Perseo negro en alas de Pegaso

Ahí va, con diáfana claridad, en la fuerza transformadora del universo, en la fuerza creativa y victoriosa de sus poderosas piernas, como alas sobre alas en la personificación de un Perseo negro con su casco alado que tras dar muerte a Medusa y de cuya sangre brota ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Ahí va, con diáfana claridad, en la fuerza transformadora del universo, en la fuerza creativa y victoriosa de sus poderosas piernas, como alas sobre alas en la personificación de un Perseo negro con su casco alado que tras dar muerte a Medusa y de cuya sangre brota Pegaso, lo trepa y cabalga dominante por la región sideral. Eliud Kipchoge como héroe moderno de talla homérica, cambió la concepción y las coordenadas de resistencia, espacio, tiempo; rompió paradigmas e ideas, modificó la incertidumbre, lo impredecible del cruel kilometraje en certidumbre y predicción.

El mundo del atletismo y del deporte vive asombrado ante este portento de energía física y mental (34, años–1.70 m–59 kg.) que combina brutales entrenamientos del fartlek, a poco más de 2,400 m snm en el Valle del Rift, con la capacidad superior dominadora del dolor muscular. Es un héroe deportivo entre los arquetipos de todas las épocas; con la herencia genética de la tribu Nandi, es un inmenso astro en el que incluso ganadores de cuatro oros olímpicos como Mo Farah se convierten, al acercársele, en uno de tantos satélites… y sin desdoro para Farah que posee grandeza olímpica, pero no en la distancia de los 42,195 m.

Ahí viene el Virgin Money London, este domingo 28. Y Kipchoge ahí está, lo vemos ya en la línea de salida. Listo a ensanchar su antecedente de nueve triunfos y un segundo lugar en diez maratones. En su casco alado y aladas piernas  fulgen el récord mundial en 2:01.39, el oro olímpico de Río de Janeiro; el esfuerzo extraoficial en el circuito de Monza cuando corrió la distancia en 2:00.25; y algo que es la raíz y el ADN como auténtico testimonio de su poder físico e infinita fuerza de voluntad: a los 18 años de edad, con instinto lobuno derrotó en llameantes 5,000 metros a dos inmortales del atletismo Hicham El Guerrouj y al etíope Kenenisa Bekele, en el Campeonato Mundial de París, 2003.

Ahí se dio a conocer esta fuerza de la naturaleza que conserva, en su trono de oro la sencillez y la humildad del pastor y agricultor que ama la tierra africana y que va por la décima victoria.

En la hipérbole podría decirse que para derrotar a Kipchoge es necesario romper el récord mundial de maratón –algo que difícilmente sucederá el domingo 28 en el Virgin Money London–, pues cuando finalizó en segundo lugar, el 29-09-2013 en Berlín en 2:04.05, su compatriota Wilson Kipsang batió el RM en 2:03:23.

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