Atorados
Una vez más, el futbol mexicano queda a deber. Lo afirmo, pues, aunque en el desierto de las derrotas han aparecido algunos títulos, que cual oasis han refrescado a la afición que a lo largo de los años se ha acostumbrado a los sinsabores, a las tristezas y al espantoso ...

Pablo Carrillo
La neurona
Una vez más, el futbol mexicano queda a deber.
Lo afirmo, pues, aunque en el desierto de las derrotas han aparecido algunos títulos, que cual oasis han refrescado a la afición que a lo largo de los años se ha acostumbrado a los sinsabores, a las tristezas y al espantoso ya merito.
Resulta imposible negar un cierto avance del futbol nacional, sin embargo, estamos atorados en ese momento en el que, a la hora buena, el triunfo no llega. Lo de Tigres, el equipo de Sinergia Deportiva, del consorcio cementero Cemex, que encabeza Fernando A. González, es una más de esas historias donde se llegó muy cerca y simplemente no se concretó el objetivo, a pesar de la millonaria inversión. Quizá se trata de miedo al éxito, dicen algunos, otros afirman que se trata de un futbol muy cómodo que no genera la debida competencia en la liga para crecer al ritmo que la afición sueña. Finalmente, por una u otra razón, el futbol mexicano no deja de ser un buen participante en los cotejos internacionales, pero aún muy lejos de ser uno ganador.
Cuando hablo de competencia me refiero a la que se genera desde los propios clubes, que en la mayoría privilegian a los extranjeros, tal como lo mencionaba en mi anterior colaboración, somos malinchistas, no hay la menor duda, y esto inhibe el desarrollo de los talentos nacionales, que los hay, pero nunca encuentran la manera de salir a demostrarlo, pues hay preferencias que lo impiden, Tigres es un gran ejemplo de esta lamentable costumbre.
Mucho tendrá que trabajar Decio de María y los propietarios del futbol nacional si pretenden llevar el balompié nacional a otras esferas, supongo que también, como la afición, lo anhelan. Se ha participado casi ya a lo largo de dos décadas en la Copa Libertadores y simplemente no se nota un progreso, seguimos igual, sólo ilusiones como la del miércoles, que quedan en decepciones. A no ser por aquel inolvidable título conseguido por Pachuca en la Copa Sudamericana, no hay nada de qué sentirse orgulloso más allá del ya merito de Cruz Azul, Chivas y Tigres.
Sinceramente que no hay un equilibrio entre la inmensa afición y cariño que el público tiene y demuestra con hechos, no sólo en nuestro país, sino lo dejan claramente asentado nuestros paisanos del otro lado, que son un inmenso y potente mercado. A ellos también les han tocado muchas decepciones, infinitamente mayores que las alegrías.
Insisto, no hay equilibrio tampoco en las grandes inversiones publicitarias que recibe el futbol nacional, no encuentro un justificante en el entorno internacional que lo avale. Me parece que los propios medios hemos relegado a muchos otros deportes que nos han dado y siguen dando innumerables satisfacciones como el beisbol y los clavados, por citar sólo algunos. Una muestra más de que el adorado y venerado futbol no responde como lo merece la gran afición.
Urgen cambios de raíz.