Legado legendario
Pocos eventos deportivos nos pueden cautivar como la carrera de cien metros planos. La llamada prueba reina del atletismo atrapa nuestra imaginación como pocas competencias lo pueden lograr, nos ha dado a algunos de los grandes héroes del deporte, así como a algunos ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Pocos eventos deportivos nos pueden cautivar como la carrera de cien metros planos. La llamada prueba reina del atletismo atrapa nuestra imaginación como pocas competencias lo pueden lograr, nos ha dado a algunos de los grandes héroes del deporte, así como a algunos de los villanos más famosos de la historia.
El último gran velocista en asombrarnos con su proezas en las pistas de todo el orbe es Usain Bolt, la saeta jamaicana que este fin de semana le dijo adiós a una brillante carrera en la que se convirtió en el atleta más famoso de la historia, no sólo por su gran cantidad de récords, también por su carisma inigualable que lo transformó en el consentido de los fanáticos alrededor del mundo.
El nacido en Sherwood Content ya se había hecho de fama internacional como una de las grandes estrellas jóvenes de la velocidad, pero fue en 2008, durante los Juegos Olímpicos de Beijing que demostró que iba rumbo a convertirse en el mejor de todos los tiempos. En el Nido de Pájaro se llevó el oro de los 100 metros planos, los 200 metros planos y también en el relevo 4x100 (medalla que perdería años más tarde por culpa del dopaje positivo de uno de sus compañeros).
Al año siguiente en el Campeonato Mundial de Berlín impondría su espectacular 9.58, récord del mundo que se mantiene a la fecha y que posiblemente nunca será roto. En la capital alemana ratificó su supremacía y dejó en claro que no existía alguien cercano a su impresionante nivel de excelencia. Su dominio fue aplastante durante los siguientes años: acumulando triunfos, medallas y reconocimientos.
Pocos deportistas durante ese periodo se acercaban a la fama que el oriundo de Jamaica se había ganado de forma más que merecida: era todo un rock star. Además se alejaba del molde de los grandes velocistas del pasado reciente, personajes más serios, con aires de superioridad y alejados de los aficionados; Bolt era el campeón del público.
Cosa que pude constatar in situ, cuando tuve la fortuna de estar en la cobertura de Grupo Imagen de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. En la cosmopolita ciudad británica, la estrella del jamaicano brilló una vez más, y en los alrededores del Estadio Olímpico, así como en las calles londinenses se sentía un vibra muy especial hacia la figura máxima del atletismo. Era evidente que era no sólo el favorito lógico por su capacidad, también era el favorito sentimental.
Esa sensación la volví a vivir cuatro años más tarde en Río de Janeiro. De nueva cuenta Bolt era el consentido del público. Una vez más no defraudó al quedarse con tres medallas de oro que afianzaron su lugar como el más relevante velocista de la historia.
Por supuesto que las sospechas de dopaje siempre estarán presentes, este mal ha tumbado a grandes leyendas del deporte, pero hasta que no me entere de un examen positivo creeré en su inocencia.
Hoy se ha ido, con la decepción de lo ocurrido el pasado sábado, pero también con un legado que será casi imposible de igualar. Adiós leyenda.