Lenta evolución

Desde hace poco más de 2,500 años, pensadores de la talla de Aristóteles o escritores de admirable precisión como Joseph Conrad y muchos otros afirman que “El hombre y, por supuesto, la mujer, no son animales a los que les guste investigar; sino, por el contrario, les ...

Desde hace poco más de 2,500 años, pensadores de la talla de Aristóteles o escritores de admirable precisión como Joseph Conrad y muchos otros afirman que “El hombre y, por supuesto, la mujer, no son animales a los que les guste investigar; sino, por el contrario, les encanta aceptar y creer lo evidente. ¿Durante cuántos milenios se creyó que el Sol giraba alrededor de la Tierra?; una consideración más: el disco del Sol tan comparable en su diámetro al de la Luna. Y la realidad, tan distinta. El hombre necesitó siglos en admitir la palabra de astrónomos, geómetras, científicos. En este mundo de naturaleza perceptiva el engaño lo tenemos frente a la nariz y no deseamos darmos cuenta. En las últimas semanas se ha combinado la alegría con el desconcierto, el sabor dulce de los resultados con lo amargo de otros. Y el proceso repetitivo, más deseo y verborrea que acción y práctica de intentar resolver lo que no se ha podido rectificar desde hace más de medio siglo. En los últimos 75 años, el deporte de México ha tenido brillantes individualidades, y buenas actuaciones de equipos. Pero en la euforia del triunfo o en las situaciones adversas se pierde la objetividad. Se salta del cenit al nadir y el ciclo concluye cada 4 años con las reflexiones de cambio… se yerra tanto en actividades competitivas de apreciación como en las objetivas. Sin discusión, atletas, como la flechadora Alejandra Valencia, las nadadoras artísticas Nuria Diosdado y Joana Jiménez, la tiradora deportiva Alejandra Zavala, Sergio Pérez en Fórmula 1 y algunos otros son motivo de distinción y orgullo del deporte nacional. No obstante, nuestra posición es de talla mediana en lo universal. Hay evolución, en términos generales, sin duda, pero, descarnadamente: en 93 años no se ha alcanzado el quinto partido en los mundiales de futbol y en 55 años no se ha podido superar el nivel de nueve metales (3-3-3) de los JO del 68. El deporte está en íntima conexión y es reflejo de lo que es un país en política, economía, en lo social, cultural, científico, artístico. La política y el futbol en México caminan de la mano, inseparables; encarnan incompetencia, siembra de esperanza, simulación, engaño, codicia, gozan de enorme popularidad. Hay quienes se sorprenden que nuestro país, con unos 130 millones de habitantes y una posición económica entre las primeras 15 del mundo, no es capaz de edificar un deporte de más calidad. Que en la actualidad se relacione la cantidad con la calidad sólo refleja desatino. La República Democrática Alemana, con 19 millones de habitantes, superó a EU, con 240 millones, en la clasificación de los JO de Montreal 76. El deporte no se mide ni se relaciona con el número de habitantes. Es cultura, tradición, sentimiento de lucha, superación. Croacia, con cuatro millones de habitantes, fue subcampeona del mundo en futbol en 2018 y el año pasado tercera en Qatar. Cortemos y abandonemos la cultura del alarido, del golazo, el sí se puede, de la vulgaridad en las tribunas, ideas triunfalistas, por una cultura agonal de lucha y duro esfuerzo.

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