Crónicas y fotos de Excélsior en la explosión de San Juanico

Cerca de las 5:40 a.m. se produjo la primera explosión resultado de una fuga de gas LP (Licuado del Petróleo), seguido de un depósito del mismo combustible

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CIUDAD DE MÉXICO. 

La zona norte de la Ciudad de México, así como parte del área conurbada al Estado de México fueron desalojados por las autoridades para evitar el riesgo latente de una explosión en cadena.

La madrugada del 19 de noviembre de 1984 se convirtió en una pesadilla para el Valle de México, luego de producirse uno de los eventos más catastróficos de los últimos tiempos al generarse una serie de explosiones en las inmediaciones de la zona de gaseras ubicada en San Juan Ixhuatepec, al oriente del municipio de Tlalnepantla en el Estado de México.

Cerca de las 5:40 a.m. se produjo la primera explosión resultado de una fuga de gas LP (Licuado del Petróleo), seguido de un depósito del mismo combustible, minutos después se propagó hacia las esferas de almacenamiento de PEMEX, lo que provocó una serie de once explosiones en cadena durante las siguientes dos horas.

El fuego arrasó con todo a su paso, traspasó ventanas, viviendas enteras desaparecieron con todo y los habitantes en su interior. Se calcula que las llamas alcanzaron 1 kilómetro de altura, mismas que pudieron verse hasta la zona del Ajusco al sur de la Ciudad de México.

“El estallido inicial fue tan impresionante que parecía la erupción de un volcán. La llamarada irradiaba una luz anaranjada que iluminó el Valle de México de un extremo a otro, a tal grado que se vio desde el cerro del Ajusco. La tierra tembló y la vibración rompió los vidrios de ventanas en varios kilómetros a la redonda”. Noviembre 19, 1984, Últimas Noticias.

Una nube de humo negro denso acompañaba la presencia de intensas llamaradas ocasionadas por el gas. Debido a las altas vibraciones de la tierra producidas por las explosiones, el Servicio Sismológico Nacional reportó movimientos telúricos que abarcaron hasta 50 km a la redonda del lugar de los hechos.

De acuerdo con los registros periodísticos de Excélsior, durante el fatal accidente se quemaron unos 5 millones de litros de combustible. Por otro lado, a más de 2 km de distancia se hallaron varios de los tanques que hicieron explosión. El olor a gas llegó a varios km a la redonda

DRAMA EN AUMENTO

Después de producirse las primeras explosiones, cientos de personas heridas subían hacia los cerros que rodean San Juan Ixhuatepec para resguardarse de las llamas y el suelo que hervía bajo sus pies de quienes. Entre la confusión, los sobrevivientes que corrían entre las calles y los escombros creyeron que un avión accidentado había provocado las explosiones. 

El panorama de desastre era evidente, la destrucción se apoderó de la zona también conocida como ‘San Juanico’, donde las escenas de cuerpos calcinados, casas derrumbadas y las calles desoladas se convirtieron en una pesadilla para los habitantes de esa población del Estado de México. 

“En unos cuantos minutos la zona asemejaba una enorme hoguera. Muchos cadáveres podían verse sobre el suelo y los heridos se desgarraban en gritos de auxilio”, se puede leer en Últimas Noticias de Excélsior. 

Un primer grupo de ayuda llegó al lugar unos minutos después de ocurrido el primer estallido para brindar auxilio, aunque sin éxito ya que no pudieron acercarse a la zona de los hechos debido a la magnitud del fuego, además del peligro inminente de producirse más explosiones por la fuga de gas.

Integrantes de diferentes cuerpos de rescate de la Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Tlaxcala, acudieron a ofrecer ayuda. También se sumó el Ejército, por lo que se emprendió el Plan DN-III; San Juan Ixhuatepec fue declarada zona de desastre debido a la magnitud de la emergencia.

Los damnificados fueron concentrados en diversos albergues improvisados en Ecatepec, así como en la Basílica de Guadalupe, entre otros lugares, donde se brindó atención a sobrevivientes y habitantes desalojados, mientras que los heridos eran trasladados a hospitales ubicados en distintos puntos, principalmente de la Ciudad de México.

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LOS TESTIMONIOS

Las crónicas publicadas en Excélsior, registraron los testimonios de algunos testigos del catastrófico evento que cobró la vida de casi 500 personas, casi 5 mil heridos y dejó centenares de personas damnificadas que perdieron sus viviendas.

Versiones de los sobrevivientes del accidente mencionaron que la noche anterior se percibía un fuerte olor a gas en toda la zona, los vecinos reportaron esto a las autoridades, pero no hubo respuesta. 

Alejandro, uno de los cientos de heridos -publicó Últimas Noticias-, dijo que “dormía cuando de pronto entraron las llamas y de inmediato mi familia y yo salimos desnudos de nuestra vivienda. Después ya no sé qué pasó”.

Testigos de los hechos relatan que la piel de los pies de quienes salían corriendo de sus casas huyendo de las llamas se quedaba adherida al suelo debido a las altas temperaturas que este alcanzó.

Una narración de lo acontecido publicada en la edición de Excélsior del 21 de noviembre de 1984, da cuenta sobre lo que vivió Nicanor Santiago, un habitante de los poblados aledaños a ‘San Juanico’: “Eran las cinco y media de la mañana. Yo me preparaba para salir muy temprano, pues iba a trabajar en una obra en el centro. Sacaba mi bicicleta, la mañana todavía oscura, cuando de repente todo se convirtió en un gran resplandor, colorado y caliente. Sentí que una fuerza muy grande me aventaba al aire. No podría ver nada pues la luz me había deslumbrado; tampoco sentía nada… solo que todo estaba muy caliente”. 

“Entonces me di cuenta que se escuchaban como explosiones. En ese momento ocurrió el segundo estruendo. La tierra se sacudía, las paredes de la casa bailaban. Estaba yo caído sobre la banqueta y sentía sobre mí lluvia de escombros y de tierra. Los vidrios de las ventanas se hacían pedazos. Volaban sillas y macetas. Por un momento yo no podía pensar nada. Solo estaba como azorado”.

Otro testimonio sobre lo ocurrido se publicó el mismo 19 de noviembre en la “extra” de Excélsior, Últimas Noticias, donde Antonio Espinoza, habitante de la calle de Lerdo en San Juan Ixhuatepec, narró lo que presenció:

“Abrí la puerta para sacar mi carrito de paletas y, de pronto, todo se volvió un resplandor muy fuerte. Sentí que algo me lanzaba y fui a caer al patio de la casa. Un estruendo me retumbaba en los oídos. Una nube de humo comenzaba a envolverlo todo”.

Los cuerpos fueron sepultados en una fosa común en el panteón de los Caracoles, donde los familiares pudieron despedirse de sus seres queridos acaecidos durante el que fue catalogado como uno de los accidentes más catastróficos en su tipo a nivel mundial.

“De pronto, en la madrugada, el cielo se iluminó en San Juan Ixhuatepec. Un alucinante hongo de fuego se alzó casi a un kilómetro de la superficie convirtiendo la zona en un infierno. Hombre, mujeres, niños y aún animales domésticos corrían por las calles como sobrevivientes de una hecatombe nuclear”. Juan Garibay Mora, noviembre 30, 1984, Excélsior. 

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