Kuri formó una gran familia de nadadores
Víctor Kuri y su familia son personas muy reservadas. Meses antes de que emprendiera el proyecto del Centro Acuático del Pedregal, fui el único invitado a la primera comunión de sus hijos. Me tocó leer unos párrafos de La Biblia. Su esposa, la señora Guillermina ...
Víctor Kuri y su familia son personas muy reservadas. Meses antes de que emprendiera el proyecto del Centro Acuático del Pedregal, fui el único invitado a la primera comunión de sus hijos. Me tocó leer unos párrafos de La Biblia. Su esposa, la señora Guillermina Dávalos, que vivió de niña en Ahuacatlán, Nayarit, tiene la costumbre de colocar, en fechas significantes, una hermosa y pequeña cruz de cristal que emite fulgentes destellos en el blanco mantel de la mesa. Cuando abrieron las puertas del CAP, ambos iniciaron una actividad de colmena en armonía y atención a los nadadores y a sus padres. Más que un centro deportivo-social, crearon una gran familia que, a la fecha, sigue unida.
Contaba con alberca de 25 m, 6 carriles, fosa de clavados y chapoteadores y 4 o 6 canchas de tenis. Un centro del más alto nivel. Invité al entrenador Alfonso Álvarez a colaborar. Años atrás habíamos ido a Las Vegas a la conferencia mundial de entrenadores de natación. Y en el paso por Los Ángeles me presentó a Jim Montrella, quien fuera entrenador de Kurt Krumpholz, un waterpolista que rompió el RM de los 400 m libres en agosto del 72 en 4’00”11.
Durante dos años diseñé los entrenamientos. Empleé la carrera atlética, utilicé La serie de Fibonacci en el programa, así como en el tapering; ejercicios hipóxicos; gradualmente sometimos a los nadadores a intensos esfuerzos que alcanzaron 22 y 24 pulsaciones en seis segundos, el corazón les latía a 230 en un minuto. Se les enseñó a pensar en forma independiente y a luchar sin declinar. Los cronos reflejan respeto. Se lograron resultados trascendentes.
Arturo Damm, Armando Barriguete, Gloria y Yolanda Aguirre, Ivonne Guerrero, Javier y Beatriz Careaga, Marianne Wieland; tantos nombres que desearía escribir, Amada Cadaval, Isabel Reuss. Mi tarea fue de 2 años. Más tarde, Reuss ocupó sexto lugar en el relevo 4x100 m libres en los JO de Moscú 80 (con Dagmar Erdman, Tere Rivera y Hellen Plaschinski, que era del CDI. De Hellen conservo una amable tarjetita), ganó 6 oros en La Habana 82; Careaga ocupó el 12 en Barcelona 92… Se sumaron nadadores: los hermanos Schilling, Jorge Moreno; el explusmarquista mundial Guillermo Echevarría me solicitó colaborar.
Después, Guillermo, con quien llevé una duradera amistad desde 1965, me hizo una pequeña rebelión en Guadalajara porque él era del Club América y se negaba con su grupo, mi grupo, a participar en una comida ofrecida en el Club de las Chivas. Cuántas anécdotas. En todas estas acciones y muchas más la presencia de Víctor Kuri fue esencial. No sólo les brindó un entorno agonal estimulante. Su imagen bondadosa me trae una frase de Harper Lee: “Los ruiseñores sólo se dedican a cantar para alegrarnos”… “No hacen nada más que derramar su corazón, cantando para nuestro deleite”.
