Templo del deporte

• Entre otros grandes recuerdos, el del 15 de julio de 1985 resultó algo imborrable.

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Fantástico domingo deportivo que me genera una gran emoción, pues desde muy temprano habrá que disfrutar con la Fórmula 1, así como estar pendientes de un día muy especial, en concreto me encuentro muy agradecido con la invitación que me hizo mi querido hermano Enrique para acudir al Estadio Olímpico, en Ciudad Universitaria, un recinto que, con sólo verlo, provoca una serie de maravillosos recuerdos.

El acudir a ver el Pumas ante Monterrey también será una nueva oportunidad de volver a traer a mi mente tantas y tantas ocasiones que me ha tocado la fortuna de vivir en ese templo sagrado del deporte nacional e internacional. Muy pocos estadios en el mundo pueden tener en su historial el haber sido sede de unos Juegos Olímpicos, un Mundial de futbol, de Juegos Panamericanos, Juegos Centroamericanos, así como un sinnúmero de grandes partidos de futbol americano, así como de futbol soccer.

Inaugurado en 1952 por el presidente Miguel Alemán Valdés en el marco de los II Juegos Juveniles Nacionales, a los pocos días se realizó lo que muchos consideran la real inauguración, pues los Pumas de futbol americano, con un llenazo desde muchas horas antes del gran clásico, derrotaron 20-19 a los Burros Blancos del Instituto Politécnico Nacional. A pesar de estar en esos días muy lejos de la gran ciudad, del centro y de la actividad, se llenó hasta el tope.

Entre otros grandes recuerdos, el del 15 de julio de 1985 resultó algo imborrable, pues mi padre fue contratado para filmar el partido entre los Pumas y el Real Madrid, pues Hugo Sánchez fue recomprado por los de la UNAM al Atlético de Madrid, sólo por unos minutos, para más adelante ser vendido a los merengues madrileños, esto para evitar una compra-venta directa entre los acérrimos rivales, ahí intermediaron los Pumas y, si mal no recuerdo, nuestro pentapichichi jugó medio tiempo con los de azul y oro, y medio tiempo con los de blanco. En esa fecha mi añorado y adorado padre me confió una cámara portátil de 16 milímetros para filmar las escenas en la cancha, mientras que él, desde lo alto, filmaba el partido, sólo de recordarlo, se me llenan los ojos de lágrimas por el gran recuerdo de mi padre, y lo que significó ese día para el propio Hugo, para los Pumas, para el Real Madrid, así como para el futbol mexicano.

  • Ahora a gozar la presencia de un crack de la talla de Dani Alves, y ojalá de un triunfo del equipo universitario, pues el gran esfuerzo realizado para tener en sus filas a un figurón de esa talla, lo amerita.

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