De asombro en asombro
Asombroso me ha parecido el regiomontano Pato O´Ward al concluir en la sexta posición de las 500 Millas de Indianápolis, el pasado domingo, Su actuación le valió para ser nombrado, a sus veintiún años, el novato de la edición 104 de la emblemática justa ...

Pablo Carrillo
La neurona
Asombroso me ha parecido el regiomontano Pato O´Ward al concluir en la sexta posición de las 500 Millas de Indianápolis, el pasado domingo, Su actuación le valió para ser nombrado, a sus veintiún años, el novato de la edición 104 de la emblemática justa automovilística, la cual fue dominada por el veterano piloto japonés Takuma Sato, al que muchos recordarán en su trayecto en la Fórmula 1, siempre con apoyo de la firma japonesa Honda, que resultó, también, la gran triunfadora de la carrera desarrollada en el óvalo de cuatro kilómetros, el Indianápolis Motor Speedway.
Mención aparte merece la serenidad del buen Pato, quien condujo con tino y entereza en la famosa carrera, en la que el ritmo habitual en bandera verde supera los trescientos cincuenta kilómetros por hora, en promedio, por lo que se puede intuir que debe ser máxima y precisa la concentración y capacidad para rodar con pulcritud tres horas y diez minutos, lo que duró, en ésta ocasión, la histórica carrera.
En una temporada corta, por obvias razones, de doce eventos se han desarrollado sólo siete, los cuales han permitido a O´Ward colocarse en el tercer lugar del campeonato, por detrás del veterano piloto neozelandés, Scott Dixon, que a sus cuarenta años sigue en un gran nivel, así como del estadunidense Josef Newgarden, realmente asombroso el huerco.
La tarde de ayer disfruté, también, con inmenso asombro, la reaparición de otro veterano, ahora en el tenis, pues el escocés Andy Murray, a sus treinta y tres años, infinidad de lesiones y no exento de cirugías ortopédicas, derrotó al alemán Alex Zverev, de veintitrés años, siete del ranking de la ATP. Resulta también asombroso verlo al máximo nivel después de haber sido operado de la cadera (del fémur) en dos ocasiones para solucionar las dolencias que tenía, la más reciente, a principios del año pasado. Difícil creer que pudiera regresar al máximo nivel, como lo ha demostrado en el torneo Masters 1000, denominado Cincinnati, aunque ahora se juegue, por temas relacionados a la epidemia en Nueva York, en Flushing Meadows.
La terquedad de intentar regresar, una y otra vez, por parte de Murray pareciera no tener explicación, sin embargo, después de su triunfo en tres sets ante Zverev, ha dejado muestras de su tenacidad, de su amor por el deporte, pues habiendo sido número uno del mundo y de ganar prácticamente todos los títulos, pareciera increíble el verle con la firmeza suficiente para sobreponerse a las dolencias, terapias y demás sufrimientos para poder regresar, con mucho esfuerzo, a lo más alto. Sencillamente asombroso Andy Murray.
Asombroso.