Confusión

Si bien es cierto que no existe una definición unívoca de lo que es el deporte, también es cierto que hay una dificultad fundamental cuando, con frecuencia, se confunde el deporte con la educación física o con el ejercicio lúdico. Creer que la obesidad o la diabetes ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Si bien es cierto que no existe una definición unívoca de lo que es el deporte, también es cierto que hay una dificultad fundamental cuando, con frecuencia, se confunde el deporte con la educación física o con el ejercicio lúdico. Creer que la obesidad o la diabetes se pueden curar o atenuar con la práctica del deporte es una aberración. No es esa la finalidad ni el propósito del deporte, como tampoco alejar a los adolescentes, jóvenes, adultos ancianos, hombres y mujeres de las drogas. En este sentido, también la música, la escultura, la arquitectura, la pintura, el estudio de la geometría, de la física, las matemáticas, la panadería, la albañilería, la agricultura, la astronomía y tantas otras actividades poseen la potencialidad de alejar a las personas de las drogas.

Si un niño padece obesidad, si una persona sufre diabetes u otra desea liberarse de un estado de ansiedad, a nadie en su sano juicio se le ocurrirá llevarlo con un entrenador. Primero, ¿será necesario señalarlo?, se debe acudir a un centro de salud, con un médico, dietista, sicólogo. El problema de salud no le corresponde resolverlo al deporte.

El deporte, aunque genere salud sin que sea la panacea, está orientado a la competencia. Y la competencia exige el aprendizaje de técnicas, estrategia, de espléndida condición y forma física, de ensayos, el arte de cómo luchar ante un adversario, técnicas de defensa y ataque, del cumplimiento obligado de las reglas fijadas por las federaciones internacionales, que —acaso el lector esté de acuerdo— ni los gorditos ni los diabéticos necesitan para reducir las lonjas ni disminuir lo dulcecito que corre por sus venas.

Culpar al deporte del problema de obesidad, diabetes y otras situaciones de salud, revela ignorancia. Reflejo de ignorancia era, en la década de los 80, que algunos comunicadores y medios de comunicación hicieran cacería de brujas con los profesores de educación física por los pobres resultados de los Juegos Olímpicos. Deporte y EF son dos esferas distintas, como lo es el Deporte de una Facultad o escuela de Medicina.

Al través de un criterio barato, sin sustento en lo deportivo o en la EF, se confundían, como ahora se confunden y enredan, los niveles de calidad deportiva, la diferencia del esfuerzo, el desconocimiento y criterios de valorarlo, compararlo, medirlo.

Hay tanta confusión y pereza intelectual en nuestro entorno que algunos dirigentes, con el fin de enfatizar su posición política social, han expresado, con igual fuerza y valor: drogas no, deporte sí, o viceversa. ¿Se dan cuenta de la trampa? Lo que desean disminuir, desaparecer o prohibir en lo social lo divulgan a la par. Como si a una adolescente con la idea de llevarla por el camino del virtuosismo o del deporte se le ilustrara detalladamente todas las cosas de lo que no debe hacer.

Un buen entrenador o un buen educador se distinguen del malo o del mediocre en que éste indica lo que no se debe hacer y aquéllos, con pocas palabras, lo que se debe hacer, con precisión. Algunas madres se pierden en esta tarea de lo estéril. El abanico de lo que no se debe hacer se dispara hacia el infinito y las instrucciones se convierten en un inconmensurable chorizo indigerible.

Antes, el deporte se practicaba por placer. En la actualidad, tras de que en 1982 el COI desapareció el vocablo amateur, el deporte lo practican unos pocos por el gusto de competir, de superarse a través de la lucha y por dinero. Los gladiadores no persiguen ni buscan la salud. Saltan a la palestra a romperse el alma por luchar. Éste es el leitmotiv.

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