sus trabajadores tuvieran donde dormir, compró un terreno y les ayudó a financiar la construcción de viviendas.
“El crecimiento es anárquico, sin ninguna urbanización en lo que yo llamo el nuevo Santa Fe, había planeación pero con pocos accesos a la zona y el principal sobre la avenida Vasco de Quiroga.
“Este desarrollo, que ha rebasado lo planeado, está teniendo un efecto negativo hacia su entorno, es imposible circular por las mañanas sobre Vasco de Quiroga, son grandes estacionamientos y paradójicamente pero sigue siendo la vía más rápida y segura”, apuntó la académica.
José María Nava Townsend, académico y coordinador del departamento de arquitectura de la Universidad Iberoamericana, se refirió a Santa Fe como un polo de desarrollo de la capital del país cuya conformación fue una idea positiva, con las perspectivas urbanísticas y la imagen de desarrollo económico lógicos de la época.
“¿Qué sucede entre la idea y la realización? Como tristemente pasa en gran parte de las acciones de desarrollo urbano, hay muchas cosas que no se contemplaron con la profundidad y la imagen de transformación a largo plazo.
“El primer punto que estuvo mal pensado para Santa Fe, como polo de desarrollo, fue su conectividad con la ciudad, esto genera que los habitantes estén muy inquietos ante la posibilidad de que la zona se siga densificando y se mantenga la política del auto como el principal rector de movilidad”, explicó el académico.
Cuando se planeó su construcción se pensó en un modelo bajo el concepto de “comodidad”, el cual los desarrolladores siguen vendiendo con lujosas viviendas alojadas en torres que incluyen tintorerías, jardines, gimnasios, cajeros, salones de fiesta y tiendas al interior.
Ahí no existe la recaudería de barrio, la plazuela con el kiosco, la tortillería o la tienda de la esquina, eso sólo lo conocen quienes viven o pasan por el pueblo de Santa Fe, en donde se mantiene el sentido de comunidad.
