Justicia para todos
Con tanto futbol en el verano, no hubo oportunidad de comentar sobre la implantación del VAR en Confederaciones. Mi opinión sobre la utilización de la tecnología para apoyar al arbitraje en el futbol ha ido mutando a través del tiempo. Hace unos años me oponía ...
Con tanto futbol en el verano, no hubo oportunidad de comentar sobre la implantación del VAR en Confederaciones.
Mi opinión sobre la utilización de la tecnología para apoyar al arbitraje en el futbol ha ido mutando a través del tiempo. Hace unos años me oponía férreamente porque veía como una herejía interferir en la pureza del juego, luego, de a poco, fui cediendo ante tantas voces que avocaban por la incorporación del videoarbitraje. No tanto desde el convencimiento, sino más bien por no convertirme en un necio que, sólo por mantener su postura, se oponía a un clamor cuasi popular, al cual se habían sumado muchos protagonistas.
Mi oposición no pasaba sólo por romanticismo, sino porque estaba convencido de la justicia que podría incorporar el sistema mismo, se volvía injusto al no poder aplicarse en todos los países por falta de recursos económicos. Por ejemplo: ¿por qué la calificación mundialista de un país europeo podría dirimirse por el apoyo tecnológico que corrigiera una injusticia y no la de un africano? ¿Por qué Ghana no puede verse beneficiado por las virtudes de la revisión arbitral en un partido definitorio y Francia sí? ¿No tienen el mismo derecho y la misma ilusión los ghaneses que los galos? Siempre me hizo ruido y pensé que se estaría desvirtuando una misma competencia y propagando una grieta insalvable entre un futbol rico y uno pobre.
Pero actualmente, después de lo sucedido en el “laboratorio ruso”, vuelvo a las fuentes: ¡Me opongo al VAR! Aunque los defensores del mismo me dirán que fue una primera prueba en un torneo oficial que necesita ajustarse, ya no me convencen más. En la Confederaciones quedó demostrado que la subjetividad del juicio humano no se elimina con la presencia del VAR. Hubo varias decisiones en la Copa, por acción u omisión, como, por ejemplo, el codazo del jugador chileno, que lo evidencian. Pero la revisión del conato de bronca que se produjo en el juego entre México y Nueva Zelanda, en mi opinión, fue lo más absurdo. La tangana donde participaron por lo menos la mitad de los jugadores de cada equipo y donde hubo empujones, patadas y trompadas, se resolvió con una sola tarjeta amarilla; de chiste.
Considero que la única incorporación tecnológica que imparte justicia de forma tangible y sin atenuantes es la que analiza si una pelota rebasó o no la línea de gol, pero lo demás, reafirmándome en mi posición inicial, no lo veo conveniente.
Con la abundancia en las arcas de la FIFA que, a pesar de haber sido por tantos años saqueadas, siguen teniendo una salud económica envidiable, invertiría en implementar en todos los estadios donde se jueguen partidos de eliminatoria los sensores en la portería. Imagino que con el costo de un solo VAR se podrían equipar muchos estadios donde se jueguen partidos camino a Rusia 2018. De esta manera, no sólo se estaría saciando parte de la sed tecnológica, sino, lo que es más importante, se estaría democratizando el futbol, aplicando justicia para todos.
