París luz y búnker

A la belleza del esfuerzo muscular acompañado del espíritu agonal más de diez mil atletas de más de 200 países, inspirados acaso en el pensamiento del poeta Píndaro: “No te afanes alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible”, saltan desde ...

A la belleza del esfuerzo muscular acompañado del espíritu agonal más de diez mil atletas de más de 200 países, inspirados acaso en el pensamiento del poeta Píndaro: “No te afanes alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible”, saltan desde hoy a la palestra olímpica en busca de la victoria, la fama y la inmortalidad deportiva. Principia en París el acontecimiento más grandioso del planeta, los Juegos Olímpicos. París se viste con los más vivos y alegres colores de la vida. Un francés, Pierre de Coubertin, humanista, helenista, acarició a fines del siglo XIX la idea de restablecer los JO de la antigüedad motivado por las competencias y actividades de educación física que apreció en Inglaterra. Del 776 aC que se tiene testimonio de su celebración en Olimpia a París 2024, la sociedad moderna disfruta con intenso placer el espíritu de lucha de los atletas como hace más de 2,700 años. JO multifacéticos, por los enfoques e interpretaciones del flujo de las generaciones, así como por los avances vertiginosos de la tecnología. Marcados periódicamente por las inevitables diferencias ideológicas, políticas, culturales de Oriente y Occidente. La fiesta presenta la inauguración original de un desfile con más de un centenar de barcos y deportistas en una travesía de 6 km por el río Sena, del Puente de Austerlitz, en memoria de la inmarcesible victoria del estratega Napoleón Bonaparte, a Trocadero, fuente cercana con hileras de cañones que arrojan chorros de agua, cuyas parábolas coinciden en línea, orientados hacia la emblemática torre Eiffel, con el Sena de por medio. De la multitud de hermosas competencias quizá los ojos se dirijan al desafío del francés Léon Marchand, que trata de ser el primero en la historia en romper la frontera de los cuatro minutos en los 400 m combinados, y al keniano Eliud Kipchoge, quien intentará convertirse en el primer maratonista en lograr la victoria en tres ocasiones. De lograrse estas hazañas, en uno de ellos recaerá la distinción de ser nombrado, casi con certeza, como el héroe de los JO de París; por encima de figuras cimeras como LeBron James, Carlos Alcaraz, Rafael Nadal, Duplantis, Noah Lyles, Popovici, Pan Zhanle, Ariarne Titmus, McIntosh… Y la razón central olímpica estriba en que atletismo y natación constituyen los pilares más poderosos del fantástico universo olímpico. París es un búnker ante la amenaza del terrorismo, del radicalismo islamista; ha extendido un espacio de 150 km de diámetro con un sistema de seguridad antidrones a lo largo de los 6 km donde irán más de 6,000 atletas en barcos, serán vigilados por cientos de soldados y francotiradores; más de 50,000 policías y miembros del ejército con ropa de civiles con la misión de proteger a 15 millones de visitantes. Y la mano siniestra de la Guerra Fría que divide. Los rusos no pueden competir por actos bélicos en Ucrania y los israelitas genocidas en Palestina sí, bajo el argumento de que “se defienden, no atacan”. Y si parodiamos: Rusia se defiende de la OTAN. La frase de Doris Lessing, Premio Nobel 1947, en su libro Las cárceles elegidas, “en tiempos de guerra, la primera víctima es la verdad”, flota en los JO.

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