La casa de la risa
Nueve vetos, 10 amonestaciones para cerrar el estadio y 13 sanciones económicas, han sido los castigos que ha emitido la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol por diversos incidentes en las tribunas de los estadios de la Liga MX durante la presente ...
Nueve vetos, 10 amonestaciones para cerrar el estadio y 13 sanciones económicas, han sido los castigos que ha emitido la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol por diversos incidentes en las tribunas de los estadios de la Liga MX durante la presente década, prueba de la violencia existente en el futbol nacional, cuyos protocolos no han servido para disminuirla, mucho menos extirparla.
Como sucedió con el estadio Luis Pirata Fuente, el veto de un partido parece insuficiente por la gravedad de los acontecimientos y en muchos de esos 23 avisos o multas debieron cerrar la plaza, pero una serie de intereses lo impidieron, por eso siguen sucediendo y seguirán hasta que se presente un fallecido, entonces las presiones vendrán de otro tipo de autoridades y, como suele suceder en el mundo del servilismo, “por instrucciones de un fulano”, es decir, por indicaciones de un superior, no por convicción, se tomarán otro tipo de soluciones sin contemplaciones.
Todos los clubes exigen mejor autoridad dentro del campo, es decir, un arbitraje que no afecte intereses deportivos, pero fuera de la cancha solicitan toda clase de perdones y concesiones para no verse perjudicados. Ese comportamiento es piramidal, hacia abajo, salvarse del descenso y cuesta arriba, clasificar y ganar el campeonato, obvio, cuando un reglamento es blandengue, se va formando una barrera invisible que muchas veces impide que los representantes del futbol mexicano, equipos o selección, escalen mejores posiciones, como el famoso quinto partido dentro de un campeonato mundial. Toda la culpa es de la autoridad.
La Bundesliga, Liga Premier y la UEFA son implacables y no tienen concesiones, en consecuencia, el público asiste haciendo un espectáculo verdaderamente familiar. Las barras no tienen acceso a los estadios, pese a que, en ocasiones, los desmanes suceden fuera del estadio, de todas maneras se aplica una sanción económica, se impide el acceso al público en el siguiente encuentro o, de plano, se veta la plaza, en casos más extraordinarios se aplica el descuento de puntos.
No fue fácil, las tres organizaciones necesitaron titulares de la prensa con la muerte de aficionados en los estadios, una lección que involucró a todos los niveles, desde las autoridades de gobierno hasta los taquilleros, que guardaban los boletos para los aficionados más temibles y rijosos. Todo derivó en quitar alambradas, poner butacas y mejorar los protocolos de acceso. Lo más penoso es que eso se hace en México cuando llegan los juegos de la NFL, como sucedió recientemente en el estadio Azteca, pero el futbol mexicano es todavía rústico y está lejos de alcanzar la excelencia.
