Progresión acuática
El agua de la pileta se mueve a gran velocidad. No cesa de moverse. Sin duda existen límites, pero la progresión de los récords mundiales irradia la impresión fantástica de qué, como se pensaba con algo de buen humor y deliciosa candidez, allá por la década de los ...
El agua de la pileta se mueve a gran velocidad. No cesa de moverse. Sin duda existen límites, pero la progresión de los récords mundiales irradia la impresión fantástica de qué, como se pensaba con algo de buen humor y deliciosa candidez, allá por la década de los 60, cuando la natación subjetiva cambió al campo objetivo, por la ardiente polémica que provocó la final de los 100 m nado libre en los Juegos Olímpicos de Roma, y se introdujo después el sistema electrónico, “al aproximarse los límites” se decía, ante el nuevo horizonte de la medida exacta del tiempo, se podrán extender, con una idea de lo más elástica, con milésimas, diezmilésimas o cienmilésimas de segundo. El trueno y rapidez fulgurante de rayo del sprinter Jordan Crooks, caimanés de 22 años de edad, 19.90 en los 50 m nado libre, en la pileta Duna Arena, de Budapest, la más rápida del mundo por sus características tecnológicas y profundidad de 3 m (la de París presenta 2.20 m), donde se batieron 24 RM en pileta corta, invita a un rápido recorrido en la evolución del deporte acuático; a vuelo de pájaro, con la rapidez del colibrí o de la golondrina. Digamos que hay un vínculo o índice, no una relación exacta, entre los 50 m de pileta corta con los 100 m de estanque olímpico, por el número de vueltas o empujes. Hay 3 virajes en 100 m contra 1 en pileta olímpica; 7 contra 3 en 200 m; 15 contra 7 en 400… 59 contra 29 en 1,500 m. El empuje en el viraje muestra otro espectro agonal. No obstante, el avance en la primera presagia perspectivas potenciales en la segunda. Deberíamos empezar por decir que el meteórico, dinámico, sorprendente progreso acuático se debe a la visión e ideas eclécticas de los entrenadores: ciencia, investigación de la fisiología, bioquímica, ritmo cardiaco, ácido láctico, experiencia, sicología, alimentación, conocimientos, técnica. Mire, amable lector: el RM desde que el 9 de julio de 1922 el rumano-estadunidense Johnny Weissmuller, el famoso Tarzán del celuloide hollywoodense, señaló 58.6 en el estanque de Alameda, California, al 25 de julio de 1976 cuando Jim Montgomery cronometró 49.99 en Montreal avanzó en 54 años 08”61. Mientras que de Montreal al RM 46.40 del chino Pan Zhanle, el 31 de julio de 2024, avanzó 02”59/10, 48 años. En el último medio siglo se ha avanzado muchísimo más que en la primera parte del siglo XX. Célebres entrenadores han contribuido en la explosión acuática que se presencia, podrían citarse al australiano Forbes Carlile, los estadunidense James Counsilman, Peter Daland, David Salo, Bob Bowman, el australiano Denis Cotterel; los entrenadores de la desaparecida RDA, centroeuropeos y chinos. Entre ellos existe un hilo conductor que va desde la depilación acaso ideada o atribuida, según leí hace años, al italiano Enrico Tiraboschi, el primero en hacer la travesía del Canal de la Mancha de Francia a Inglaterra; el tapering-off de Carlile, basado, tal vez, en la exrema fatiga de John Davies. Decidió que durmiera 20 horas durante tres días; al cuarto se lanzó al agua y conquistó el oro y RO en los 200 m mariposa-braza en Helsinki 1952…
