Llamativa evolución
Decíamos en la colaboración anterior que desde los primeros balbuceos del maratón el francés Michel Bréal fue el creador del maratón y le sugirió a Pierre de Coubertin incorporar la prueba en los JO de Atenas 1886, con la idea de evocar la legendaria figura de ...
Decíamos en la colaboración anterior que desde los primeros balbuceos del maratón —el francés Michel Bréal fue el creador del maratón y le sugirió a Pierre de Coubertin incorporar la prueba en los JO de Atenas 1886, con la idea de evocar la legendaria figura de Filípides o Fidípides, que corrió de la llanura de maratón al ágora de Atenas para anunciar la victoria griega sobre los persas— apareció la picardía, la trampa y el dopaje, paralelo al esfuerzo limpio, el fair play, de otros atletas. Faltó subrayar, acaso, la relación codicia-odio con la aparición e importancia en la carrera atlética de las primeras zapatillas de atletismo. Una vieja historia citada en las páginas de Los señores de los anillos, de Vyv Simson y Andrew Jennings, habla de las enormes diferencias que hubo entre los hermanos alemanes Adolf y Rudolf Dassler. A Adolf le decían Adi, de ahí Adidas. Una de las primeras zapatillas diseñadas por los hermanos para los JO de Berlín fue empleada por Jesse Owens, ganador de cuatro oros en 1936. Adolf y Rudolf fabricaron botas para militares durante el gobierno de Hitler. Después rompieron y el alejamiento total, absoluto, ocurrió cuando, se afirma, Adolf sobornó a los aduaneros en Melbourne 1956, para que impidieran el desembarco de las zapatillas Puma, fabricadas por Rudolf. Adolf era el diseñador del exitoso binomio y Rudolf el encargado de las relaciones públicas. El divorcio irreconciliable se da con frecuencia cuando se alcanza el éxito. En la luminosa estela que ha dejado en el firmamento deportivo el asombroso RM de maratón femenino se proyecta una pluralidad de significados. Señalemos: el 21 de octubre se cumplen 45 años de que la noruega Grete Waitz cruzó por vez primera la frontera de las 2 horas con 30 minutos en 1979, en Nueva York, el RM de 2 horas, 27’32”6/10. Y observe, amable lector: su compatriota, otra atleta de leyenda, Ingrid Kristiansen, cronometró 30’13”74 en los 10,000 m planos, en la pista de Oslo, la antigua Cristianía, el 5 de julio de 1984, en su oportunidad, RM; y este domingo, de hecho, el split o parcial, prácticamente idéntico, que la keniana Ruth Chepngetich señaló al cruzar los 10 km, 30’14” en su carrera hacia la gloria deportiva de convertirse, el domingo, en Chicago, en la primera mujer en romper el muro de las 2 horas con 10 minutos en los 42,195. Universo cambiante y acelerado en atletismo por el empleo de zapatillas mágicas ultraligeras, joyas de la ingeniería, y con una catapulta en la planta que incrementa la rapidez. Más que los sistemas de acondicionamiento físico con el fartlek. De 1979 al 2001, cuando Naoko Takahashi batió el muro de las 2h 20” en 2h 19’46” en Berlín se mejoraron 7’46” y del crono de Naoko al pasado domingo el progreso en casi igual número de años es de 9’50”. Es llamativo, pues conforme los atletas se aproximan al límite humano es mucho menor el proceso evolutivo. Chicago ahora posee los dos RM de maratón con el del infortunado Kevin Kiptum, 2: 00’35” en 2023. La nueva época indica que hay que dirigir la vista a Berlín el próximo año.
