Salcido, el guerrero
Es para celebrarse la inclusión de Salcido en la nómina de los 23 jugadores que irán a Brasil 2014. Pocos elementos con el carácter de Carlos, un tipo probado.
Celebro el regreso a la Selección Mexicana de Carlos Salcido por muchos motivos, entre ellos, y principalmente, porque es un justo premio a un jugador que si bien no tuvo la mejor de las temporadas, siempre se ha distinguido por la consistencia tanto en sus clubes como en el equipo mexicano, y no exagero si establezco que de los últimos años, es de los jugadores más rentables del tricolor, claro, exceptuando por obvias razones la etapa eliminatoria.
Futbolista que no requiere prueba de estabilidad emocional. Le da el justo valor a los factores externos, como puede ser la presión mediática o el impulso de la afición rival.
Experiencia respaldada por su trayectoria en Holanda, Inglaterra, Copas América, Oro, eliminatorias mundialistas y Copas del Mundo. Refuerzo que actuó como tal en los Juegos Olímpicos.
Rendimiento futbolístico muy parejo, sin importar si juega como lateral, central por izquierda o derecha o medio de contención, por si algo hiciera falta.
Conoce sus capacidades y limitantes. No hace más de lo que sus condiciones o emociones le permiten, por ello, renunció a portar el gafete de capitán, situación que en lo más mínimo tuvo que ver con la disminución en cuanto a entrega y compromiso.
Carlos Salcido es un guerrero de la vida. Nada fácil le ha sido llegar a donde está: pobreza extrema. Pierde a su mamá cuando era muy pequeño, su familia se desintegra, los hermanos mayores buscan mejor suerte en Estados Unidos y el papá se refugia en el alcohol. Así, prácticamente abandonado a los seis años, con parte de su familia dándole la espalda.
Lavando camiones le ofrecen asistir a una cáscara. Asistió de cachirul porque no estaba registrado; tenía cerca de 20 años. En ese partido estaría José Luis Real, y es donde todo comienza.
Dejó de ver a sus hermanos por más de 15 años, hasta que un día, como seleccionado nacional, visitó la ciudad de Houston. En el lobby del hotel se le acercó una persona a pedirle una fotografía, accedió con gusto. Una vez disparado el flash, el supuesto fan lo vio a los ojos y le dijo: “Carlos, no me reconoces, pero soy Joel, tu hermano”.
Algún día le prometió a su madre volver a reunir a la familia completa, y como cada una de sus misiones, logró conseguirla.
Le cuento esto para entender mejor el carácter de un futbolista como él, que no se rinde, que no se conforma; y eso, en estos tiempos, se valora.
