Hilo conector

A unos días del hermoso espectáculo deportivo, el Campeonato Mundial de Atletismo Tokio 2025, con la presencia de los principales astros de la velocidad, la resistencia, el salto, los lanzamientos, reunión agonal del 13 al 21 de septiembre, con más de 2,000 atletas de ...

A unos días del hermoso espectáculo deportivo, el Campeonato Mundial de Atletismo Tokio 2025, con la presencia de los principales astros de la velocidad, la resistencia, el salto, los lanzamientos, reunión agonal del 13 al 21 de septiembre, con más de 2,000 atletas de unos 200 países, un hilo sutil del tiempo conecta en el recuerdo algunos acontecimientos de los Juegos Olímpicos de 1968 con Japón, cuya capital organiza por segunda ocasión el Mundial, Tokio 1991 y el país por tercera vez con Osaka 2007.

La organización obedece al deseo de ser el centro mundial de atracción, conjunción atractiva de la evolución de los récords con la nueva época de la tecnología de las aladas zapatillas —con diversas interpretaciones, algunas contrarias a esta modernidad que con sus mecanismos de empuje en cada zancada despoja y borra de las tablas cronológicas el esfuerzo de grandes campeones del pasado reciente— se suma el interés económico, turístico y, naturalmente, la fascinación y emoción que ejerce la competencia en el ser humano, así como reforzar en la niñez y juventud de la isla paradigmas de emulación de la cultura del esfuerzo y la lucha.

El espectador en general recibe el impacto psicológico de saber algo que no pueden cuantificar de inmediato los ojos, como es el conocimiento de la ruptura de un récord mundial, generador de sorpresa y admiración indeleble por el resto de la vida.

El CM, como lo fueron las copas mundiales o lo es la Diamond League —conservo en la retina del ojo en la I Copa en Dusseldorf 1977 la prueba entre Irena Szewinska y Marita Koch, ambas por debajo de los 50” en los 400 m planos; la repetición, que no debió ocurrir, de los 400m tras la distracción del doble oro olímpico Alberto Juantorena; su victoria en 800 m sobre el keniano Mike Boit, lo que no se presenció y se esperó con tanta ansiedad en los JO Montreal 76; Miruts Yifter, Edwin Moses, Kazánkina, Grete Waitz…—. se originaron y planificaron con el fin de ofrecer un campo de oportunidades con mayor frecuencia y de preparación para la gran fiesta cuatrienal, además de fuente de ingreso crematístico para los atletas.

El sábado anterior se cumplieron 34 años de que el estadunidense Mike Powell rompiera el 30 de agosto en Tokio 91 el RM de longitud que el legendario Bob Beamon, “decidme que no es un sueño”, estableciera en 8.90 m el 18 de octubre de 1968 en CU en los JO.

Cómo vuela vertiginoso el tiempo, hace ya 57 años. Fue en el quinto salto cuando ¡Powell saltó 8.95! en una competencia en la que Carl Lewis acaparaba la atención. Ahí ocurrió algo notable, Powell (que consiguiera 4 oros olímpicos en esta prueba en Los Ángeles, Seúl, Barcelona, Atlanta), en su cuarto saltó, asombró con un brinco fenomenal, como un trueno, pues sacudió las tribunas: ¡8.91m! Un centímetro más que Beamon.

No fue considerado RM porque el anemómetro marcó viento favorable de 2.9 m, más allá del reglamentario de 2.0 m/seg. El salto de Powell, el techo del mundo, fue festejado ensordecedoramente por una multitud en el viejo Estadio Nacional de Tokio 91.

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