Rumbo

El 61% de extranjeros, me parece, por donde se le quiera analizar, una barbaridad. Me cuestiono el rumbo del balompié mexica­no, que una y otra vez nos deja muy claro que la prioridad no son los jugadores nacionales y, para muestra, lo acontecido en los partidos de ida ...

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

- El 61% de extranjeros, me parece, por donde se le quiera analizar, una barbaridad.

Me cuestiono el rumbo del balompié mexica­no, que una y otra vez nos deja muy claro que la prioridad no son los jugadores nacionales y, para muestra, lo acontecido en los partidos de ida de las semifinales de la Liga BBVA_Mx, que sencilla­mente, y como es costumbre, han privilegiado a los jugadores extranjeros, que han sido mayoría en los dos partidos, pues de cuarenta y cuatro posiciones de inicio, sólo diecisiete fueron jugadores forma­dos en nuestro futbol.

El 61% de extranjeros, me parece, por donde se le quiera analizar, una barbaridad que no ayuda en nada a la producción de talentos y, peor aún, en muchos casos en los que francamente la calidad de los jugadores formados en otros países no es ninguna maravilla ni mucho menos.

El campeón Atlas inició con sólo cuatro mexi­canos, Tigres inició con igual número de naciona­les, por cinco del Pachuca y cuatro del América, sencillamente no puede ser algo así. Mucho se ha­bla al respecto, los propietarios se hacen de oídos sordos, pero, francamente, parecen estar en contra de su propio negocio. Supongo que lo adecuado sea limitarlo, cuando mucho, a cinco extranjeros por equipo, para obligar a que haya siempre en la cancha una mayoría de jugadores formados en canchas nacionales.

Si bien los partidos tuvieron su buena cuota de emotividad, francamente que no tuvieron mucha calidad, en particular el América ante Pachuca resultó un partido plagado de imprecisiones, que en ningún momento tuvo jugadas de calidad que mostraran el supuesto gran talento de los extran­jeros. Siempre hay que privilegiar la calidad antes que la cantidad, ojalá que pronto evalúen esta cir­cunstancia a todas luces ilógica e improductiva.

Cambiando del tema de las canchas, vamos a los ruedos. En la Feria de San Isidro, en Madrid, se presentó el diestro de Aguascalientes, Joselito Adame, el pasado martes, quedándose muy cerca de un triunfo de puerta grande. José pinchó a su primer toro, cuando ya tenía una oreja ganada con una muy buena faena, su segundo lo prendió de fea manera de las piernas lanzándolo a los aires y provocando una espantosa caída sobre la nuca, con el cuello doblado, se esperaba lo peor, para su fortuna y a pesar del tremendo susto y golpe, se levantó para realizar un faenón ante la emoción lógica por el fuerte golpazo, volvió a pinchar, pero el cónclave madrileño le premió con una vuelta al ruedo. Posteriormente se trasladó a la enfermería de la plaza, de ahí lo llevaron al hospital, donde estuvo un par de días en observación.

Mi más sincera enhorabuena, pues mostró su gran capacidad como torero, pero, sobre todo, su espartano valor.

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