Refinería 18 de marzo ensució 60 años; y hoy es un oasis
Se cumplieron 25 años del cierre de esta instalación tras dos explosiones
CIUDAD DE MÉXICO.
La historia del actual Parque Bicentenario, donde aún faltan sombras que refresquen a los paseantes, se erigió en un lugar que albergó una refinería que contribuyó durante décadas a contaminar el suelo y el aire del Valle de México.
El 22 de julio de 1932 fue inaugurada la primera etapa de la refinería de empresas El Águila, ubicada afuera de la Ciudad de México y que abarcaba hasta las actuales colonias Nueva Santa María, Clavería, Santa Julia, Polanco y Lomas de Chapultepec.
Y ahí, donde ahora hoy es el área de exposiciones, el orquideario, estanques con peces y la sección de cactáceas, a las 5:55 del 29 de febrero de 1960, se registró una explosión que cimbró a la ciudad.
Las crónicas escritas en Excélsior señalan que un tanque de 78 mil litros de combustible de la Refinería de Azcapotzalco estalló en la sección de Embarques y Reparto, paralelo a las vías del Ferrocarril Central, entre las calles Estío y Otoño, a unos metros de donde hoy es la estación Refinería del Metro.
La explosión dañó viviendas, incluso los cuerpos de algunos trabajadores de la refinería fueron desmembrados en el siniestro.
La dimensión del incendio obligó a Petroleos Mexicanos a desalojar las colonias adyacentes.
En su momento fue el accidente más grande que había registrado la Ciudad de México. Entonces, se lanzaron las primeras alertas sobre la necesidad de cerrar la refinería. La siguiente alerta ocurrió en San Juan Ixhuatepec, en 1984, donde estallaron tanques de combustibles que alimentaban la refinería.
El 18 de marzo de 1991 fue cerrada definitivamente.
Parque sin sombras
Cuando se pasea por el Parque Bicentenario quedan pocos rastros de la tefinería que cerró hace 25 años. El terreno, donde cabría 25 veces la Plaza de la Constitución, quedó listo para su limpieza.
El IPN se encargó del proyecto de limpieza, a partir de 2007. Para eliminar los contaminantes se crearon tres planes. El primero, para el saneamiento de 400 mil metros cúbicos. El segundo, de la biorremediación de 40 mil metros cúbicos de suelo. Y el tercero, para la recuperación de hidrocarburos derramados por 60 años en la refinería.
Entre los edificios de la refinería que quedaron en pie en el Parque Bicentenario está una nave industrial de ladrillo donde fue montado un museo con la historia del predio.
Hace 25 años, paradójicamente, se celebró la nacionalización de la industria petrolera cerrando la refinería porque una fuente de contaminación de la ciudad.
De esa refinería quedan estanques, espejos de agua, árboles que ganan altura; áreas de juegos, terraplenes de césped donde los niños juegan a rodarse cuesta abajo y un orquideario con especies en peligro de extinción.



