Heracliteano juego
El ajedrez rebasa las potencialidades humanas. Es infinito e inasible. Imposible de ser domeñado por la mente humana. Penetrar en el universo escaqueado es una experiencia fascinante con matices diversos, demasiados humanos que van desde el goce intelectual sano a una ...
El ajedrez rebasa las potencialidades humanas. Es infinito e inasible. Imposible de ser domeñado por la mente humana. Penetrar en el universo escaqueado es una experiencia fascinante con matices diversos, demasiados humanos que van desde el goce intelectual sano a una conducta con rasgos obsesivos que pueden alterar el equilibrio emocional, como puede ocurrir y ocurre en otras actividades cuando se pretende aprisionar el conocimiento o destreza con tendencia a la inalcanzable perfección. El ajedrez no hace al humano más inteligente. Posee una llavecita de oro, pensar antes de actuar, que nos ayuda a reducir el espectro de errores en el quehacer diario y en la toma de decisiones. En el último lustro ha evolucionado acaso más que en los últimos 100 años, en un edificio sólidamente construido por estratos científicos, artísticos, económicos, sociales, agonales, comerciales. La influencia de la tecnología con el almacenamiento de millones de partidas en una memoria no mayor a un centímetro cúbico y el engine, módulos de cálculo que pueden clasificar los juegos y analizar millones de combinaciones en un segundo aceleran el proceso. En los 70 había maestros que llegaban a los torneos con una docena o más de maletas con libros y libretas de apuntes en las que tenían sus análisis, realizados con horas de estudio, repaso y corroboración, una y otra vez, en la interminable y cíclica tarea de Sísifo. Los espectaculares sacrificios del genio de Riga, Mikhail Tahl, requerían, cuando menos, seis meses de investigaciones por las mentes más claras para refutarlos o corroborarlos. Hoy, en menos de un segundo, el signo +, - o = y número acompañado de 2/100 permiten valorar, aun para un neófito, las más complejas posiciones. La interpretación es otra cosa. Y aún más complejo es saber el porqué. Se presencia en Singapur el acontecimiento más importante del milenario juego; marca un puente con la modernidad del siglo XXI. El Campeonato Mundial enfrenta a dos prodigios asiáticos: el monarca Ding Liren, 32 años, de China, y el prodigio indio Dommaraju Gukesh, de 18. La lucha multifacética ha recibido un aire renovador de alegría y energía agonal, dos partidas con triunfo y derrota y un empate que no se había dado en los últimos certámenes con abundancia de tablas, si bien de alta calidad, carentes de la pasión que produce la victoria con la amarga experiencia de la adversidad. Defensa y ataque son mecanismos agonales tan esenciales en el combate como la diástole y sístole. Uno de los aspectos de la infinita gama agonal lo dice y explica David Bronstein, al igual que Mikhail Shereshevsky e Isaac Lipnitsky y otros grandes maestros se presenta en el complejísimo medio juego. Como si recibiese aguas heraclitianas, cada posición está determinada por leyes, reglas y principios que no han sido descubiertos ni formulados, por lo cual el ejercicio de hacer una valoración para trazar un plan es imposible. Sumergirse en el medio juego es hacerlo en el infinito. Hay que nadar con imaginación, intuición, creatividad, cálculo preciso, olfato especial que sólo unos pocos poseen.
