La meta fue el camino
Quiero demostrar que, quien obra con bondady nobleza, precisamente por ello,puede sobrellevar el infortunio. Beethoven La inteligencia, reflexión, preparación académica de Javier Careaga Tagüeña forman la llave que lo ha llevado a abrir las puertas y a penetrar ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Quiero demostrar que, quien obra con bondad
y nobleza, precisamente por ello,
puede sobrellevar el infortunio.
Beethoven
La inteligencia, reflexión, preparación académica de Javier Careaga Tagüeña forman la llave que lo ha llevado a abrir las puertas y a penetrar en los arcanos y honduras del pensamiento humano. El jueves próximo, en Cuernavaca, presenta su libro La meta fue el camino, escrito en prosa sencilla, transparente como el agua. Javier es sensible a los colores de la vida. Posee un don especial para escribir. Ese don se lo dio Dios, lo heredó de su mamá, Carmen, maestra en la Facultad de Ciencias de la UNAM, quien escribe libros de enseñanza científica; de su abuelo, Manuel Tagüeña, Testimonio de dos guerras, historiador que durante la guerra civil española llevó a su familia a Rusia y la trajo a México; ese don lo recibió Maite, hermana de Javier, en su libro que es una lección de vida, de valentía, La amplitud de la vida, ante la proximidad de su muerte. La meta fue el camino es un canto de amor y unidad a su familia, dedicado a sus padres, a sus hermanas, a sus familiares, a su maestra Ana Mary; a la solidaridad, a la fraternidad, a la alegría y sinsabores que da la brevedad de la vida, en el que describe la energía vital y las adversidades que enfrentó en su singular trayecto hacia los JO de Barcelona 92, en los que, por un momento, ocupó el 12 lugar y finalizó en 15 en la prueba 200 m de braza. La laureada escritora Mónica Lavín expresa en el prólogo “…y nos volvió lectores sedientos y emocionados por ese mundo que nos acercó”: tuve la oportunidad de leerlo y lo disfruté a plenitud, me emocioné; leí algunos párrafos con los ojos húmedos; otros, riendo con su afilado buen humor. Javier orquesta a toda su familia ¡a jugar un papel en su preparación a Barcelona! Conocí a Javier, biólogo molecular con maestría en la U. de Boston, cuando él y sus hermanitas Beatriz y Maite eran niños; Beatriz —su Ángel de la Guarda— y Maite desaparecieron físicamente muy jóvenes. Los conocí en el borde de la alberca del Centro Acuático Pedregal (CAP), allá por los 70. Tuve el privilegio y recibí la confianza de que un gran número de familias me confiaran a sus hijos a ser orientados en la natación de competencia. Rompí los moldes del confort social y establecí el rigor agonal. Hablar del CAP es hacerlo de Víctor Kuri y su esposa, Guillermina Dávalos, sus pilares, donde, en un corto periodo, se sembraron semillas de lucha y fraternidad; surgieron nadadores notables como Javier Careaga, Isabel Reuss, Armando Barriguete, Arturo Damm, Marianne Weiland, arquetipos en la pileta y en la sociedad. Aporté mi granito en forma indirecta cuando su mamá, vía telefónica, a mediados de los 80 me habló a Excélsior. Le sugerí que lo llevara con Peter Daland y David Salo, con Los Troyanos de la U. del Sur de California.