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Percepciones y sueños, diferentes e intensos, crea la sociedad en el universo olímpico. En el estadio, las fanfarrias y el Himno Olímpico inundan de alegría el espíritu. Las emociones llegan por oleadas, en la competencia, en la premiación. El corazón palpita en las ...

Percepciones y sueños, diferentes e intensos, crea la sociedad en el universo olímpico. En el estadio, las fanfarrias y el Himno Olímpico inundan de alegría el espíritu. Las emociones llegan por oleadas, en la competencia, en la premiación. El corazón palpita en las tribunas como un eco a la acción y a la música en una atmósfera radiante, festiva. El atleta se trepa al podio después de una década o tres lustros de esfuerzo en los que su pensamiento ha estado conectado con la idea de aumentar la resistencia, la rapidez, el conocimiento de la prueba y perfeccionamiento de la técnica; visualiza aspectos de estrategia y la imagen de llegar en primer lugar a la meta después de sortear serias dificultades.

Acaso otros en su sueño dorado sólo presencian su imagen en el podio olímpico. Otros, los menos, que cada día son más, eligen un camino más corto hacia la victoria: la trampa con el empleo de sustancias prohibidas. La trampa del usurpador y la trampa como una necesidad o instrumento en el medio deportivo de escapar de la pobreza y proveer alimentos y ropa, estudios, a la familia; lo cual se explica, pero no se justifica. Se sabe de atletas kenianos que hacen trampa en la búsqueda de la gloria, el dinero y de convertirse en pilar de la familia con los premios de carreras de poco relieve.

La trampa rompe las reglas de la competencia, el mundo idealista del juego limpio que, de hecho, no existe o se fragmenta a diario en los grandes núcleos de la mayoría de las sociedades. David Vázquez, biólogo de la UNAM, excolaborador de Nike, especialista del atletismo de fondo, nos envía una información acerca de la atleta Shannon Rowbury, de EU, que en fecha próxima recibirá una medalla de bronce por su actuación en los JO de Londres 2012, tras comprobarse que las atletas turcas Asli Cakir Alptekin y Gamze Bulut, ganadoras del oro y la plata, emplearon sustancias prohibidas detectadas con los nuevos avances científicos. Rowbury entró a la meta en sexto lugar.

Las tramposas la despojaron no sólo del honor y homenaje en público, el estatus social que brinda el éxito, el reconocimiento e identidad a su esfuerzo, la fase de celebridad y los patrocinios y recompensas económicas que brindan los gobiernos, así como los estímulos materiales que conceden marcas y firmas comerciales, organizadores de competencias.

La trampa en la actualidad no es sólo una infracción al juego limpio, sino que se convierte en un delito, en esencia, un robo, que debiera conducir tras las rejas, como lo han sugerido especialistas alemanes. En Olimpia, cuna de los JO, había un camino hacia al estadio en el que se exhibían zanes, estatuas de bronce para recordar a los tramposos. El espíritu olímpico moderno no comparte la humillación pública de infractores.

En el rincón de los zanes olímpicos ocuparían sitios de privilegio Tonya Harding, que mandó golpear con una barra de hierro a Nancy Kerrigan, y Oscar Pistorius, al que la miseria humana lo facultó a romper las reglas. Lo deseable es que el COI entregue el bronce a Rowbury en el ceremonial de los 1,500 m planos en los JO de Los Ángeles 2028.

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